La pareja independiente

Publicado: mayo 27, 2014 de cristinalago en Los amores patológicos
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Young woman doing three different things in one frame

Una persona con intereses y pasiones propias siempre resulta atractiva. Pero ¿qué sucede si te enamoras de alguien que parece tantas tener actividades, planes, amigos y aficiones que casi no tiene tiempo para estar contigo?

Hay personas que se enamoran poco a poco. Y no está ni mal, ni bien. Hay personas que se enamoran hasta las trancas, sin remedio ni antídoto. Y tampoco está ni mal, ni bien. Cada cual tiene su propia manera de enfrentarse al banquete: unos prefieren darse un atracón y otros prefieren degustar con calma hasta el último plato.

Pero en ambos casos existe una actitud común: el interés. Si ese interés desde el inicio se encuentra duramente disputado entre el fútbol, las noches de discoteca con los amigos/as, las clases de canto coral, cuidar del perrito de su vecino Paco, apuntarse a todos los planes habidos y por haber y todo ello, casualmente incompatible con quedar contigo, quien supuestamente le gustas o te quiere, no te confundas: no es independencia, es falta de ganas.

¿Qué es la independencia? La solemos relacionar -erróneamente – con la hiperactividad. Cuando vemos a una persona que no puede detenerse ni un segundo porque tiene demasiadas cosas que hacer o demasiadas personas que ver, pensamos en una vida envidiable, excitante y llena de estímulos constantes, para envidia de quienes consideran que estar más de un día sin tener fotos que subir al Facebook es un fracaso social.

El extremo opuesto sería, por ejemplo, el ermitaño de la montaña:  ni sale por bares, ni realizar un sinfín de actividades, ni tiene amigos…ni siquiera conexión a Internet. Que vive en la más absoluta soledad y cuya existencia esté probablemente consagrada a lo contemplativo y reflexivo. En definitiva, la clase de persona a la que, con bastante certeza, no encontraremos nunca en una tesitura amorosa con nosotros.

Ahora, ¿quién crees que de los dos, es el tipo más independiente?

Una vez establecido que la independencia nada tiene que ver con no parar de hacer cosas -lo cual nos habla más bien de una pobre capacidad para estar solos- cambiemos el término a multidependencia. La pareja multidependiente es aquella que se escuda de su miedo a entregarse en una relación dispersándose en multitud de fuentes de las que pueden hacer uso y disfrute sin que requieran mayor compromiso o dedicación y que a su vez les permiten no tener la suficiente energía como para concentrarse especialmente en nada o en nadie.

Es muy habitual empezar a desarrollar la multidependencia tras una ruptura dolorosa o un fracaso sentimental. Dividir nuestra atención en otras actividades nos ayuda a salir adelante y a sentirnos a gusto en otros ámbitos que no pertenezcan a una relación de pareja. Pero el miedo a la soledad, al vacío afectivo, no se cura haciendo muchas cosas, se cura precisamente estando solos/as. De nada sirve que tengas la agenda más repleta que la de Barney Stinson, si no eres capaz de estar un fin de semana sin hablar con nadie y que no se te caiga el mundo encima. Porque muchas veces buscamos la compañía de otros no porque la disfrutemos, sino porque se nos hace insoportable nuestra propia compañía.

El camino a la independencia pasa por cultivar nuestras pasiones, no nuestras evasiones.

La multidependencia, pues, es sana hasta que se convierte en una constante huida. Si te sientes atraído/a por una persona que no sólo es que tenga actividades y planes, es que literamente se pierde en ellos olvidándose de ti excepto cuando le conviene, puede que te estés intentando acoplar a su ritmo. Reprimiendo tus verdaderos deseos y sentimientos, pensando que si reclamas más tiempo o más atención aparecerás ante sus ojos como alguien necesitado y dependiente que agobia a la otra persona y en definitiva, siendo algo que tú no eres ni quieres ser.

Que te enamores intensamente y te apetezca dedicarle tiempo y entusiasmo a la persona que te gusta no te convierte en un dependiente. Tragar con alguien cuya forma de hacer las cosas no te hace sentir bien, calculando tus actitudes con cero naturalidad para no espantarle y esperando que cambie y te quiera como a ti te gustaría, sí lo hace.

 ¿Realmente te compensa andar con pies de plomo y tanteando el terreno constantemente para no asfixiar a la otra persona? ¿Es esta la clase de relación que deseas en tu vida? Si tu concepto de estar con alguien es apasionado, cercano, accesible y dedicado…¿por qué estás con una persona que no es afín a tu manera de amar?

En efecto, el enamoramiento puede ser rápido o despacio…puede devorarse o degustarse…pero que nos enamoremos de alguien, no significa que sea compatible con nosotros. Si consideras que tu pareja va a la suya y eso no es compatible con tu manera de amar, medita si realmente es la persona adecuada para ti.

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comentarios
  1. alberto dice:

    Interesantísimo artículo en el que muchos/as se verán reflejados. Quien es más independiente la mujer o el hombre?. En tiempos pasados en los que la mujer no trabajaba y todo lo fiaba a conseguir un marido adecuado, los hombres compartían el amor y el trabajo. Este último por su naturaleza propiciaba un tipo de relaciones sociales muy importantes, relacionadas con su actividad profesional y tambien con la lúdica. Las mujeres en cambio al estar menos vividas, menos viajadas y en general con menos experiencias de la vida al abandonar el hogar en muchos casos para casarse, se limitabn a las relaciones de las amigas y a la realización de actividades de baja intensidad. Con el enamoramiento el trabajo permanecía y casi todo el tiempo el varón se lo dedicaba a la chica de sus sueños de forma ompulsiva. El amor arrebatente tiene un tiempo de duración, la química se relaja y llega un momento en que las aguas llegan a su cauce y entonces es cuando hay que esforzarse en mantener la llama. Las cosas se tornan más naturales, las relaciones con los amigos y amigas, el fúlbol..etc. adquieren otra nueva dimensión, yo diría que la lógica. Con las mujeres actualmente, la mayoría trabajadoras y tan independiente como el hombre tambien se produce el mismo fenómeno, es decir relaciones en el trabajo, cenas o comidas de compañeros, actividades deportivas a las que se ha incorporado en la actualidad. tambien suele tener un vehículo en muchos casos que en resumen lleva a posibilitar una vida más autonoma, aunque está claro que cuando hay hilos y esros son pequeños las ataduras son mayores. Conjugar esas aficiones aunque no todas, llevaría a compartir el tiempo libre común.

    La independencia como la soledad son absolutamente necesarias en una pareja, la dependencia en general no me gusta porque genera tensiones. ¿Quien mide la intensidad de esa independencia y su capacidad de perjudicar a la pareja ?. Buscar ocupaciones como quien busca caracoles o setas no es bueno, demuestra una carencia aunque a la vez, puede ser un síntoma de que las cosas no van bien y que hay que poner solución. Buscar ocupaciones para obviar la tele sin restar tiempo a tu pareja y que además te llenen es formidable. Pero: ¿quien gradua esto?.

    Para la soledad habría que escribir un capítulo aparte, tan necesaria y tan positiva en muchos casos que a modo de ejercicios espirituales debería de ser obligatoria una semana al año por lo menos para todas las parejas. Ayuda sin duda a descubrir muchas cosas que la cotidianedad oculta con sus mostrencadas diarias.

  2. Norma. dice:

    Pienso que el mundo en el que vivimos forma cada vez más personas (hombre/mujer) que buscan solamente su propio placer, sus propias aficiones. Amores rápidos, sin complicaciones, como las máquinas expendedoras de bebidas o aperitivos…sacian momentáneamente nuestra sed o hambre, pero no aportan nada más que basura a nuestro organismo.
    La independencia y el saber vivir en soledad como bien refleja este artículo, vienen dadas por un carácter desinteresado y amante.
    Me encanta este blog.
    Gracias.

  3. leici dice:

    Me he deleitado con este blog apenas tengo 1 mes de ruptura

    • Fran dice:

      Interesante artículo, y como todos tus escritos, sin desperdicio. Siempre me han tenido por una persona muy independiente, y si, lo soy, en muchos aspectos, quizás porque a la sombra de la independencia aparece la dependencia, que tambien lo he sido, con toda su toxicidad y tambien forzado por las circunstancias. No se si tengo alguna faceta que madurar, pero siempre he concebido la independencia, como la forma de relacionarse sanamente con todo y con todos, SIN APEGARSE EN EXCESO A NADA O A NADIE.
      Enamorarse es algo maravilloso, quizás porque se basa en un “colocón hormonal”, y como todo colocón, acaba por pasarse. Pero esa no es la base para el amor, es sólo el principio. Si algo he aprendido con mi experiencia, la cual no ha sido precisamente buena, es que el futuro posible de una relación, tiene que tener por base, nuestro AUTOCONOCIMIENTO” quien soy, cuanto valgo, que concepto tengo de mi mismo. Una vez que estas respuestas estan de nuestro lado, podremos saber que queremos de una relación, de un compañero, y de la misma forma sabremos lo que nos hace felices de lo que nos aleja de la otra persona, pero desde un plano mucho más objetivo, aunque el corazón siga latiendo….
      Hace años leí en un artículo que ya desde la elección que hacemos, aunque siempre nos creamos víctimas de la vida, estamos en realidad, poniendo de manifiesto la relación que tenemos ante nosotros mismos ante nuestra historia. Ejemplo de ello, es la violencia de género, muchas veces las hijas de maltratadores se buscan otro maltratador, aunque todavía no les hayan dado un golpe, el tiempo se encargará de hablar….
      En plena madurez, comprendo como nunca, que nuestra pareja, ha de ser alguien que nos aporte entre otras cosas, “paz”, “tranquilidad”, ya que si una relación nos genera ANSIEDAD, por la personalidad de nuestra pareja, algo no funciona en esta empresa de a dos. Lo triste de todo esto es que la experiencia de la vida no se adquiere en los libros sino de las vivencias de cada uno.
      Hace poco he hecho un viaje a otro continente, solo, sin pareja ni amigos , y mucha gente de mi entorno me preguntaba que porque viajaba solo. Para mi la independencia se basa en eso, hacer mi vida, con lo que tenga en este momento, si hubiera tenido una pareja, seguro que hubieramos viajado juntos, pero como no la tengo, tengo que buscarle color a mis dias, sin nadie en especial, es decir, conmigo mismo. La vida pasa y lo más útil que tenemos todos es nuestro tiempo y nuestra energia para ponerla a nuestro servicio, no al servicio de un futuro que no sabemos como va a llegar.
      Por otra parte, concibo la independencia como una forma de libertad personal pero tambien sabiendo de que va el compromiso, sólo con estas bases se pueden construir relaciones sanas del tipo que sea, amigos, pareja y por supuesto, la que tengamos con nosotros mismos.
      Un beso grandote guapa y gracias por estar ahí para todos los que te seguimos….

  4. Miguel dice:

    He visto reflejados en tu entrada tanto a mi ex pareja como a mí mismo, siendo ella la independiente. Trataba de acoplarme a su ritmo y solo conseguía ansiedad. Me hizo descubrir aficiones nuevas y eso se lo agradezco, pero no soportaba no poder disfrutar de un rato de sosiego.
    Aprovecho para felicitarte por tu reciente maternidad, Cristina.
    Sigue escribiendo 😉

  5. Andrés dice:

    Que acertado artículo. Una óptica totalmente distinta a los artículos de revistas femeninas sobre las rupturas y orientado a la persona, no al género. En general se piensa que estos artículos son leídos solo por mujeres. Por naturaleza, el hombre tiene menos índices de depresión que las mujeres, debido a que no lleva a un contexto médico profesional los problemas de espíritu como las mujeres, lo que sobrecarga estadísticamente al género femenino como el que más padece de problemas emocionales ligados a pareja. Les aseguro que son miles de hombres lo que permanecen con problemas de autoestima, sicosociales y otros asociados a problemas de pareja, pero que están fuera de las estadísticas, leyendo artículos como estos en busca de guía y ayuda para superarlos. Se agradece mucho el enfoque neutral, por lo tanto, y el desarrollo muy bien explicado del artículo de arriba. Comparto los otros comentarios, en absoluto.

  6. Pilar dice:

    Hola Cristina:
    He vuelto a leer esta entrada y me ha surgido una duda respecto a mi actual pareja. Nos conocimos por amigos comunes y hace unos cinco meses iniciamos una relación. Él me parece una persona atractiva e interesante y compartimos aficiones, valores e incluso forma de ver la vida. Cuando estamos juntos estoy muy a gusto. Sin embargo, a veces tengo la impresión de que yo tengo más interés en (¿o necesidad de?) verlo a él que a la inversa. Es, sobre todo, a la hora de planificar, de hablar de volver a vernos: él siempre tiene mil cosas que hacer. Al final acabamos viéndonos sin mayor problema (ni discusión), unas dos o tres veces por semana. Quizás vaya en su carácter, pues él es más de improvisar para todo y yo, de organizarlo todo al milímetro y con mucha antelación; el caso es que ese aspecto de su forma de ser me genera a veces cierta ansiedad. ¿Debería relajarme, comentárselo? ¿Qué me aconsejas? Gracias!

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