En defensa de la verdad

Publicado: junio 21, 2020 de Cristina Lago en ¿Quieres cambiar? Entra aquí, Otras reflexiones
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La verdad es la más temida de las fuerzas revolucionarias (José Ingenieros)

¿Qué es la verdad? ¿Sólo existe una verdad? ¿Es posible que existan tantas verdades como personas en el mundo y todas ellas sean igualmente válidas?

La verdad viene con nosotros desde la infancia.

Los niños nacen con superpoderes: el superpoder de vivir el presente, el de conectar con la vida y el de aceptar las cosas tal y como son. Estos espléndidos poderes empiezan a ser concienzudamente alterados y destruidos a medida que el niño se va haciendo adulto y abandona lo que es, para intentar convertirse en lo que debe ser.

Con un poco de suerte y tras años, décadas o una vida entera batallando entre mil contradicciones (lo que es y lo que debe ser rara vez coinciden), estos adultos se dejarán una buena pasta en miles de charlas, terapias, talleres, cursos y búsquedas esotéricas con el fin de recuperar los superpoderes que ya tuvieron sin esfuerzo alguno desde que nacieron.

(No digáis que no es una idea colosal para la película de superhéroes más existencial de la historia, con permiso de Unbreakable)

También en la infancia empezamos a practicar ese viejo juego de arrojar piedras al río para contemplar las ondas concéntricas, que se expanden bellamente y desaparecen tan rápido como la mayoría de los milagros. Os invito, ahora que estamos en época de salir otra vez y disfrutar de la naturaleza, a volver a practicar este juego. Arrojas la piedra al río y aparece un círculo concéntrico. Tú crees que eso es todo, hasta que aparece otro círculo aún mayor. Vuelves a creer que la cosa ha finiquitado, pero entonces, se abre y se expande en un nuevo círculo. Este juego es una perfecta descripción de la verdad.

¿Qué es la verdad? Básicamente, la verdad es una percepción. Toda percepción puede expandirse. Cuanto más grande sea la piedra -cuanto más abierta la mente- más se extenderán las percepciones y al extenderse las percepciones, podremos entender que nuestras verdades anteriores eran mucho más pequeñas de lo que creíamos. Esto es cuando uno se asombra, se da una palmada en la cabeza y dice ¿por qué no me habré dado cuenta antes? Tal cual.

Por supuesto, existen tantas verdades como personas hay en el mundo y es más, dentro de cada persona conviven y surgen muchas verdades a medida que va viviendo. Y todas son válidas hasta que surgen nuevas verdades que invalidan las anteriores.

Entonces ¿en qué se diferencia una verdad limitada y pequeña, de un autoengaño? Bueno, se puede resumir en que el autoengaño es como ir al río, tirar la piedra, cerrar los ojos y salir pitando.

El autoengaño es un mecanismo de supervivencia que puede tener ciertas utilidades. A veces es una herramienta para conseguir ciertos objetivos que de otra manera, nos costarían el doble. El autoengaño es jodido cuando se convierte en una forma de afrontar la vida, porque es vivir mintiéndose a uno mismo constantemente, con el terrible desgaste que esto supone.

Autoengañarse como forma de existencia es conducirse a uno mismo por un estrecho desfiladero en el que cualquier paso en falso nos podría precipitar cruelmente en el abismo oscuro de la verdad. Por  supuesto, no es fácil distinguir el autoengaño de MI VERDAD.

Pero hay una pista formidable para ello: si estás en una situación que te genera sufrimiento y te tienes que contar milongas para seguir allí, te estás engañando a ti mismo. Estás diciéndole a tu cabeza que te cuente algo que tu cuerpo, tus emociones, tu corazón o tu alma, te desdicen a grito pelao.

El autoengaño es algo tan natural y fácil, que parece que lo llevásemos de serie, pero no: la verdad es mucho más innata, pero enseguida acaba sepultada por millones de otras cosas que nos exigimos para encajar, para ser supuestamente felices, para lograr determinados éxitos sociales o para satisfacer las carencias que ya todos conocemos.

La primera vez en la que uno da un paso al frente y decide decirse la verdad, su verdad, es difícil de describir. No es una gesta espectacular. No hay espectadores. Desde fuera, probablemente no se note. Es la victoria en una lucha silenciosa que sólo tiene lugar en el coliseo íntimo de nuestras cabezas y que es tan tremendo para nosotros, como invisible para el resto.

Por lo general, decirse la verdad conlleva desapegarse de una idea, de una persona o de una situación que creíamos necesaria para nuestra subsistencia. Es por ello, que a veces, el acto de ser honesto con uno mismo, es de los más desafiantes que existen. Nada es tan díficil como no engañarse, decía Wittgenstein, porque el autoengaño al final son las cómodas paredes de una realidad que creemos poder entender y manejar y en el momento en que salimos de allí y nos contamos la verdad, salimos a territorio desconocido.

Quizás os preguntéis, en este punto de la historia, qué ventajas tendrá exactamente eso de decir la verdad.

Ventajas, una entre todas ellas: la libertad no es posible sin la verdad. Y nosotros tememos la libertad, porque está en contraposición con la seguridad, pero al mismo tiempo la deseamos, porque está mucho más alineada con la felicidad. ¡Pura contradicción!

Una vez perdemos el miedo escénico a contarnos verdades, no es tan fiero el león como lo pintan.

Nos vamos deshaciendo de esa necesidad de ser cosas que no somos, lo cual ya de por sí, es una gozada. Nos deshacemos de los roles que nos hemos impuesto, lo cual nos abre nuevas e infinitas posibilidades. Sentimos alivio, pues nos liberamos de la necesidad de sostener luchas absurdas por alimentar un autoengaño que ni siquiera nos aporta grandes alegrías y que además nos ancla a vidas muy empobrecidas, limitadas y por lo que es peor, bastante aburridas.

En definitiva, uno no gana gran cosa con la verdad: simplemente pierde un montón de cosas que no necesita.

Decirse la verdad no es sólo tirar la piedra y observar las ondas concéntricas: es despelotarte y tirarte al río.

La verdad es, en sí misma, la puerta que se abre a poder vivir el presente, conectar con la vida y aceptar las cosas tal y como son. Por eso, si necesitáis escoger uno sólo de los superpoderes que tuvisteis de niños, no lo dudéis por un momento y recuperad el de ser sinceros con vosotros mismos. Tantas veces como ondas concéntricas existan en cualquiera de vuestros ríos.

comentarios
  1. lauraclaisen dice:

    Chapó!!! Gracias una vez más.

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  2. Juan dice:

    Interesante reflexión sobre la verdad, Cristina. ¿Qué es la verdad? le preguntó Poncio Pilato a Jesús y este no le contestó…

    Sobre lo que dices de que la verdad es una percepción y hay tantas verdades como personas, me permitirás que te matice. A mi entender hay diversos niveles de verdad. La verdad es una, pero cada cual la ve dependiendo de la posición que ocupa en el mundo o en la vida. Y obviamente el mundo y la vida dependen del mapa mental de cada dual. Por ponerte un ejemplo físico para que se entienda lo de los niveles de verdad. Imagina un altercado callejero con una riña entre personas. El hecho es uno: la riña. Pero el que está a pie de calle a 5 metros, lo ve de una manera. El que está en el balcón de su casa a 100 metros lo ve de otra. Y la policía desde un helicóptero, de otra.

    Y lo del autoengaño que también tratas es brutal. La vida está llena de prisioneros de su propias mentiras que no desean dejar de contárselas a sí mismos o no quieren reconocerlas. Si lo hicieran serían libres. Pero ahí fuera hace “mucho frío” y sienten mucho miedo a morir de frío.

    Recibe un saludo cordial.

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  3. Nuria dice:

    Que complicado de afrontar, tantas veces estás viendo que las cosas no cuadran, si dices es porque es frío, es porque las cosas no le van bien y está un poco depre, es porque cada relación es diferente.
    Nunca he creído que me auto engañaba pero lo cierto es que me sé este blog de pe a pa. No creo que si todo hubiera ido bien o por lo menos normal me habría hecho falta.
    Al final en el enésimo sentirme poco querida, en tragar con más excusas, y ver que por más que te doren la píldora, sigues sin poder tragarla…
    También hay mucho engaño por la otra parte, no seguiría conmigo si no me quisiera, y es muy complicado distinguir la verdad cuando la otra parte a pesar de no demostrar nada, es capaz de lo que sea por conservar la relación y tu te dices si lo dejo parece que es lo peor que le puede ocurrir pero si estoy apenas se le ven ganas de nada conmigo.
    Lo he dejado hace varios meses, después de siete años de relación con muchos vaivenes, increíblemente me siento con una ausencia muy grande de sentimientos, me ha dolido poco, no tengo esa sensación que comentas de libertad, también era libre antes, no me iba porque no quería porque le quería y ahora que siento que ya no le quiero, me he ido y me duele más por él… Pero a veces pienso si no sentirá lo mismo que yo, que la verdad es bien poco. O si más tarde sentiré el dolor o si solo era dependencia. Es difícil ver la verdad, me gustaría decir esto es la verdad pero si le preguntáramos a él, quizá diría siempre has sido exagerada, esto no fue así fue asá, parece mentira que pienses eso. En fin no sé si hay una verdad.

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  4. Lia dice:

    Fantástica entrada, Cristina. Me parece genial que toques este tema. Demasiadas veces nos mentimos y autoconvencemos para seguir en algo que, al final, es solo un refugio de seguridad aparente. Yo me mentí mucho durante una relación que tuve y, como tú dices, cuando dejé de mentirme nadie vino a aplaudir… fue una victoria solitaria, invisible. Pero me llevé algo que yo aprecio mucho: una sensación de paz interna, de coherencia y amor hacia mí misma. Eso me ha permitido RELATIVIZAR ese punto de vista catastrófico hacia las rupturas que tenía y echarle a la vida más coraje para aceptar las cosas como son. Así que sí, puedo decir que algo he recuperado de aquella niña que fuí. Un abrazo

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  5. ROSCU dice:

    ¿Como puedes ser tan genial? Didactica, realista, practica y muy divertida …INCREIBLE!!!

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  6. Toroloco dice:

    Es un placer leerte. Lo que es VS lo que debe ser… increíble como una frase tan corta puede dar tanto en lo que pensar.

    Y si, cuando reúnes el coraje de quitarte las máscaras, detenerte en medio de la nada… solo… vacío… desnudo de mente… tu contigo mismo, tu respiración, la temperatura, tus sentidos, sintiendo el aire en tus dedos, oyendo tus latidos y consigues sentir que ‘eso’ es mentira, que no lo necesitas y que tu mismo te auto-saboteas para retenerlo es de lo mas liberador que se puede experimentar…

    Gracias por esta entrada, grande Cristina!

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  7. María dice:

    Hola Cristina. Bonito texto y muy certero, al menos por mi experiencia. ¿Te gusta la filosofía? Me ha parecido, ya que nombras a Wittgenstein, aunque pensaba que te inclinabas más por autores que abordan asuntos desde la espiritualidad. Yo prefiero la filosofía. No sé qué piensas y si crees que leer a filósofos nos puede ayudar en el camino del descubrimiento….. de la verdad. Aprovecho para pedirte alguna recomendación de algún filósofo. Muchas gracias. Te sigo leyendo.

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