Querido diario,

En la tradición religiosa judía, el Shabat, sábado, es un un día de descanso sagrado. Se prohíbe en el Shabat más ortodoxo trabajar, cocinar, usar aparatos eléctricos, labores domésticas, y en general, cualquier tipo de actividad que implique no centrarse en lo que pasa en la propia mente y en el propio entorno. Lo que se puede hacer en el Shabat es, por ejemplo, escuchar música, bailar, meditar, rezar, hacer el amor, estar con la familia y en definitiva, a llenarse por dentro, a crear el territorio idóneo para amar y amarse.

Hoy cumplimos 17 días confinados y es sábado. Hemos estado muy judíos (que no jodíos) y nos hemos dedicado a tomar el sol, jugar leer, y escuchar música. Hemos comido pan, pistachos, nueces y frutas, como los elfos. En algún momento alguien ha preguntado la hora qué era y nadie le ha contestado. A fin de cuentas ¿qué importaba? Estábamos ahí. No había otro sitio al que ir. No hay prisa.

Siempre tengo mis libros más queridos esparcidos por ahí, como si fueran flores dispersas que crecen por los rincones más inesperados. Algunas veces busco alguno, y no lo encuentro y en cambio, encuentro otro que en realidad también me apetecía leer.

Esta mañana curiosamente me ha aparecido El arte de amar, de Erich Fromm. Que es uno de los pocos libros que recomiendo casi a todo el mundo sin excepciones y que además es idóneo para un largo día de Shabat. Es un libro precioso, en el que se tratan temas muy universales con enorme sensibilidad, y que no teme entrar en terrenos más complejos y dolorosos sin perder en ningún momento su belleza o su capacidad de hacerte feliz.

Erich, que era alemán y judío, propone en su libro aprender no hacer nada como requisito indispensable para poder amar en plenitud. Es muy difícil centrarse en una persona, en varias, o en la vida misma si uno está distraído con miles de cosas externas. Erich considera que aprender a no hacer nada es dificilísimo, y eso que no conoció Internet.

Es de esperar que para este autor el concepto del Shabat es importante, y en su obra encontramos estas palabras:

El shabat es un día de alegría, porque ese día el individuo es plenamente él mismo. Por ello el Talmud llama al shabat la anticipación del tiempo mesiánico, y al tiempo mesiánico el shabat interminable: el día en que la propiedad, el dinero y la aflicción y la tristeza no tiene cabida; un día en que es abolido el tiempo, y solo domina el ser puro espiritual.

Nosotros disfrutamos del Shabat, y le regalamos este largo Shabat al planeta, que ahora mismo, en mil millones de lugares, está limpiándose, reiniciándose, creando vidas nuevas, regenerando hábitos, aprovechando a toda velocidad estas vacaciones inesperadas de humanos hiperocupados.

Muchas veces pienso en lo que pasará cuando podamos salir de casa, pero en realidad, no pasará nada que no conozca ya. Lo que me espera fuera es poner a prueba todo cuanto debo aprender aquí.

Lo más nuevo y estimulante que vamos a vivir en mucho tiempo está pasando justo ahora. No más adelante, no en cinco meses, no cuando todos nos curemos, no el año que viene. Ya mismo.

Parar es importante. Un aprendizaje que va a determinar el futuro del mundo en el que vivimos. Podemos aprender ahora.

Shabbat Shalom!

Nos vemos en los balcones.