La pareja pasivo-agresiva

Publicado: enero 14, 2021 de Cristina Lago en Los amores patológicos
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¿Recordáis la vieja anécdota de la mujer que se encuentra a su marido en la cama con su mejor amiga y él le dice: no cariño, no es lo que parece? Eso es un pasivo-agresivo.

La pareja pasivo-agresiva vive eternamente desencajada. Son personas que tratan de manejarse en vidas y relaciones adultas, con recursos emocionales que no han tenido evolución alguna desde la más tierna infancia. Su mundo emocional es muy subdesarrollado y se ha quedado atrapado en el quiero, tengo derecho, todo el mundo tiene que complacerme y si no, me enfado y no respiro. Donde el adulto aprende a manejar la asertividad, la capacidad para poner límites, la tolerancia a la frustración y el sentido de la responsabilidad en la relación con su entorno, la persona pasivo-agresiva lo sustituye por caos, chantaje emocional, victimismo, manipulación, pataletas y necesidad de conseguirlo todo al instante a costa de lo que sea.

Todos podemos utilizar mecanismos de defensa pasivo-agresivos cuando nos encontramos con determinadas situaciones. Un sencillo ejemplo: cuando le prometemos a alguien que vamos a ayudarle y luego nos escaqueamos con excusas porque en el fondo lo hemos hecho para quedar bien, y no porque realmente tuviéramos ganas de echarle una mano. La persona pasivo-agresiva utiliza este tipo de estrategias constantemente. No es un quiero y no puedo. Es un puedo y no quiero, pero haré como si quisiese para que no me des el coñazo y al final no haré nada, para que te des cuenta de que yo no hago nada que no quiero. Porque como decía Alaska: yo soy así, y así seguiré y nunca cambiaré.

Y efectivamente: el pasivo-agresivo rara vez cambia, pero quien cambia – y mucho – es la persona que lo sufre.

Prometen y no cumplen. Abundan en palabras y escasean en hechos. Son los maestros en empezar cosas que no acaban y en el pecar por omisión. Y como su máxima es el no hacer, creen que en efecto, no están haciendo nada…malo. Como si la negligencia, el ninguneo o la dejadez no fueran un problema.

Es fácil anticipar que la convivencia con alguien de este tipo de personalidad, es una constante suma de desplantes silenciosos, despropósitos y sabotajes a cualquier intento de establecer una dinámica adulta normal, ya que las creencias inconscientes con alguien que padece este problema serían las siguientes:

  • Soy débil. Debo encontrar a alguien que me cuide y me proteja.
  • Que me cuiden y me protejan me causa agobio y me hace sentir que me están controlando.
  • Como me siento controlado, huyo.
  • Como al huir me siento desamparado y solo, regreso o busco otra relación inmediatamente.

La traducción de estas creencias es un vínculo afectivo de una ambivalencia imposible… e insoportable. No hay términos medios. Un día te quiere, al siguiente no existes, otro día eres el enemigo público número 1 y el día después no pueden vivir sin ti. Si resistes todo esto manteniendo la cordura – y el cargamento de manipulaciones, mentiras y chantajes que lo acompañan – estarás perfectamente entrenado para la presidencia de una república bananera o para infiltrarte en ISIS. La relación con un pasivo-agresivo es como una escuela de guerra: pero en lugar de defender un país, lo que estás defendiendo es tu cabeza.

¿Estás en una relación pasivo-agresiva y no logras entender porqué permaneces ahí? ¿No quieres dejarlo, pero quieres averiguar cómo hacer para no sufrir?.

En primer lugar, vamos a ver cuál es el perfil que más suele encontrarse al lado de una persona pasivo-agresiva. ¿Quién va a cuidar, aguantar y proteger a un niño malcriado y egocéntrico que no respeta los límites de los demás y además llevarlo con resignación, como una cruz que le ha caído encima y de la que no se puede librar? Elemental, querido lector: alguien que siente, en lo más profundo de sí, que sus necesidades y deseos no son importantes y que debe complacer a los demás para ganarse su derecho a ser amado. En definitiva: un co-dependiente.

Si estás en una relación de este tipo y para sostenerla has de anularte como persona, negar lo que sientes, aceptar unos valores y creencias completamente distorsionados y abandonar cualquier límite hacia tu dignidad o tu respeto personal, es recomendable buscar ayuda y apoyo externo. A partir de un tiempo involucrados en estas dinámicas, los co-dependientes aprenden a dudar de sus propias percepciones, que son constantemente cuestionadas de las maneras más absurdas. Es enredarte en discusiones bizantinas donde tú defiendes que el cielo es azul, el otro te dice que es rojo y para seguir con la relación, acabas dándole la razón y peor aún, creyendo también que el cielo era rojo. Locura a dúo.

Una persona pasivo-agresiva, aunque en apariencia pueda manejar un entendimiento teórico de lo que implica una relación de pareja, no es capaz de llevarlo a la práctica. Sus mecanismos de defensa son muy rígidos y sus acciones revisten un carácter compulsivo similar a los que padecen las personas con TOC. Al tener tan poco desarrollo de sus capacidades emocionales, necesitan sustituir sentimientos y sensaciones con impulsos y emociones, de modo que a su problema de base, suelen sumarse diversas adicciones; a través de las cuales obtienen el estímulo del que carecen en su vida cotidiana.

Si eres co-dependiente de una pareja de este tipo y lo que deseas es seguir con la relación sin perder la cabeza en el intento, deberás trabajar en estos puntos:

  • Acepta que tu pareja tiene una conducta patológica. Si te es más fácil, piensa que tiene una discapacidad emocional.
  • No integres el mundo mental o emocional de tu pareja como propio. Cree en tus valores y referentes, no en los suyos, que están distorsionados por su trastorno.
  • Pon límites.
  • Asume que tu compañero/a nunca asumirá la culpa o responsabilidad de nada de lo que suceda. La culpa siempre será tuya: por controlarle, por no aprobar sus comportamientos, por poner límites, por no darle lo que quiere…Siempre echará balones fuera.
  • No te niegues: no eres dependiente por querer una relación sana y normal donde tus deseos y necesidades también cuenten. En todo caso, serías dependiente por aguantar en una relación donde se te priva de algo tan básico.
  • Entiende que estás con alguien emocionalmente discapacitado para tener en cuenta dichos deseos y necesidades.
  • Cuida de ti mismo: recurre a tu familia y amistades, no te aísles, regálate atenciones y cuida de tu crecimiento personal y tus proyectos, no te absorbas en la relación esperando algo que no va a llegar.

¿Mejorará la relación de pareja haciendo todo esto? Es improbable. Pero del otro modo, tampoco lo hará. Si pones límites, se volverá loco, si no los pones, el que te volverás loco serás tú.

¿Hay alguna posibilidad de cura o cambio para la persona pasivo-agresiva? Existen terapias especializadas en tratar este tipo de trastorno, y pueden dar un resultado favorable, pero exigen lo que es más difícil para estos pacientes: continuidad, implicación y compromiso con la terapia. En cualquier caso, que la persona pasivo-agresiva reconozca el problema en lugar de responsabilizar a otras personas, es un gran paso adelante.

¿Y SI YO SOY LA PERSONA PASIVO-AGRESIVA?

Si tienes consciencia de estar manteniendo una serie de conductas que sabotean tus relaciones, si estás cansado de fracasos, rupturas y vínculos disfuncionales y además eres capaz de darte cuenta de todo esto sin culpar a tus parejas, amigos o compañeros, ya has empezado en el camino a la solución. Deberás trabajar con denuedo la asertividad, que será tu mejor aliada. También deberás aprender a relacionarte desde la igualdad y el compañerismo, no desde la seducción o el control. Te beneficiará mucho aprender a practicar la escucha activa, que te servirá para abrir el acceso a otros mundos aparte del tuyo. Y te será de utilidad todo lo que implique meditar, tomar consciencia del momento presente, no perderte en mil actividades improductivas para matar el rato y encontrar aficiones y ocupaciones que realmente te llenen y te ayuden a disfrutar de las ventajas de comprometerte con lo que haces.

En conclusión: no estamos en este mundo para sufrir, devaluarnos o sacrificar nuestra autoestima en el altar de ninguna relación abusiva. Tanto unos como otros, debemos evaluar que nos hace desgastarnos en vínculos improductivos que no nos ayudan a crecer, de modo que podamos escoger con discernimiento la realidad que deseamos experimentar. Tanto para pasivo-agresivos, como para sus parejas, la cura empieza por dejar de esperar que el otro cambie y dar un paso al frente, decididos a crecer.

Os comparto una anécdota: en mi research para este artículo, hablé con un psiquiatra que se dedicaba a terapia de pareja y le pregunté cómo sabía él distinguir entre un cónyuge manipulador y el cónyuge normal. Él me respondió: los escucho a los dos. Uno está alterado. Es el normal. El que está tranquilo…suele ser el problemático.

La madurez es la capacidad de hacer lo que está bien, aun cuando los padres lo recomiendan (Paul Watzlawick)

comentarios
  1. Maria Rodriguez dice:

    Hola Cristina,

    Que tal? Como va todo?
    Feliz año! Que sea un año lleno de calma, amor, Salud y normalidad.

    Te escribo por si puedes recordarme cómo funcionan tus consultas y las tarifas.

    Gracias.

    María

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  2. Ángel dice:

    Hola Cristina, increíble, has retratado a la perfección a mi ex-pareja pasiva-agresiva!!! Así fue el infierno que viví tras sufrir un montón de vejaciones y técnicas manipuladoras que he ido descubriendo después del descarte. Voy a mencionar algunas de ellas para compartirlo contigo y con otras personas que estén pasando por lo mismo y así les permita entender un poco mejor a estas personas trastornadas y manipuladoras.

    En primer lugar, estas personas inmaduras solo ven las cosas en blanco o en negro, para ellos los tonos grises no existen. O estás conmigo o contra mí, no hay término medio. Y claro con esos pensamientos tan rígidos el conflicto está servido día sí y día también.

    ¿Y cómo es el conflicto con esta gente? Pues es una guerra fría en la que la ley de hielo o el método de hacerte el vacío es su modus operandi habitual. Cuando se enfadaba por algo no te lo transmitía hablando como una persona normal, se lo guardaba y, cuando a ella le parecía, te dejaba de hablar o te dejaba en visto en el whatsapp. Yo no entendía nada e iba detrás de ella a ver qué es lo que le ocurría y por qué me había dejado de hablar.

    A veces eran unas horas de desaparición pero otras veces eran varios días. Y tú ahí estabas todo ansioso dándole vueltas a la cabeza de lo que podrías haber dicho o hecho para molestarle. Cuando a la “ofendida” se le pasaba el enfado entonces te contestaba diciendo que efectivamente se había enfadado y que por eso me había dejado de hablar.

    ¿Y por qué se enfadaba? Por un montón de sucesos inocuos para cualquier otra persona. Según ella si no le presentaba a un amigo era porque la minusvaloraba y la escondía. Si no le había hecho todo el caso que ella demandaba era porque no la quería o pasaba de ella. Si miraba el móvil era porque le estaba poniendo los cuernos con alguien. Era un completo sinsentido constante que casi me vuelve loco porque los co-dependientes tendemos a auto inculparnos de comportamientos normales que la otra persona nos hace ver como defectuosos.

    Cuando le recriminaba ese comportamiento entonces ella usaba otra técnica manipuladora, la luz de gas. Obviamente yo estaba muy molesto con ese comportamiento y le decía que eso no era manera de resolver los problemas y que lo mejor era tratar los temas hablando. En mi opinión hacer eso era castigar y maltratar a alguien que supuestamente quieres y le ponía siempre el mismo ejemplo, te gustaría que tu hija o tu madre hicieran lo mismo contigo?

    Por supuesto, no solo no me respondía con claridad a la pregunta sino que no se responsabilizaba de ese comportamiento y, es más, le daba la vuelta a la tortilla y decía que no me había dejado de hablar por castigarme sino porque necesitaba tiempo para pensar. “En esos momentos no estoy pensando en tí, solo estoy pensando en mí”, me decía. A pesar de que le puse límites y le dije que no lo volviera a hacer nunca más, los traspasó una y otra vez al ver que yo se lo permitía en aras de un “cambio” que nunca llegó. Ella nunca aceptó que eso era maltrato sino que era su derecho para evadirse y pensar. Y eso es precisamente la luz de gas que mencionaba antes, te hacen dudar de tus percepciones para que te vuelvas majara aun sabiendo que te están haciendo mucho daño.

    Yo creo que, en el fondo, estos seres disfrutan haciendo daño. Les pone verte hecho un manojo de nervios porque así se sienten más importantes que tú y su ego sale reforzado, aunque en el fondo son unos pobres diablos.

    Usó también conmigo la proyección, es decir, aquello que ella hacía me lo enjaretaba a mí. Por ejemplo, por visitar a mi familia y amigos (ella casualmente casi nunca podía acompañarme porque siempre estaba muy ocupada) me dijo que estaba enmadrado cuando resulta que ella vive a 100 m. de la casa de su madre y va a comer allí todos los días laborales y el domingo hacen la paella. Además en cuarenta y muchos años jamás ha salido de su pueblo excepto para ir a estudiar a la universidad.

    Por contra yo he vivido en varias ciudades españolas durante varios años y actualmente vivo a 70 km de mi familia de origen a la cual voy a ver una vez cada 15 días. Por sus comentarios sarcásticos si hubiera sido por ella no hubiera ido nunca, de hecho yo creo que hasta le molestaban.

    Son personas súper egoístas y egocéntricas. Solo cuentan ellas y sus circunstancias y no tienen en cuenta ni tus necesidades ni tus deseos. Te tienes que amoldar a ellas al completo sino ya sabes lo que te espera: enfado, ley de hielo, luz de gas y devaluación. Y vuelta a empezar el ciclo del abuso.

    Y ya para acabar, aunque estaría toda la tarde describiendo comportamientos dañinos y abusivos, son seres muy crueles y vengativos. Me dejó en plena pandemia del coronavirus y por videoconferencia. No tuvo ni la sensibilidad de hacerlo presencialmente antes o después del confinamiento. Y lo hizo además en un momento mío de máxima vulnerabilidad ya que había enfermado por el estrés que había sufrido durante los tres años de “relación”. No tuvo piedad y me devaluó como si fuera un trapo sucio que echas a la basura.

    Todo el amor y el apoyo que le di, además de un montón de favores personales, no tuvieron ningún peso al final. Intenté hablar con ella y negociar lo que habría que cambiar para que la relación funcionase pero fue imposible. Todo era por mi culpa y todo lo había hecho mal. Y por eso merecía el descarte.

    Mi consejo para el/la que esté viviendo algo similar es que salga corriendo de ahí sin mirar atrás. No van a cambiar NUNCA. Asumir que os habéis equivocado de pareja y escapar de una persona que os va a maltratar y a devaluar. Si algo he aprendido de esta experiencia es que estas personas están trastornadas y no saben amar. Ahora nuestro trabajo es aprender a amarnos más y mejor para no permitir jamás este tipo de comportamientos abusivos de nadie.

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    • Hola Angel,

      Muchas gracias por tu testimonio, son vuestras historias las que enriquecen estos contenidos.

      Aunque yo he descrito la conducta pasivo-agresiva como un problema en sí mismo, realmente suele ser más una manifestación de otro tipo de trastornos. Por ejemplo, una persona adicta (un alcohólico, un drogadicto) es muy proclive a la manipulación pasivo-agresiva, aunque en un estado normal no detente estas conductas de una manera tan acentuada. Sin embargo, a menudo la conducta pasivo-agresiva acompaña a personalidades narcisistas, histriónicas, límites o psicopáticas, como ocurría con tu ex pareja.

      Son relaciones muy complicadas salvo que uno practique amor incondicional nivel Jesucristo.

      En cualquier caso, recordar que todas estas historias, por difíciles y dolorosas que resulten, pueden ser capitalizadas en importantes aprendizajes. Si pasaste por ahí, aguantaste y sufriste, necesitabas resolver tu propia herida, dar valor y fuerza a tus convicciones y a tus necesidades. La toxicidad de la relación es directamente proporcional a la profundidad de esa herida.

      El co-dependiente tiene el don de la empatía: esto le permite evolucionar, madurar y sanarse. Que esa misma empatía te ayude a mirar, algún día, con compasión a esta persona que a fin de cuentas, es la peor enemiga de sí misma.

      Abrazos y mucho ánimo en tu recuperación.

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    • Óscar dice:

      Aprendizaje amigo Ángel. Solo eso. Deja el victimismo tan comprensible desde el dolor y cambialo por maestría. Y no te preocupes, si no aprendiste nada o no lo suficiente, encontrarás otra persona con comportamientos muy similares a esa mujer. Y si no es suficiente, otra…y así hasta que dejes de culparte y dejes de ser “tan bueno” con personas que no lo merecen y “tan cruel” contigo. Lo que cuentas es clavado a lo que me ocurrió a mi, Cris lo sabe bien. Saldrás del sueño de salvador y “demostrador de buena fé y bondad” y empezarás a responsabilizarte de ti, dando solo a personas con las que te sientas bien o muy bien, no a seres vacíos que jamás comprenderás del todo y jamás verán tu luz, NI FALTA QUE HACE. Un abrazo. No estás solo. De Óscar, de víctima a maestro, de “bueno” a “pleno”, de dar solo a dar y recibir. Cristina te puede ayudar mucho porque te hará ver lo que tu sabes y no quieres ver. 😉

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      • Ángel dice:

        Gracias, Óscar. Espero aprender de esta dura experiencia y cambiar mi comportamiento afectivo, por la cuenta que me trae! Un abrazo 🤗

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    • Saya dice:

      Exactamente lo mismo que me está sucediendo a mí desde hace dos años que llevo con esta persona.
      Así escrito es que se ve tan claro y meridiano… como no soy capaz de salir corriendo??, cómo no puedo hacerlo?

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  3. Mar dice:

    Me gustaría dejar un mensaje a las personas que están dentro de una relación así desde mi experiencia.

    La esperanza de que un día despiertes y sea una persona madura, empática y con la que se puede dialogar es lo que te mantiene atado y te hace gastar tiempo precioso de tu vida al lado de alguien que no valora la persona empática, comprensiva y buena que eres.

    Puedes haber estado ahí para el/ella meses o años y el día que te deje lo hará sin valorarlo lo más mínimo. Si tú le dejas, te convertirás en el malo y no importara cuánto hiciste hasta ese momento.

    Que no sea violencia física no quiere decir que no sea una constante agresión emocional que te destruye. El mundo está lleno de gente que estaría encantada de salir con una persona con cualidades como las tuyas, mientras sigas con alguien así estas tirando todas tus maravillosas cualidades por un sumidero. Mucho ánimo

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    • Ángel dice:

      Hola Mar, así es. Eso es lo que más nos engancha, el pensar que la situación cambiará y volveremos a estar bien como en la época bonita. Pero esos cambios nunca llegan porque esa persona no quiere cambiar. No se ve defectuosa, al contrario, ella cree que somos los demás los que estamos equivocados.

      Por tanto, hay que olvidarse de ese cambio que nunca va a llegar y salir de la disonancia cognitiva. Lo que ves es lo que hay y o lo tomas o lo dejas. No se puede esperar peras del olmo.

      Mucho ánimo a tod@s y para adelante!!!

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  4. LAD dice:

    Hola Cristiana. Leyendo tu artículo, y llevándolo a mi última relación, al principio pensé que estaba frente a una pareja pasivo agresiva para luego concluir que el pasivo agresivo era yo, y que desde entonces, en mis nuevos intentos he tenido “comportamientos” de ese tipo, derivados quizás de una autoestima que quedó maltrecha, que busca refugio en el ego. Fallo en ser asertivo, y en querer “controlar” la situación a través del silencio. Me llama la atención el tema de la asertividad. Algún libro, lectura que recomiendes para esto de la asertividad?

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    • Hola LAD,

      Tienes uno que está bastante bien, “El derecho a decir no” de Walter Riso.

      Igualmente en general el desarrollo de la asertividad debe darse con un aprendizaje de empatía emocional (que no cognitiva). Es decir, la asertividad es la forma, pero empatizar es el fondo. El amor es imposible e impasible si el dolor del otro te deja indiferente.

      Abrazos

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  5. yerson dice:

    Hola Cristina, pasaba por aquí y si bien mi comentario no tiene que ver tu post, si te recomiendo enormemente una serie que se llama gypsy con naomi watts, es una serie que al final cancelaron pero la primera temporada es oro puro…es una serie que trata sobre terapias, dependencia emocional, relaciones toxicas, límites de un terapeuta, acosamiento y demás. Te va a encantar.

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