shrek

De príncipe a ogro o de princesa, a ogresa: dícese de la metamorfosis repentina que sufren nuestras parejas en el exacto momento en que empezamos a asimilar que nos han dejado.

La maravillosa y perfecta media naranja que vino a iluminar nuestras vidas pasa a ser un desaprensivo psicópata que nos ha arruinado la existencia.

La energía no se destruye, sino que se transforma; y toda esa energía que llamábamos amor, se transmuta en odio visceral, despecho y antipatía. Lo mejor de nuestras vidas resulta que se convierte en lo peor de nuestras vidas y a pesar de la «ogrización» del ser que nos ha hecho trizas el corazón, lo cierto es que al generar toda esta corriente de negatividad, no aceptación, rencor y rabia, somos nosotros quienes nos hemos pasado al lado oscuro de la Fuerza y por tanto, quienes nos regalamos un sufrimiento que como dirían los budistas, es opcional.

Ante la tentación de convertir al ex en la encarnación de la vileza (y de la inmadurez y de la cobardía y del egoísmo) por nuestro propio bienestar, debemos generar la actitud mental correcta para evitar en la medida de lo posible caer en el efecto Shrek.

Nuestro primer ejercicio será, pues, ver con objetividad nuestro papel en la relación y responsabilizarnos de lo que hemos aportado, para bien o para mal, en la misma. Si la relación se generó entre dos personas, lo malo o bueno que exista en ella también es resultado de la acción y reacción de esas mismas personas.

Analicemos cuántas situaciones hemos vivido en la relación que hemos tolerado PORQUE HEMOS QUERIDO.

Analicemos cuántas veces ante estas situaciones, LAS HEMOS JUSTIFICADO.

Una vez realizada esta introspección inicial, es momento de pasar al siguiente ejercicio. Es momento de reflexionar sobre qué parte de esa rabia que generamos hacia el ex o la ex, es producto del ego. El amor es un sentimiento que nos engrandece, no que nos envilece. Un pensamiento de auténtico amor siempre es positivo: «me alegro de tu felicidad, aunque no sea a mi lado«. Un pensamiento egoico sin embargo giraría en torno a la venganza, al desear la desgracia ajena, a esperar una revancha…y lo que subyace bajo todo esto es «te odio porque no me has dado lo que necesito».

Los antídotos perfectos para combatir un ego que nos genera sufrimiento debieran ser así:

Nadie en este mundo, excepto yo, ha nacido para responsabilizarse de hacerme feliz.

Debo vivir el presente. No puedo confiar mis expectativas de felicidad al futuro: porque el futuro no existe. Ni estancarme en el pasado: porque el pasado se fue

No es un fracaso: es una experiencia.

A partir de ahora adquiero el compromiso de aprender de la experiencia, madurar, crecer y buscar mi propio camino sin depender de las acciones de los demás

Sólo haciéndonos cargo de nosotros mismos, abandonando el papel de ultrajados, buscando la conexión con nuestro interior y empezando a trabajar el perdón, dejaremos de temer a Shrek y empezaremos a ver a los ex, como seres humanos que aciertan y se equivocan, como nosotros mismos.