Cuanto más grande es tu ira, más grande es tu herida

Publicado: diciembre 7, 2020 de Cristina Lago en ¿Quieres cambiar? Entra aquí
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¿Tienes problemas para controlar tu ira? ¿Sueles soltar lo primero que se te ocurre y arrepentirte después? ¿Sufres la ira de otras personas? Ponte cómodo, que hoy vamos a hablar de ti.

Soberbia, avaricia, envidia, ira, lujuria, gula, pereza. Sin duda, existen unos pecados capitales más simpáticos que otros. Somos definitivamente tolerantes a la gula y a la pereza, por ejemplo. Pero la ira, tal y como ocurre con su asociada, la soberbia, son como las hermanastras malvadas de la Cenicienta: las más insoportables del cuento.

Todos sufrimos los embates de la ira en alguna ocasión. Hay innumerables maneras de gestionarla, pero cuando no sabemos hacerlo, la ira se transforma en rabia y la rabia es un mono con un arma cargada en la mano. No discrimina, no entiende, no razona. Sólo cree en su propia necesidad de herir, porque la ira es una respuesta a una herida. A una herida grande, atemporal, que viene en el código fuente de nuestra psique. De repente, algo roza esa herida. Y saltamos.

De modo que la ira, a pesar de su cara hostil, se encuentra muy cercana al dolor. Sin embargo, cuando una persona se llena de rabia y arremete contra sus semejantes, no sentimos compasión. No es fácil compadecerse de alguien que pierde el control de sí e intenta hacer daño a los demás.

Pero en muchas ocasiones, los ataques de ira son las lágrimas de aquellos que no saben llorar.

No necesitamos suprimir la ira. La ira, como otras emociones propias del ser humano, es necesaria, y si se gestiona con inteligencia, tiene su función y su utilidad. Hay una ira justa, la que nos hace levantarnos contra las injusticias, la desigualdad o el maltrato, contra situaciones que no queremos o debemos consentir. Cuando la ira se maneja de forma productiva, nos permite una de las cosas más sumamente elegantes que podemos aprender en esta vida: a defendernos, sin ofendernos.

Cuando la ira se deja escapar sin control, ni dirección, se convierte en agresividad. Sentimos ira, y como no sabemos defendernos, hablar claro o revindicar nuestros derechos, atacamos ciegamente y sin control, con resultados generalmente desastrosos. La rabia indiscriminada es muy problemática a todos los niveles: tanto en el entorno familiar, sentimental y laboral, como en la salud mental y física. Si lo llevamos al extremo, estar casi de forma constante en un agresivo estado de defensiva contra millones de supuestas ofensas imaginarias, literalmente te destroza el organismo.

¿Qué queremos decir realmente cuando sentimos rabia?

«No sé pedir lo que necesito»

«A menudo hago cosas que no puedo hacer y no sé negarme»

«El mundo debería ser como yo quiero y no como es»

¿Cómo manejar, entonces, la ira, de modo que ni destruya, ni nos destruya? La solución mágica sólo tiene diez letras: A- S- E-R-T-I-V-I-D-A-D. ¿Así de simple? Así de simple. O de complejo.

La maravilla de la asertividad es que nos damos el derecho a expresarnos tal cual sentimos, y somos, sin juzgarnos por ello. Está perfecto si no quieres hacer algo porque va contra tus valores, o te hace sentir mal o simplemente no te apetece en lo más mínimo. Está bien pedir ayuda. Al reconocer estos derechos para nosotros, también se los concedemos a los demás y esto hace que seamos menos proclives a enfadarnos por no ser o sentir lo que nos gustaría o convendría a nosotros.

La primera vez que conocí y entré en contacto con un entorno en el que se practicaba activamente la asertividad como principal forma de comunicación, me resultó algo muy marciano. De repente, me encontraba con un montón de personas que conseguían disentir sin enfadarse, ni arrollarse y que el que se hablaba de todo tipo de emociones y sentimientos con absoluta naturalidad. Era como entrar en una dimensión paralela donde la gente era la misma, pero hablaba en un lenguaje distinto.

Desarrollar la asertividad supone eliminar cosas que llevamos muy apegadas al ego, como el juicio, el prejuicio, la crítica destructiva o la etiqueta moral. Todo un desafío, sin duda. Puede que parezca tan complicado y lejano como perseguir cualquier otro ideal, pero para notar cambios en la manera en la que nos sentimos, simplemente no hace falta más que incorporar prácticas básicas, como las siguientes palabras:

No.

Respeto tu opinión, aunque yo pienso de otra manera.

Lo siento, pero no puedo hacer esto en estos momentos.

Gracias por el ofrecimiento, pero prefiero hacerlo por mí mismo.

¿Podrías ayudarme?

Incorporar expresiones asertivas en nuestra vida cotidiana es relativamente fácil y sencillo. Y sus efectos son rápidos. Una expresión asertiva en realidad nos hace sentir y hace sentir que somos claros, que definimos lo que deseamos y que desde luego, nos respetamos. Es el idioma de la gente que quiere quererse.

Ser asertivo no implica ser una especie de robot emocionalmente plano que nunca reacciona a nada ni con frío, ni con calor. Esta, en todo caso, sería una actitud pasiva, no asertiva y acabaría derivando en esa rabia que estamos intentando aprender a manejar de otra manera. Ser asertivo no es evitar sentir, muy al contrario: es validar la sensibilidad, es validar la tristeza, es validar el miedo, es validar el dolor, y por supuesto, es validar la ira.

Detrás de una persona dominada por la ira, hay una persona perdida de sí misma. El camino para una persona perdida de sí misma, no es tratar de convertir lo de fuera en algo que se ajuste a sus necesidades, miedos o su forma de percibir el mundo. El camino para una persona perdida de sí misma, es volver sobre sus pasos, y hallarse.

Soy la Ira. No tengo padre ni madre y broté de la boca de un león cuando yo apenas tenía media hora de vida. Desde entonces siempre ando por el mundo con esta caja de espadas, hiriéndome a mí mismo cuando no puedo herir a otros.

comentarios
  1. Eso es algo en lo que estoy trabajando seriamente y consiguiento pequeños avances. Soy hija de una madre narcisista, y es muy difícil conseguir cambiar todo lo que aprendiste durante tantos años. Mi manera de hacerme daño, también, es dejar pasar la vida como una ameba, sin reacciones, sin objetivos, sin ganas de nada.

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  2. Leire dice:

    ¿Y cuándo intentas poner en práctica la asertividad y hasta justificas tu noes, pero la otra persona sigue haciendo justo lo que pides que no haga, como si oyera llover?

    «Estaría bien, pero prefiero que no vengas» y viene.
    «Te lo agradezco, pero no hace falta que estés tan pendiente» y te sigue agobiando.
    «En otro momento, ahora estoy ocupada» y olvídate de hacer lo que estabas haciendo.

    Y así todo. Lo explico, justifico mi postura, mi necesidad, intento que me entienda… y nada. Es agotador, frustrante y desde luego saca mi ira más intensa, que encima tengo que tragarme en su mayor parte para no liarla más de la que se la lío.

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  3. Leire dice:

    Pues porque es mi hermana, pero se cree mi madre. Difícil «deshacerse» de esa relación.

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    • No te mates en explicarle cosas que no va a entender, porque seguramente actúe de manera compulsiva y no se controle.

      Pon límites físicos (si intenta ir a tu casa, haz que no estás, si te llama por teléfono, no lo cojas, etc…)

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    • Mercedes dice:

      EXCEPCIONAL. La ira … es un tema que me preocupa, porque me hago y nos hacemos daño, porque impide toda comunicación.

      ASERTIVIDAD. He dejado anotadas muchas de tus frases para insertarlas en mi vida

      Me ha encantado y me parece que ahora mismo, de gran utilidad.

      Muchas gracias,

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      • Hola Mercedes,

        El manejo de la ira es una habilidad emocional importante y este año, que todo está mucho más crispado, es tiempo de practicarlo.
        Abrazos y me alegro que te haya gustado el post.

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  4. Maria dice:

    Buenas, Cristina :
    Conozco a una persona así y, en su caso, se trata de una persona con muy baja autoestima, caprichosa y en muchas ocasiones, envidiosa. No encuentra su lugar en el mundo, nunca está contenta y en la familia siempre nos dirigimos a ella con mucho cuidado, se vaya a enfadar. Con el tiempo hemos aprendido (más o menos) a tolerarla porque sabemos que tras esos desplantes o palabras poco amables se arrepiente y ella también lo pasa mal y sufre. A veces no sé qué pensar. No sé si comprenderla y aceptarla cómo es y quererla o admitir que es una persona egoísta que solo quiere ser el centro de atención. Desde pequeña era así, caprichosa y ninguna tolerancia a la frustración. Había que hacer lo que ella quería y así se ha criado. Hasta el marido y su madre la trataban como a una niña pequeña porque era lo que ella demandaba con su actitud . ¿Tú qué opinas, Cristina? Es un caso de egoísmo puro y duro o subyacen traumas o problemas emocionales? Gracias!

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    • Hola María,

      La sobreprotección sin duda anula e incapacita, aunque todas las personas al llegar a nuestra vida adulta, tenemos la facultad de escoger otros caminos. Del mismo trauma pueden salir muchas opciones distintas. En este caso que comentas, se trata de una persona que ha decidido vivir en su patrón disfuncional a pesar de los problemas que esto le acarrea y que al parecer, tiene un entorno que la sigue protegiendo y consintiendo. Si quieres ayudarla, además de aceptarla como es (básico), ponle límites. No le gustará, pero le vendra mucho mejor que todos esos cuidados y consideraciones que tenéis para no ofenderla y que flaco favor le hacen a una personalidad tan malcriada. En cualquier caso, y aunque todos tenemos opción de cambiar, hay personalidades inaguantables y negativas en casi todos los sentidos, que no hay necesidad de soportar.

      Abrazos

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      • Anónimo dice:

        Muchas gracias, Cristina. Efectivamente, es curioso cómo las personas, aun a sabiendas del daño que hacen y que se hacen a ellas mismas, no están dispuestas a cambiar y se adaptan a unos patrones de conducta egoístas esperando que cambien los demás por ellas. Por tu comentario compruebo que has intuido perfectamente de qué tipo de persona se trata. Un abrazo.

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  5. Marina dice:

    Hola Cristina y gente :
    Estoy de acuerdo que estas personas sufren mucho pero no tanto en la solución. Una persona afectada por un problema de ira incontrolable e imprevisible es intolerable y al final sólo puedes salir corriendo y no mirar atrás.
    Tuve una pareja con este problema, leí todo lo habido y por haber al respecto del control de la ira. Esta persona explotaba por cualquier nimiedad, se enfadaba a unos niveles exagerados insultaba, desaparecia por días y días y luego volvía como si tal cosa en plan desenfadado y divertido sobre todo por no entrar en admitir su error o disculparse. Por supuesto se le había pasado, pero tenía razón.

    La asertividad con una a persona se tiene cuando ambos sois capaces de discutir sobre un asunto de forma razonable, yo quiero esto o aquello, lo siento mucho eso no me parece bien, ect ect

    Con un iracundo solo cabe darte la vuelta e irte a la primera muestra de explosión,como cuando se repente empiezan a caer gotones a tu lado, así te ahorras parte del chaparrón. Porque parte siempre te va a caer hasta que puedas refugiarte. Con personas así no se puede vivir.
    Aconsejo a quien esté con una persona así con o sin violencia física que salga disparado a la primera ocasión, sin esperar a una segunda, porque si no habrá una tercera, una cuarta…

    Un saludo a todos

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    • Hola Marina,

      Cuando ya el tema de la ira se vuelve tan patológico, entramos en otros terrenos… Nadie está aquí para ser el punching bag de nadie. Y las rupturas son muy instructivas en estos casos.
      Abrazos!

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