amor eterno

Resulta difícil seguir creyendo en el para siempre en un mundo donde cuesta más darse de baja de una operadora de telefonía móvil que terminar una relación. A pesar de ello, las películas de Hollywood, las canciones y el éxito de sagas como Crepúsculo siguen demostrando que el mito del amor eterno sigue removiendo corazones y sembrando ¿insanas? expectativas. Pero ¿existe el amor eterno?

Hay personas que saben amar de manera innata. Esto es un don, como el de hacer música, hablar con los animales, escribir poesía u orientarse en una ciudad que no se conoce. Por tanto, quienes tienen esta capacidad especial – que podría definirse como una mezcla entre intuición, fe y puro misterio- son escasos y valiosos. El resto de los mortales, tenemos que aprender.

Se dice que el amor eterno es como una lotería, pero una lotería que todos esperamos que nos toque sin comprar los billetes. Suena precioso sobre el papel que encontremos un amor incondicional que se nos entregue plenamente por nuestra cara bonita. Pero a la hora de la verdad, raro es quien consigue tal tesoro sin invertir tiempo, capacidad, dedicación y esfuerzo.

Al ser así, las fronteras entre un amor eterno o ser eternamente infelices con un largo y hastiante desamor en una lucha diaria de desgaste constante, se desdibujan. Si una relación para siempre requiere esfuerzo ¿hasta qué punto es esforzarse y hasta qué punto forzarse?

La respuesta debemos encontrarla por nuestra cuenta.

El amor eterno es un poco como creer en Dios. Supone un absoluto acto de fe, porque hay momentos en los que no concibes la vida sin tu pareja y hay momentos en los que preferirías mandarla al infierno y hay otros momentos en los que te sobra el mundo y lo único que te apetece es estar tumbado contando nubes.

Si flaquea tu voluntad, es tu fe la que te mantendrá ahí.

Pero ¿por qué fracasamos en unas relaciones y en otras no? Si yo ya sé amar y darme plenamente ¿por qué no puedo tener un amor eterno con cualquiera de las personas que he querido en mi vida?

La explicación es sencilla. Cuando iniciamos el camino, no tenemos un mapa. Todos podemos intuir vagamente que la meta tiene que ver con algún tipo de amor, pero rara vez nos enseñan qué amor queremos o cómo llegar hasta allí.

La mejor manera de empezar a comprar billetes al país del para siempre, es relacionarse con los demás. Cada amor, cada persona, nos entrega un trocito del mapa de quien somos y hacia dónde vamos. 

Las despedidas no son fracasos: corresponden a la ley natural de las cosas que en su naturaleza, llevan inscrito el cambio. Obramos tal y como éramos y sentíamos en aquel momento y no podría haber sido de otra forma, pues sin la pérdida ¿cómo hubiésemos aprendido a ser y sentir de otra manera?

No todo amor está destinado a ser el amor eterno. Sin embargo, hay que vivir cada amor como si lo fuese, hasta que se acaba. Entonces, deja de serlo.

¿Y si dejamos pasar una oportunidad única? ¿Y si fallamos por ser inconstantes e inmaduros?

El amor es una manera de vivir. No depende de una determinada persona. Si nunca te has conmovido por nada o nadie, si jamás has sentido la plenitud, si subsistes engañando al vacío, si vegetas en el conformismo, estás viviendo en una relación de triste desamor contigo mismo y con el mundo. En efecto, en tu caso el amor sería una lotería: pero de las que te han regalado el billete, casi se lo come tu gato, resultó premiado con 20 millones de euros y de milagro se veía el número.

Y si se pasa un potencial amor eterno, encontraremos otros posibles amores eternos en los que seguir madurando.

Y, entonces ¿de qué va eso del amor eterno?

El amor eterno es algo que rara vez nace, sino que más bien se hace.
No se trata de prediseñar un plan de vida y encajar a la fuerza a otra persona en él mediante ingentes sacrificios y denodados esfuerzos. Significa partir de un sentimiento de amor, afinidad, respeto y admiración mutuos y saber cultivarlo para que incluso en el momento en que nos olvidemos que amamos, sigamos sintiendo que esta opción de vida es la mejor de las que podríamos haber escogido nunca.

¿El amor eterno es una elección, es un esfuerzo, una lotería?

Quizás el amor eterno es simplemente la capacidad de ver algo nuevo, en la misma calle, todos los días.