Cómo convivir con el sentimiento de culpa

Publicado: noviembre 29, 2018 de Cristina Lago en ¿Quieres cambiar? Entra aquí
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culpa

¿Por qué es más fácil cargar con la culpa que pedir perdón?

Culpabilidad: un sentir que sin duda, se reviste de connotaciones negativas. Sentirse culpable es desagradable, incómodo, molesto o doloroso, pero sobre todo, se nos asocia con la impotencia.

Hemos hecho algo y no podemos volver atrás y evitarlo y tampoco podemos resolverlo. Con lo fácil que parece dejar todo en el pasado y dedicarse a ser feliz. Pero no, ahí está la puñetera culpa, que nos recuerda que tenemos consciencia y conciencia.

La culpa de la que voy a hablar hoy, es una de las culpas más comunes y populares. Se trata de la culpa de haber causado daño a alguien, en especial a un ser querido. Es, quizás, uno de las culpas más comunes y populares. Cargamos con ese sentimiento de culpa porque en cierto modo es una  forma de compensar ese dolor que infligimos o creemos haber infligido.

Si pasamos una mala racha o no nos va bien, o tenemos problemas, la culpa nos recuerda que en el fondo nos lo merecíamos. Que no hemos pagado suficientes puntos de karma como para merecer relajarnos y ser felices de una vez.

A veces, ese sentimiento de culpa es tan potente y persistente, que realmente impide que asumamos las buenas experiencias con libertad. Nos llegamos a boicotear. El pasarlo mal deja de ser una circunstancia y se convierte en un destino. Como héroes de la mitología clásica, estamos presos del fatum.

La culpa tiene dos expresiones: la activa, que es el perdón y la pasiva, que es el remordimiento. Pero sentirse culpable es mucho más fácil que perdonar o pedir perdón. Pedir perdón requiere huevos y ovarios y perdonarse requiere evolución y aprendizaje.

El remordimiento no sólo no requiere que hagamos nada de particular, sino que además, la culpa es un sentir aceptable, correcto e incluso popular. Es como si sentirnos culpables fuese la demostración fehaciente de que no somos malas personas, a pesar de haber hecho algunas cosas mal.

Además, hay cierta carga romántica en el sentimiento de culpa. Las historias de ficción están llenas de personajes interesantes de lo más atormentados por cosas que hicieron en el pasado que llenan de sombras sus presentes, pero apenas recordamos narraciones memorables en torno al hecho de dejarse de zarandajas y pedirle perdón a alguien.

Atormentarse además sirve de excusa para un montón de cosas y aunque no es agradable, es cómodo y ya sabemos que en general nos tira más lo cómodo que lo agradable.

La culpa, a veces, parece imposible de resolver. Porque no hay nadie a quien pedir perdón ya o porque los hechos están más pasados que la manzana de Guillermo Tell y no viene al caso. Sin embargo y a pesar de las ventajas de ser un romántico ser atormentado, nos cansamos de sentirnos culpables. Porque la vida cada vez transcurre más rápido, porque perdemos a otros seres queridos, porque nos queda menos tiempo y sentimos la imperativa necesidad de aprender a vivirlo mejor. Y porque sí, nos sentimos culpables porque no somos mala gente y porque es hora de plantearlos lo de intentar ser felices (o por lo menos, estar en paz) de una buena vez.

Entonces empieza lo bueno. Deshacerse de un sentir que te ha acompañado durante quién sabe cuánto tiempo y que casi parece formar tan parte de tu personalidad como tu nariz o tu dedo gordo del pie, no es tan fácil.

La culpa y aquello que la causó, debería ser llamada a examen, como un escolar díscolo que se escapa de clase cada vez que le toca salir al estrado.

Preguntémonos quienes éramos cuando causamos el daño, cómo nos sentíamos, qué nos movía.

Preguntémonos si hay responsabilidad real en nuestra situación. Si realmente esta culpa deriva de una acción nuestra o de un lenguaje emocional que incorporamos desde la infancia.

Preguntémonos en tercer lugar si seguimos siendo los mismos que cometieron el daño. Si hemos cambiado, si esa circunstancia nos ha hecho crecer y ser conscientes de lo que no volveríamos a hacer. O en cambio, si no hemos conseguido avanzar desde ahí.

Por último preguntémonos si está en nuestra mano ponerle solución a día de hoy.

Si no es así, si no hay posibilidad de ser perdonados, necesitamos buscar otra vía. La vía de la redención.

La redención es una forma de compensación que nos aporta un objetivo, no un ejercicio de inútil masoquismo emocional que nos mantiene anclados a las mismas neuras por siempre jamás.

La misión de redimirnos no ha de ser castigarnos a pasarlo mal hasta que estemos tan machacados y heridos que no haya sitio para la culpa, ni para el amor, ni para nada de nada.

Entre otras cosas, porque si estamos fatal, si nos sentimos una mierda humana sin derecho a la vida, no sólo no avanzaremos, sino que nuestra energía no será beneficiosa ni para nosotros mismos, ni para las personas que tenemos al lado.

Como veréis, el camino a la redención es y debe ser muy personal para cada uno. Pero si cargáis con la culpa como una cruz que nunca aligera la carga, si no sabéis cómo dejar de sentiros así, no lo dudéis. Buscad aquello que cree luz en donde antes había oscuridad, aunque ese bien llegue a otros lugares. Pues en todas partes hay heridas, hay dolor, hay tristeza, carencia y necesidad y en todas partes se necesitan personas dispuestas a curar, a aliviar, a dulcificar, a escuchar.

Por cada acción en la que la energía de la culpa se transmute en algo que nos ilumine, vamos a intentar llamar al perdón y dejar que entre en nosotros y encuentre su lugar.

Os resultará mucho más fácil aceptar el perdón hacia vosotros mismos en estos momentos en los que estáis dando. Y con ello, abriréis las puertas para recibir el amor, la alegría y la paz que, aunque no lo creáis, os merecéis.

Quizás la clave final de resolver nuestras culpas resida en darnos cuenta de que autocastigarnos, sólo prolonga el daño que causamos. Y perdonarnos, no sólo es positivo para nosotros, sino también para todos los demás.

Yo no busco la redención de las consecuencias de mi pecado. Yo quiero ser redimido del pecado en sí, o mejor dicho, incluso del pensamiento mismo del pecado. Hasta que alcance ese fin, me sentiré satisfecho de sentirme angustiado.

(Mathama Gandhi)

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comentarios
  1. Aura dice:

    La casualidad (esa que no suele existir) ha querido que hayas publicado esta entrada sobre la culpa y el perdón un día 29/11 y que justo en este día haya hecho un año de mi disculpa más liberadora. Qué cosas…

    Reconozco que siempre he sido una persona lo suficientemente rencorosa como para no aceptar un perdón (al punto de que la máxima “perdono pero no olvido”, en mí era “olvido pero no perdono” porque con el tiempo podía olvidar concretamente lo que me hubieran hecho, pero como recordaba que me habían hecho algo, ya no perdonaba) y también lo suficientemente orgullosa como para no ofrecerlo en determinadas ocasiones cuando hubiera sido lo más correcto. Una joyita, vamos. Pero hasta ahora, solo ha habido una persona, mi ex, en la que la necesidad de pedirle perdón fue casi vital y al mismo tiempo, la “generosidad” de perdonarle cualquier cosa estuvo siempre presente.

    Siempre he considerado que actué así con él porque estaba muy enamorada y seguramente mi dependencia emocional me impulsó a comportarme de manera diferente a como lo podía hacer con cualquier otra persona. Ni siquiera con otras relaciones me había pasado igual. No sé si quizá es porque las circunstancias hicieron que esta última relación fuera muy diferente, si por lo que me ha marcado o no sé. Pero en mi caso, a pesar de que mi comportamiento vino sobre todo dado por el suyo, con lo que él también tuvo su gran parte de culpa (eso lo veo ahora, antes yo me sentía la única culpable del mundo mundial), el sentimiento de culpa por todo el daño que hubiera podido hacerle y por cómo terminamos pesaba tanto que opté sin duda por pedir perdón (él también se disculpó) y eso me liberó muchísimo.

    En fin, que como de todo se aprende, viendo que fui capaz de perdonar y pedir perdón, lo tomé como una lección de vida para tratar de ser más tolerante con los demás. Algo tenía que sacar de bueno en todo esto. Lo que sí me he planteado a veces es si quizá pedir perdón no sea una especie de “acto egoísta” porque supongo que lo que siempre buscamos con una disculpa es poder sentirnos bien y en paz con esa persona. Buscamos nuestro bienestar propio aunque para conseguirlo haya que dar ese paso a veces tan sumamente dificil. Es una forma demasiado retorcida de verlo?

    Un abrazo, locos enamorados, y otro grande para ti, Cristina.

    • Hola Aura! En esencia, todo lo que hacemos es egoísta, incluido pedir perdón.

      El problema en cualquier caso sería si necesitas hacer un mal para estar bien. Si tu manera de estar bien es dar un buen…nada que objetar.

      ¿Y qué tal estás tú? Hace tiempo que no sabía de ti.

      • Aura dice:

        Tienes razón. Es un bien por otro bien. Es una visión más sana de verlo y no tan retorcida como me planteaba.

        Yo voy bien, poniendo en práctica (siempre y cuando la drama queen que llevo dentro me deja) todo lo que he aprendido en este tiempo de duelo y depresión para tratar de estar bien cada día. Y sigo aprendiendo, no hay duda, aunque a veces parece que soy yo misma la que va en busca de la piedra para ver si me tropiezo otra vez y sé qué hacer entonces. Quizá cuento con un gen masoquista en mi adn, porque aún sabiendo que si cortara del todo la relación con mi ex sería más feliz, o al menos viviría más tranquila, aún tenemos contacto, encuentros, etc, etc. Pero sabes? A pesar de lo mal que lo he llegado a pasar, de lo dificil que ha sido todo, creo que a día de hoy ya puedo decir que agradezco esa experiencia por lo que me ha hecho conocerme y evolucionar (cual pokemon, jaja), y que me ha dado la perspectiva suficiente para poder tener la relación que tengo ahora con él sin dejar que me afecte a los niveles que podría haberlo hecho hace un año. Que en algún momento lo paso regular? Mentiría si dijera que no, porque sigue habiendo mucho cariño y eso a veces toca la fibra sensible de los recuerdos, y aunque ya no me sienta enamorada, el ego está ahí (y su vida real con su familia también, las cosas como son). Pero la dependencia que tenía no lo está y eso es un mundo de liberación.

        De todas formas, aunque mantener el equilibrio constante no es nada fácil, cada cual elige cómo recorrer la vida. Por ahora lo sigo haciendo con él rondando de vez en cuando, pero sabiendo que ya tengo las armas que me pueden ayudar a levantarme si me caigo. Supongo que lo importante es no olvidar que están ahí y usarlas siempre. He empleado taaaanto tiempo imaginando cómo podían ser las cosas, sufriendo inútilmente por mis pensamientos, y al final siempre ha sido (casi) todo como menos esperaba, que he optado por lo que tenga que pasar, pasará y ya está. El día de hoy es lo único seguro que hay y vivir sin olvidar que es así, sin adelantarse adivinando/especulando/inventando, lo cambia todo. Lo mismo dentro de unos días te estoy escribiendo en modo drama on y olvidándome de todo lo que estoy diciendo ahora, jaja, pero por lo menos hoy no es así 😉

        Nunca podré agradecer lo suficiente lo que supuso para mí encontrar tu blog cuando más perdida estaba y lo que me reconforta saber que si me desoriento otra vez, puedo volver a buscar el empujoncito entre tus notas. Mil gracias por todo y por preguntar 🙂

  2. Óscar dice:

    Hola Cris! La culpa y los juicios arruinan nuestra vida y la de los demás de miles de maneras, la principal buscando un castigo, “alguien tiene que pagar”. Para mi, el problema de hoy y quizás de siempre es que no somos autocosncientes y al no vernos y no saber lo que queremos, funcionamos por imitación y ya sabes, si un millón de moscas comer mierda…Una sugerencia, no juzgarnos y escuchar al otro, lo desconcertante de escuchar es que todo el Mundo miente, porque es más cómodo, mintiendo no vivió, pero sobrevivió. Un abrazo grande!!.

  3. Fran dice:

    Y digo yo: Porque será que el perdón más difícil de ejercitar es el que tenemos que aplicar sobre nosotros mismos? Porque es más fácil perdonar a otros antes que a nosotros??? Que más da el error o el agravio cometido o recibido ….

  4. Kika dice:

    Buen día querida amiga Cristina como estas? como te preparas para la navidad con tu hijo?

    Yo siento mucha culpa, y quisiera retroceder el tiempo y no hacer lo que hice anoche me dijiste “nada de redes sociales, no llenes vacíos con materia toxica” pues entendí en chino….

    Me metí en la red social del susodicho porque dije quizá por allí deja un mensaje por mi cumpleaños, o por la horrenda fecha en las que nos separamos días después, la muerte de mi padre… (estoy llorando escribiendo esto, sin dar pena) solo me expreso…

    Oh sorpresa me encontré con unas fotos que coloco publicas con su actual “victima” en un viaje las cual titula “me siento genial”…. Yo empecé a llorar como una loca, porque estoy pasando un año mas de duelo que mi papa se me murió y que me separe de el “ex” y el mientras tanto se siente “genial” … Juro por mi vida que es lo que me queda que no debí meterme en su red social, porque el que busca encuentra… Pero ya lo hice… Espero sea ya mi basta y que toque el fondo, espero, por mi bien…

    Me siento horrible, me siento fea y miserable sin nadie, mas que mi familia y sin la opción de un “amor romántico” y de allí fueron mis “celos” el si, que es maltratador, es egoísta, el si merece “amor” yo a cambio veo a mi lado y no consigo nada, mas que a mi misma y mi familia (ojo la cual valoro mucho) …

    Creo fielmente que estoy entrando de nuevo en una depresión, por mi papa, por mi país, por un tipo que pensé que lo que decía era verdad “siempre estaría a mi lado”…y que ya me di totalmente cuenta que JAMAS sabré de el, eso se siente feo, es como caminar en el vacío, porque el si esta vivo, pero nada yo no existo para el

    Hoy tengo ganas de morirme porque veo en el fondo y no consigo ninguna forma para vivir… Y me siento tan ridícula, mucho ridícula…

    Ojala me leas y de nuevo me dijeras algo…

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