En contra de la soledad/A favor de la soledad

Publicado: agosto 5, 2018 de cristinalago en ¿Quieres cambiar? Entra aquí
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Pese a la mala fama que tiene el invierno, el verano es la estación más solitaria por excelencia. 

Hoy estoy sola y tranquila. Con un bebé y con el trasiego que por lo general tengo en mi día a día, estar sola es tan infrecuente como el paso del cometa Halley.

Estoy sola y puedo ver una película, si quiero. Puedo saltarme los horarios de comida y picotear lo que me apetezca, puedo ir a la piscina y hacerme treinta largos, poner la música que me gusta a todo trapo y bailar, hasta (increíble) echar una larga y reparadora siesta.

Soy libre. (Qué susto!)

Pero de repente siento un vacío. No es un vacío incómodo, ni desconocido. Es ese repentino parar y darte cuenta de que no tienes que ocuparte de nada urgentemente y que el tiempo, que habitualmente pasa volando, de repente parece detenerse y dar cabida a todos los pensamientos del mundo.

Y de repente lo único que quiero hacer es sentarme y contároslo.

Hay muchos tipos de soledades. Mi soledad ha sido, en ocasiones de mi vida, como un sordo golpear de angustia en el fondo del pecho que no me dejaba respirar. Esa clase de soledad que te lleva a llamar a alguien que en realidad no te importa con tal de escuchar una voz, algo, alguien. Esa soledad que se agazapa como el monstruo de las películas de terror, induciéndote a apuntarte a cosas que no quieres hacer y a quedar con personas con las que no quedarías nunca. Esa soledad de la que se nutren las apps de citas y el apartado de bollería industrial de Mercadona.

Una vez tuve una experiencia muy curiosa dentro de mi soledad. De repente, experimenté una sensación de vacío tan extrema como el astronauta que de repente abre la puerta de su nave y enfrenta toda la inmensidad del universo. Era como si todos mis pensamientos conscientes hubieran desaparecido de golpe y me hubiese adentrado en una zona desconocida de mi razón en la que no había nada de lo que me resultase reconfortante o conocido. Fue terrible y sin embargo, también fue un viaje extraño que recuerdo con más curiosidad que trauma. Me gustaría que es hubiese repetido para poder explorarlo.

El psiquiatra y escritor Oliver Sacks narraba en uno de sus libros el caso de una mujer que había perdido el sentido físico de sí misma. La llamaba la dama desencarnada y así es exactamente como me sentía yo.

La soledad no es la nada, a pesar de que lo parezca. En la soledad siguen sucediendo cosas, pero suceden adentro y de una manera que no se puede prever o controlar.

La soledad veraniega es de otra categoría. Hace calor, los días duran más, la gente está de vacaciones y uno está en su casa sudando como un pollo mientras se pregunta qué coño ha hecho con su vida cuando es el único pringado que no tiene nada que subir en Instagram.

La soledad de verano, valga la redundancia, es una soledad con solera y con solana, que se prolonga insidiosamente como un chicle interminable en unas jornadas de luz que parecen durar siglos enteros.

Es esa soledad en la que cuando uno consigue sacarse de la inercia como un corcho de una botella de sidra, crea mundos enteros.

Cuántas novelas se han escrito en los veranos solitarios, cuántas ideas se han germinado, cuánta música se habrá compuesto, cuánta poesía se habrá hallado.

 Hoy estoy sola, pero me gusta la sensación de sentir que estáis al otro lado. Algunos sois conocidos para mí, otros no, pero a todos os imagino al otro lado, sonriendo, frunciendo el ceño, o diciendo ésta qué dice, esto qué es, un poema, un artículo o un ciempiés.

Y me gusta esta soledad que en realidad no se siente solitaria, pues la comparto con vosotros hoy y es la soledad que más me agrada.

A favor por tanto de la soledad siempre, cuando esta soledad implica enriquecerse, indagar, dar algo de sí.

En contra de la soledad que envenena la cabeza, que nos reconcentra en una habitación mental de aire viciado. En contra cuando genera un sufrimiento improductivo, cuando nos lleva a revisar obsesivamente las redes sociales de vete tú a saber quienes, cuando nos torna envidiosos y llenos de rechazo y prejuicios, en contra absolutamente de la soledad no compartida.

A favor de la soledad que llega para conversar.

En contra de la soledad que viene a malmeter.

A favor de la soledad que puedo contaros hoy.

En contra de la soledad que se hace tan grande que ni se puede decir.

A favor de ambas en cuanto a que las dos son como los ríos que van a dar a la mar, que es el pensar.

A favor de todos los que me leéis, que hacéis más grande mi mundo y por tanto, menos solitario.

 

Yo no sé de pájaros,
no conozco la historia del fuego.
Pero creo que mi soledad debería tener alas

(Alejandra Pizarnik)

 

 

 

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comentarios
  1. ClaraR dice:

    Bordado, como siempre. Como casi cada noche recurro a tus post en busca de consuelo o consejo, que es lo mismo, y la mayor alegría es ver una nueva entrada, una nueva oportunidad de enriquecernos. Gracias de corazón.

  2. Gloria dice:

    ¿Cómo podría sentirme yo sola si dentro mío está mi yo niña, mi yo adolescente, mi yo adulta? Todas confluyendo en una danza imparable en este momento presente, todas comunicando al unísono ¡En armonía al fin, Cristina! Lloro de emoción por esto que estoy logrando, nunca pensé lograr salir adelante y; sin embargo, aquí estoy, cada día descubriéndome, conociéndome, queriéndome, procurándome y entregando lo mejor de mi a quienes me rodean.

    Aún me queda un largo trecho por recorrer, todo el tiempo que me queda de aprendizaje en esta tierra, por cierto, pero por primera vez desde hace mucho tiempo puedo decir que lo estoy disfrutando, cada detalle, cada paso que doy.

    No puedo hacer más que agradecer, gracias a ti, Cristina, por todos tus artículos, a las personas que los comentan, en algún momento, una parte de mi quiso cambiar, transformarse gracias a ellos.

    Un abrazo grande!

    • Angélica Basurto Guzmán dice:

      Que bellas palabras… Yo estoy a punto de quedar en soledad… Tengo miedo, de no encontrarme, tengo miedo de huir de ella y volver a lo que hoy no me hace bien… Pero Gloria, tus palabras me dan esperanzas, de que la Soledad es un mundo desconocido en el que me podre conocer por fin… Saludos desde Ecuador..

  3. Miguel dice:

    CÁSATE CONMIGO.
    😉

  4. Francis dice:

    Ya lo decía Manolo García en ‘Vive en mi un recuerdo’: En los inviernos tan temidos de algunos veranos…

    Pues ni que dice esta ni ciempiés que valga, maravilloso artículo de como de costumbre.

    Gracias por compartirlo!

  5. vaneponti dice:

    Un post perfecto, como siempre Cristina. Conocí tu blog hace exactamente dos veranos cuando estaba pasando por uno de los momentos más difíciles de mi vida y necesitaba encontrar una explicación lógica a todas las irracionalidades en las que me ví inmersa. Encontré un artículo que me ayudó a reconocer ciertas cosas y al leer los comentarios, tanto tuyos como de otras personas, me sentí un poquitin menos sola y más comprendida. Desde entonces te sigo y disfruto con todo lo que publicas porque realmente das en el clavo de la psique humana y lo expresas perfectamente. Un saludo muy grande desde Asturias y ojalá sigas publicando mucho tiempo. Gracias!!!!

  6. Anónimo dice:

    Gracias!

  7. Helena dice:

    Chapó!!!

  8. Hell dice:

    Muy de acuerdo, estoy a favor de la soledad fértil, pero es tan dificil aprender a estar sola en una socieda tan neurótica! me encanta la foto del derviche

  9. reina dice:

    Gracias, Cristina. Hace unos años me hice el firme propósito de aprender a estar sola para no tener que depender de nadie.

    He aprendido a disfrutar de la soledad, a ser independiente, he creado una vida propia. Y justo es en este momento en el que han llegado a mi vida personas que me enriquecen. Creo que, paradójicamente, cuanto más capacitada para estar sola te perciben los demás, más les atraes de forma casi inconsciente.

    Besos 😘

  10. Azul dice:

    Cristina, soy yo… Me voy haciendo a la soledad. Desechando historias o posibles historias que no me aportan, ni me importan. Yo creo que sin ti seguiría como era antes y ya me habría enganchado al primer rey puesto que llegara.

    El verano pasado estar sola quemaba, era morder el polvo, era la noche dentro de la noche, el rechinar de dientes, la angustia. Era el grito de Munch. Estar sola era como hallarse en medio de la nada absoluta y alejada del absoluto todo. Estar sola era la oscuridad, el quebranto, la cárcel, el arrastrar cadenas. Y empieza a no serlo. Es más, a veces me deleito en ella. Y cuando quedo con alguien para ir a tomar algo la amistad de esa persona me sabe a mucho.

    Solo me asusta un poco pensar que igual he perdido capacidad de amar. Y luego me digo que no. Amo a mis hijos, a mis amigos, a mi familia (no necesariamente la convencional). Antes no eran amores, eran enganches. Por no estar sola. Porque no me quería. Y ahora me quiero un poco más. He de avanzar aún, no te engaño. He de recorrer mucho.

    Le digo a mi gente que me has salvado, tal cual. Ellos también me han salvado. Os debo la vida.

  11. Ro dice:

    Precioso, me siento muy identificada.

  12. jumanper dice:

    Excelente entrada sobre la soledad, sobre todo par aquellos que la padecemos. Lo peor de esa soledad no deseada es que se apodera de ti y cada día vas comportándote más y más como Tom Hanks en la película ” El naufrago “.

  13. Óscar dice:

    Estoy libre!! Que susto!! Genial Cris. Un abrazo grande!!

  14. Joaquin dice:

    Que clase de poema!!!!

  15. Angélica Basurto Guzmán dice:

    Cristina, tu post y entrada esperada por mi con agua en el desierto… Hay entradas tuyas que me han marcado y esta seguro que la escribiste para mi tambien… Gracias por tus palabras. Gracias por tus letras que son como el diseño perfecto de lo que mi corazon espera pasar en la soledad que estoy apunto de enfrentar….

    Gracias a todos por sus comentarios a la entrada de Cristina, no saben lo valiosas que son sus plabaras en este momento de mi vida…

    Ya no tengo miedo…. 🙂

    Saludos desde Ecuador.

  16. Eva dice:

    Muy acertado vivo sola y he aprendido a disfrutar d ese tiempo q te brinda descubrir y crecer…gracias cristina

  17. Anónimo dice:

    es difícil llegar a encontrarse bien estando solo/a, pero cuando se aprende a estarlo es maravilloso.

  18. Aura dice:

    Es muy diferente la soledad elegida a la soledad impuesta. La elegida te da libertad, la disfrutas, la sientes cómoda y la agradeces porque reporta tranquilidad y conocimiento de una misma. La soledad impuesta pesa, te hace meterte en una espiral de la que no sales y donde los pensamientos no paran ni un momento hasta casi llegar a quitarte el aire. Son tan diferentes…

    Yo he sido siempre de soledad elegida (exceptuando la soledad tras la muerte de mi madre, que fue una de las peores imposiciones a las que me ha enfrentado la vida). Preferir estar sola me ha hecho antisocial, lo reconozco, pero disfruto estando conmigo en mi mundo y no tanto con los demás, salvo contadas personas que siento que realmente me aportan. En general, si puedo, suelo evitar reuniones, quedadas y demás interacción por tener que seguir el patrón de relaciones que la sociedad impone y ve normal, no como lo mío. Pero para mí, si estoy o quedo con alguien sin que realmente me apetezca, siento que pierdo el tiempo. Soy más de disfrutar una tarde de lectura, de paseo con buena música, de conducir sin destino o incluso de viajar a mi ritmo. Cuando salgo y veo la gente que se relaciona, que tienen a alguien… sinceramente, no siento envidia porque he llegado a un punto en el que no me apetece, ni me hace falta alguien para estar bien. Tengo amistades que no saben tomarse un café a solas o ir al cine sin que nadie las acompañe; se les cae la casa encima si se quedan solas y se enganchan a cualquiera que las saque de allí. Y la verdad, me da pena por ellas.

    Cierto que el amor me mostró una cara desconocida hasta ese momento para mí y me descubrí dependiente emocional, pero aun así, mi soledad y yo seguimos dándonos la mano ya que no pude estar con él. Y si no era con él, no quería estar con nadie, solo conmigo misma, con lo que volví a mis fueros. Escribir, descubrir este blog hace un año para ayudarme en mi duelo, las charlas con mi psiquiatra durante los meses de terapia por la depresión… esas han sido las ayudas que me han hecho avanzar y darme cuenta que la soledad sigue sin ser algo malo, siempre que uno mismo la elija.

    Gracias, Cristina, por compartir tus pensamientos ❤

  19. Cleo dice:

    Muy buenas Cristina!
    Quería lo primero darte la enhorabuena por toda la ayuda que este blog presta a tanta gente que nos encontramos viviendos momentos tan dificiles. Leerte ha supuesto una revelación en muchos aspectos, así que gracias, de verdad.
    Quiero comentarte la situación que estoy viviendo porque sé que tu visión realista me puede ayudar.
    Tuve una relación con un chico durante cuatro años y medio. Para ambos fue nuestro primer amor, con todo lo que ello supone. Empezamos con 22 años. Yo siempre he sido una persona con problemas de autoestima, que hasta ahora he sabido más o menos gestionar con mucho diálogo interno, y que siempre se consideró una persona feliz y satisfecha a pesar de sus miedos e inseguridades.
    Estar con mi ex novio supuso un antes y un después. Supuso sentir enamoramiento por primera vez, y supuso sentir amor con el tiempo también por primera vez. Nuestra relación se basó en la confianza y el apoyo más absoluto a la otra persona, y eso generó un vínculo muy fuerte.
    Sin embargo, a mi durante la relación me empezaron a surgir dudas tras un problema que llevo arrastrando desde la infancia que me impide mantener relaciones íntimas con normalidad. Él me apoyó siempre e intentamos buscar soluciones, pero llegó un momento en que yo sentía angustia con solo pensarlo, y decidí dejar la relación.
    Cometimos el gran error de intentar ser amigos, supongo que a la luz de lo que sé ahora debido a la enorme dependencia que teníamos los dos. Así fue durante año y medio. Sin embargo yo notaba que ni él ni yo sentíamos la situación como correcta. Yo sufría y el sufría, y encima perdimos la confianza en decirnos lo que realmente estábamos sintiendo.
    En octubre por fin me dijo que él no podía ser mi amigo. Ver su sufrimiento real, que intuía per no quería reconocerme, me destrozó. Porque en ese momento en el que él estaba tan mal yo sentía que volver a estar juntos era un error, y saldría mal. Así que le dije que respetaría su decisión.
    Durante cuatro meses solo contactamos durante cumpleaños, y navidades. Yo entonces no sabía lo que él estaba pasado. Ahora lo sé.
    Yo por mi parte sufrí mucho, y pensé en volver a buscarle miles de veces. Pero tenía tanto miedo a hacerle sufrir de nuevo si la cosa no iba bien, que me obligue a mi misma a no decirle nada de volver hasta que no tuviera 100% claro que sería para siempre. Ahora lo pienso y no puedo creer que pensase así. Yo siempre creí que volveríamos a estar juntos. No entraba en mi cabeza otra cosa. No he intentado rehacer mi vida en todo este tiempo, ni entra todavía en mi cabeza estar con otra persona.
    Finalmente en enero no pude aguantar más y le contacté. Durante estos meses de enero a agosto le hice saber que yo le seguía queriendo, y que nunca había dejado de hacerlo. Pero también le contaba mis ataques de ansiedad y pánico que comenzaban cuando pensaba que podía hacerle sufrir. Él me ha dicho que me quiere, que siempre me va a querer pero él pasó por el dolor de tener que aceptar que no iba a volver a estar conmigo. Que para él fue el peor momento de su vida, y que todavía no estaba recuperado del todo. Además, me dijo que estaba saliendo con otra chica, que no estaba enamorado pero tenía otras cosas en las que apoyarse para salir adelante (trabajo, deporte, etc). Y que sentía, que tal y como estaba él ahora (herido) las cosas no funcionarían.
    Me quedé echa polvo pero no pude más que entenderle. Desde entonces, hará dos semanas de la última vez que hablamos y yo estoy hundida. Cristina, le quiero con toda mi alma y daría cualquier cosa por demostrarle todo el amor que siento por él. Pero creo que los dos estamos mal y debemos intentar estar bien. Por una parte siento que debo dejarle recuperarse y luchar por mi recuperación, aunque nunca más volvamos a estar juntos. Pero por otra no puedo evitar no tener ganas de seguir adelante y luchar por estar bien yo. Y no puedo evitar tener la esperanza de volver a estar juntos. Aceptar la pérdida de la persona que más quieres y has querido es lo más doloroso que he sentido nunca. Pero también sé que para darle lo que merece tengo que darme a mi lo que merezco, que es estar bien.

    Me parte el alma que siendo dos personas que nos queremos tanto nos hayamos hecho tanto daño.
    Necesito estar bien pero no se cómo. Siento mucho la parrafada.

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