Diario de cuarentena: 1001 maneras de hacer tu propia mascarilla

Publicado: abril 6, 2020 de Cristina Lago en Otras reflexiones
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Querido diario,

Si me dijeran hace unos años que iba a estar viendo por internet vídeos sobre cómo fabricar tu propia mascarilla casera, no hubiera dado crédito. De verdad.

El caso es que por increíble que parezca, sigue siendo virtualmente imposible comprar mascarillas desechables, con lo cual mucha gente ha sacado su lado más DIY y se han puesto a sacar tutoriales como locos. Desde lo más simple y genial, que es enganchar un foulard con dos gomas del pelo (muy top), hasta un complicado armatoste con gorra y funda de plástico, hay versiones para todos los gustos y los colores. Si se prolonga mucho el confinamiento, vamos a poder asistir al nacimiento de todo un imperio de moda mascarillera. Mascarilla de entretiempo, mascarilla cyberpunk, mascarilla fit, mascarilla trap…Y el Mercadona hará las veces de Pasarela Cibeles.

Aunque con algunas estás medianamente normal, pero con otras parece que acabas de escaparte de la Cúpula del Trueno.

Nos encontramos a día 25 de cuarentena y la gran novedad es que el gobierno ha anunciado una prórroga del confinamiento por 15 días más. No ha sorprendido a nadie. Seguimos con los hospitales saturados, muchos contagios y enfermos en la UCI y aunque al parecer la epidemia empieza a estabilizarse, todavía quedan muchas incógnitas que despejar sobre el futuro. Seguimos sin cura para este virus y no sabemos qué pasará cuando venga el calor o cuando la gente regrese a la vida (más o menos) normal.

Mi sentimiento de estos días es un tanto apático. Las mañanas entre unas cosas y otras, se me pasan rápidas, pero las tardes últimamente se vuelven densas, pastosas e interminables. Aprovechando ese aburrimiento que precede a la creación, saco un proyecto de novela fantástica y me pongo a escribir a ratos, lo cual me ayuda a recordar cuán largo y lejos viajamos cuando imaginamos. Esto también me lleva a fugarme hacia el último gran viaje que hice, que fue a Tailandia y a rememorar ese paseo salvaje por el río Kwai en una barquichuela endeble cargada de maletas. De ahí mi cabeza salta a Cuba, a la ciénaga de Zapata: un lugar mágico y oscuro, de lagunas insondables circundadas por palmeras e invadidas por manglares.

Pronto me encuentro de nuevo caminando por Capri y encontrando aquella hermosísima iglesia con un suelo de azulejos tan impresionante, que estaba prohibido pisarlo. Al otro lado del mar, Nápoles, con sus callejas llenas de basura y ropa tendida, sus ruidosos mercadillos, sus iglesias renacentistas que casi se te echaban encima al doblar cualquier esquina.

De Nápoles camino mentalmente hasta Egipto y cierro los ojos para reencontrar el amanecer más dorado sobre el río Nilo y de río en río, me paso al Moldava, que me recuerda la exquisita estampa de una ciudad tan bella como poco acogedora. Praga, donde la luz de los ventanales en la catedral de San Vito me hicieron dudar sobre si realmente no creía en Dios; donde dos policías me fueron a buscar a mi hotel para revisar mi documentación (aquí veis que tengo un imán para estas cosas); donde me deshice entera en el campo de concentración de Terezin y donde no conseguí comer en condiciones ni un solo día.

Agridulces recuerdos que no tienen nada que ver con aquel otro viaje a Rumanía, muchos años atrás. Recuerdo un alocado viaje en taxi desde Bucarest a Brasov, con un taxista que sólo hablaba en italiano y que nos cobró apenas 50 euros por casi 3 horas de viaje y otro viaje en tren por los Cárpatos, a unos 20 kilómetros por hora, a través de un espectáculo de montañas más verdes que la montaña más verde de Irlanda.

Y hablando de Irlanda, se me queda tan lejana en el tiempo, ya. Pero nunca se me olvidará que fue el país en el que di mi primer beso ¡con un irlandés, para más señas!. Tengo más fresca a su vecina Escocia, y una panorámica del valle de Glencoe que no se borrará de mi cabeza en mi vida, como tampoco se me olvidará la increíble colección de Bed & Breakfast que encontramos por el camino, desde una lujosísima casa llena aterradoras muñecas de porcelana, hasta una granja espectacular al lado del lago Ness.

En estos días me doy cuenta de lo importante que es hacer de tu cabeza un buen lugar para vivir. Sobre todo cuando te toca un confinamiento de estos. Agradezco tener tantos buenos  recuerdos a los que viajar. Por supuesto, podría viajar a los malos recuerdos, pero siempre fui una muchacha práctica.

Mañana será otro día, señorita Escarlata. No se olvide de su mascarilla.

Nos vemos en los balcones.

Continuará…

 

 

comentarios
  1. Ana dice:

    Jajajaja buena entrada acerca de las mascarillas, para mi ir a Mercadona ya me parece de lo más aterrador, precisamente hoy fuí y era de las pocas personas que no la llevaba y una cajera me echó un bronca de narices, así es el carácter manchego…que era una irresponsable por no llevarla…así que esta tarde mi madre cosiendo mascarillas que le ha enseñado una vecina… como dices Cristina, quien nos diría esto…estar fabricando mascarillas! Por cierto voy a ver lo del fular…jajaja
    Me ha gustado mucho tu paseo por el mundo, cierto es que viajar es uno de los grandes placeres de la vida y llenarse la cabeza de buenos recuerdos me parece una idea estupenda!
    También me he dado cuenta de que se nota cierto nerviosismo en las conversaciones de grupos de wasap en donde todo el mundo opina sobre un tema sin tener mucha idea e imponer su criterio..así que yo he decidido mantenerme al margen porque me estresan…
    Gracias una vez más por este diario lleno de bonitas experiencias Y con su toque de humor…
    Un fuerte abrazo y buenas noches confinadas

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  2. Laura Claisen dice:

    Me ha encantado viajar contigo a través de tus palabras. Y me ha encantado también pensar que siempre podremos escoger volver a los recuerdos buenos, y no a los malos, que ya hicieron su función y que ahí se quedaron (por suerte).

    Nos vemos en los balcones!

    Abrazos,
    Laura

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