¿Es posible el amor incondicional?

Publicado: diciembre 22, 2014 de cristinalago en Cómo encontrar el amor
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¿Qué significa el amor incondicional? Como su nombre indica, significa amar sin condiciones: en definitiva, amar sin esperar nada a cambio. ¿Por qué es tan difícil llevarlo a la práctica?

El amor incondicional es como la colonización de Marte o el descubrimiento de la Atlántida sumergida: no es imposible, pero es improbable. En la historia, quienes han hablado más y mejor del amor incondicional, no han sido las grandes parejas, ni los célebres amantes, sino los  grandes altruistas: lo que viene a sugerir que es más sencillo practicar ese amor incondicional con desconocidos de los que nada esperamos, que con personas que pertenecen a nuestro entorno inmediato y con los que forjamos vínculos íntimos y cercanos.

A veces, se da el amor inconcidional en el vínculo de padres e hijos, sobre todo cuando estos últimos son muy pequeños: es una generosidad innata hacia un ser desprotegido que no puede valerse por sí mismo y que depende desesperadamente de otros para poder sobrevivir. Cuando el niño crece y se le considera de algún modo independiente o adulto, se le empiezan a pedir cosas: rectitud, formalidad, cumplir ciertas expectativas, incluso compensar las propias carencias de los padres. El vínculo ha dejado de ser de amor incondicional y empieza a gestionarse mediante derechos y deberes.

Entre el cariño incondicional y los derechos y deberes, llegamos a la vida de pareja con un considerable jaleo. Queremos seguir siendo amados como los niños, pero ya no tenemos 3 años y la pareja no son los padres.

En definitiva, salvo escasas y extraordinarias excepciones, el amor universal y desinteresado, no suele aplicar a la relación de pareja. En cuanto a la pareja existen unas expectativas claras, unos acuerdos tácitos de lealtad. apoyo, cariño y cobertura afectiva. Si alguien falta al trato sentimental, es muy probable que la otra persona no acepte magnánimamente las ausencias, la indiferencia, la falta de compromiso o la traición con alegría y dicha de estar entregándose sin esperar nada a cambio. Por muy buenos propósitos que nos pongamos, no somos Jesucristo y no ponemos la otra mejilla. En otro orden de cosas, tampoco Jesucristo tenía pareja.

Dos personas (o tres, o doce) que construyen un vínculo voluntario, son libres de hacerlo tal y como consideren satisfactorio y adecuado para todos y ahí pueden entrar tantas formas de vivir como puedan imaginarse. Pero incluso en los acuerdos más abiertos y tolerantes, existen condiciones: como mínimo, ser correspondidos.

En definitiva, amar incondicionalmente es un bello propósito, sobre todo si eres médico sin fronteras, voluntario de ONG, o madre Teresa de Calcuta. En el ámbito de la pareja humana, el dar amor y no recibir nada de vuelta, a la corta o a la larga, acaba resultando frustrante o mermando la autoestima. Detrás de muchas depresiones, adicciones, enfermedades somáticas y ansiedades constantes, hay una pareja en la que uno vierte amor en un pozo sin fondo mientras que el otro le es sistemáticamente infiel, le ignora, le maltrata o simplemente no ofrece mucho más que estar ahí para hacer bulto.

El amor sin límites, ni condiciones es un concepto maravilloso. Ojalá todos lo practicásemos día a día, no sólo con los pobres, hambrientos y necesitados, sino con las personas de nuestras vidas. De ello, sin duda se haría un mundo mejor y más amable, en el que ya no hablaríamos de dependencias, migajas de amor, conquistas imposibles o sufridas luchas por obtener el afecto de alguien en concreto.

Pero dejemos por un ratito los mundos ideales. A día de hoy, uno puede no esperar nada del mendigo a quien deja unas monedas, pero cuesta no esperar nada del compañero a la que se dedica el tiempo, los proyectos de vida, las ilusiones e incluso una parte de la realización personal. Por el momento, la pareja es la pareja: dejemos las misiones humanitarias para otros ámbitos.

En este tiempo en el que derivamos por los extremos –o el total desapego o el apego obsesivo, o el no te necesito para nada, al sin ti no puedo vivir – el trabajo de la madurez consiste en ir aceptando que somos seres colaborativos, que en pequeña o mayor medida, necesitamos algo de los otros y que quizás, antes de proponerse lejanas metas de amores universales, deberíamos empezar por objetivos más coherentes con nosotros mismos. Ser más generosos, un poco más humildes, aprender a dejar ir, tener expectativas, pero no encarcelarnos en ellas y desear lo mejor para quienes queremos, incluso aunque a veces no vaya alineado con nuestros intereses.

Quien sabe si en alguna parte del camino, encontraremos el amor incondicional o en cambio, seremos los pioneros para poner sus cimientos de modo que nuestros hijos, nietos o bisnietos robóticos sean quienes tengan las herramientas para seguir construyendo ese edificio.

No aprendemos el amor incondicional persiguiendo bíblicos ideales, ni refugiándonos en la misantropía neurótica, donde acabamos transmutando en rabia y rechazo, nuestra incapacidad para conectar con otros. No lo aprendemos en un manual, en un congreso, o una teoría psicológica. En realidad, lo aprendemos de los demás.

La solidaridad no sobra en este mundo – más bien al contrario – pero si uno se marcha todos los años a hacer voluntariados a África y no es capaz de decirle a sus padres que los quiere o de sentarse a escuchar a su pareja, puede que sea el momento de ocuparse del ejercicio de los pequeños amores cotidianos.

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comentarios
  1. tere dice:

    Leí hace tiempo un articulo sobre Ram Dass, un filosofo-maestro espiritual (o algo así) en el que decía mas o menos que amor incondicional es “cuando no nos importa que la otra persona nos mate. Pero que como esto sí que nos importa, somos amantes condicionales”. Como sugieres, el amor incondicional es para maestros espirituales. La madre Teresa de Calcuta, maestros espirituales de diversa indole no tienen pareja!

    • Alejo dice:

      Hola a Todos,

      El verdadero amor es espiritual tambien pero no todo el mundo es digno de recibirlo, mas en la seleccion esta la respuesta, no todo, el que tiene buena pinta es el mas adecuado al igual que no todo el que habla bonito, es el mejor, mas aun que las hormonas muchas veces ganan, para dar un amor incondicional, el cual es dar, confiar profundamente, no esperar nada, es un amor de entrega total fisica, sentimental y espiritual, mas segun lo que he observado la unica manera de llevar un amor asi, es en guia de algo mas grande que tu mismo, por que dejado en uno mismo, existen cosas internas que te llevarian a cuestionarlo, que tienen que ver con orgullo propio (de ambos), incluso rebeldia, y otros. La raiz, la base de un amor incondicional es la espiritualidad, es un amor aun que suene extraño para muchos sea dirigido completamente por Dios, y en la pareja ambas personas pueden lograrlo con una verdadera entrega a El, pues aun que en la actualidad son entregas poco usuales, el buscar de Jesus, y basar el amor de la pareja en esa union crea lazos que con facilidad superan el amor standard, por que mutuamente se rompen las barreras internas de esos orgullos, de aprender a escuchar las necesidades del uno y del otro, se abren nuevos caminos de comunicacion, en el amor a Dios se encaminan las parejas no por obligacion si no por un sentir interno pera seguir su ley y eso cambia completamente a los hombres, mujeres y a las familias, en donde la incondicionalidad se hace mutua y sinergica.

      Que Dios los Bendiga

      • cristinalago dice:

        Hola Alejo,

        Efectivamente en el amor incondicional ha de haber un componente espiritual, con el canal o la energía en la que cada uno crea.

        Abrazosy gracias por tu reflexión ¡muy bonita!

  2. Fran dice:

    Hola Cristina, estupendo articulo y como siempre, sin desperdicio. Quizás el principal fallo que cometí en la última relación que tuve fue precisamente ese, no esperar nada del otro, al menos, aparentemente, pensando que cada uno, da lo que quiere, cuando quiere y a quien quiere, mi útopica visión de una pareja era que tenía que ser y sentirse libre para ser el mismo, y así llegué a un punto donde yo era solo un objeto en la vida del otro, organizaba su tiempo libre y yo era el último en el reparto, y como este tantos gestos de inmadurez “adolescente”, (tiene 45 años) mezclado con egoismo que hicieron en mi, fue no sólo destrozarme mi baja autoestima hasta llegar a la conclusión de que si no acabo con esto, esta relación destruye lo que queda
    vivo de mi.
    El altruismo, el no esperar nada del otro puede funcionar en muchos ámbitos, como la amistad por ejemplo, pero cuando hablamos de pareja, de sentimientos y de implicaciones afectivas toda esa generosidad no funciona, hay que dejar bien claro, lo que queremos y lo que no queremos, lo que sentimos y lo que nos fastidia, por supuesto desde el dialogo y el respeto por ambas partes.
    Me han quedado muchas moralejas de aquella relación, tambien cosas buenas, pero si algo tengo claro es que cuando las expectativas empiezan a cambiarse por frustraciones hay que tomar medidas YA. Hablar YA, Hacer algo YA.Cuando yo empecé a reaccionar a todo lo que había tragado en silencio, ya solo me quedaba veneno dentro y nada por salvar, todo estaba ya perdido, incluido yo mismo, enganchado a una relación tóxica y encima sin saberlo. Pero como siempre, hay que ir al origen del problema, la autoestima, con una saludable relación y confianza conmigo mismo no habría llegado a la décima parte de lo que aguanté esperando que la otra parte cambiara, como si las personas cambiaran como las estaciones del año. Ha pasado algo más de un año, no ha sido fácil, pero he aprendido lecciones para toda mi vida, no sólo de las relaciones de pareja sino de la relación de fidelidad que nos debemos a nosotros mismos, a lo que pensamos, a lo que sentimos, en definitiva, a lo que somos. Las mentiras que mas me han dañado son las que me he dicho a mi mismo, con el fin de mantener viva una relación tóxica y destructiva. La soledad no es siempre grata, pero al menos si la sabemos manejar no nos daña.
    Gracias por estar ahi, Feliz Año
    Un fuerte abrazo

    • Lia dice:

      Fran;

      Tu experiencia parece una réplica de la que yo he vivido durante 3 años, con la diferencia de que yo solo llevo unas semanas de ruptura. Quiero empujar el tiempo y no puedo. Lo que he aprendido es justamente lo que comentas, el verdadero engaño lo he llevado a la práctica yo conmigo misma, autoengañándome por temer esta soledad, este punto cero en el que estoy.
      Me hace bien saber que tu estás saliendo de ello. Quiero creer que yo también puedo.
      Gracias por comentar tu experiencia. Gracias Cristina por tu trabajo. Excelente.

      Un abrazo

      • Fran dice:

        Hola Lia, si ya has roto una relación tóxica, el principal paso ya ha sido dado, tienes la ventanja de tener información de todo lo que acompaña a estas rupturas: síndrome de abstinencia, etc., es un proceso muy duro pero no me arrepiento de nada, equivale a hacerse los deberes en el “campo afectivo”, ya que si bien, se pasa mal, pero también se aprenden cosas para toda nuestra vida. El tiempo por si solo no ayuda, en realidad, lo que si ayuda es lo que hagamos con nuestro tiempo, con nuestra energia, ya que de ello depende nuestra recuperación. Desde hacer deporte, yoga, caminar, psicoterapia, leer, investigar sobre la dependencia, etc, todo supone una apoyo, y la pasividad, con todo lo que conlleva,no hacer nada, salvo darle vueltas a lo mismo, la autocompasión, etc, solo nos “ancla” en nuestro problema. Pronto irás viendo por ti misma y disfrutando de tus logros…
        Mucho ánimo y a por ello
        Un abrazo

  3. c.a dice:

    Leer tu bloc me ha ayudado muchisimo aunque vuelvo a caer una y otra vez en lo mismo.

  4. Para mí es posible! Muchas gracias a tí por los posts muy interesantes y me ayuda tener muchas dimensiones de amor, gracias otra vez y mucha suerte con el blog, ya soy una seguidora de tu blog! Hasta luego!

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