El miedo a la soledad

Publicado: junio 2, 2014 de cristinalago en ¿Quieres cambiar? Entra aquí
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La soledad es una gran fuerza que preserva de muchos peligros, decía Lacordaire. Desde muy pequeños, se nos alienta a compartir, a alimentar vínculos, a exponernos al mundo. La soledad, sin embargo, es territorio desconocido. ¿Por qué tenemos tanto miedo a estar solos?

A lo largo de la vida, mantenemos relaciones con muchas personas. Gran parte de estas relaciones se iniciarán por una verdadera afinidad, o por imperativo familiar. Pero otra parte significativa de ellas las estableceremos para matar el tiempo, llenar vacíos y suplir carencias.

¿Qué significa estar solo? La soledad es el hombre del saco de los niños mayores. Antes, nuestras madres nos asustaban con inverosímiles leyendas urbanas para evitar que nos metiésemos en líos. Como adultos, los terrores infantiles se reciclan en sentencias admonitorias: pasamos del no metas los dedos en el enchufe a te quedarás para vestir santos…acabarás solo/a…no encontrarás a nadie que te quiera.

Una vez cubiertas las necesidades básicas, enfrentarse a la soledad constituye quizás uno de los retos más complejos a los que nos vemos abocados alguna vez (o varias) en nuestras vidas.

Podemos llegar a esta circunstancia de diversas maneras. Después de enganchar una relación tras otra hasta que se nos agotan los recursos emocionales y mentales para seguir construyendo amores efímeros que se deshacen como castillos de papel.  Tras vivir una relación tóxica en la que nos metimos aceptando lo inaceptable porque eso parecía mejor que no tener nada. Intentando hallar el amor de los demás en diversos medios y encontrándonos con puertas misteriosamente cerradas para las que la vida parece no habernos dado una llave.

Sea como sea, llega un punto de inflexión en el que la mayoría de las personas descubren que, al contrario de lo que se afirmaba en Expediente X, la verdad no está ahí fuera.

Cuando alguien se queda solo, no le faltarán a su alrededor quienes se apresten a animarle y ayudarle a abandonar ese indeseabilísimo estado. Como si la soledad fuese una enfermedad con riesgo de pandemia que precisase tratamiento urgente. Remediando tu soledad, también remedian su miedo.

Si no te lo dicen otros, serás tú quien te lo digas. En tu cabeza, aplazarás el estar bien, feliz y satisfecho en el momento en que se cruce un nuevo alguien para sacarte de tu temible soledad. Saldrás por salir, hablarás por hablar, estarás por estar. Escribirás al whatsapp de aquel ex-rollete del que sólo te acuerdas cuando te va mal, o quedarás con ese colega para acodarte en la barra de un bar con la copa en la mano sin saber qué decirle a alguien a quien sólo utilizas para no sentirte miserable por quedarte en tu casa un sábado noche.

En definitiva, para llenar tu soledad, harás cosas que no te llenarán, lo cual, a su vez, te hará sentir mucho más solo/a.

Todos hemos caído en dinámicas similares para retrasar el inevitable momento de encontrarnos con nosotros mismos. Puede que sigas haciéndolo toda tu vida en modo piloto automático, porque nunca te enseñaron a hacerlo de otra manera; o porque nunca confiaste en tu propia capacidad para sobreponerte al miedo, al vacío y descubrir lo que se encuentra más allá de la frontera de lo que ya conoces.

Y me temo que no hay un Lonely Planet del autodescubrimiento (ojalá). Ni hay mapas. No es un viaje fácil. No es un  trayecto seguro y a veces, tampoco es bonito. No sabes lo que te espera. La experiencias de otras personas no te servirán como referente porque no se parecerán a las tuyas. Cada paisaje de la soledad es único y diferente. Cada persona tendrá que enfrentarse a sus monstruos particulares y vencerlos, o de lo contrario, seguir huyendo hasta estar lo suficientemente preparado para un nuevo combate.

Entonces ¿para qué me sirve estar solo/a? ¿Qué necesidad tengo? Si te planteas estas preguntas, ya has abierto la ventana de la posibilidad en la celda de tu mente. Hay dos buenos motivos para estar solo: el primero, que es la mejor manera de aprender a quererse a uno mismo (ya que no hay nadie más que nos distraiga); y la segunda, porque la soledad nos desconecta de lo superfluo para conectarnos con la verdad de lo que somos. Y eso, significa libertad.

¿Y si la soledad me vuelve tarado, neurótico, raro, huraño? ¿Y si me convierto en el hombre del saco o en la loca de los gatos? ¿Y si acabo en un parque dándole de comer a las palomas y hablando solo/a?

Si eso es lo que temes, puedes respirar tranquilo. Estar solo contigo mismo es un regalo que te ofrece la posibilidad de curar heridas, restituir tu esencia personal y recuperar la energía perdida en las incursiones por el mundo exterior.

La soledad no enferma. A veces, sobreexponerte constantemente a establecer relaciones con personas inadecuadas en momentos en los que no estás preparado, sí lo hace.

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comentarios
  1. Susana dice:

    Como siempre, me encantan tus posts, cuánta razón en todo lo que escribes! En esas estoy yo, deseando empezar esa nueva etapa de soledad, deseando estar conmigo misma y aprender a conocerme un poco más y disfrutar de mi compañía! Gracias por haberme ayudado a llegar hasta aquí serena, con fuerzas y con ilusión!

  2. Me parece muy acertado lo que comentas, creo que el gran dilema de las relaciones comienza con las ideas preconcebidas y las expectativas (sociales, emocionales, entre otras), que nos impiden aprender a estar con nosotros mismos.

  3. Juan Pedro dice:

    “Y uno aprende…
    Después de un tiempo,
    uno aprende la sutil diferencia
    entre sostener una mano y encadenar un alma.

    Y uno aprende…
    que el amor no significa acostarse
    y una compañía no significa seguridad.
    Y uno empieza aprender…
    Que los besos no son contratos
    y los regalos no son promesas.

    Y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos.

    Y uno aprende…
    a construir todos sus caminos en el hoy,
    porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes,
    y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.
    Y después de un tiempo uno aprende…
    que si es demasiado, hasta el calorcito del sol quema.

    Y aprende…
    a plantar su propio jardín y decorar su propia alma,
    en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.
    Y uno aprende…
    que realmente puede aguantar,
    que uno realmente es fuerte,
    que uno realmente vale.

    Y uno aprende y aprende…
    y con cada adiós uno aprende.”
    (Jorge Luis Borges)

  4. Jorge dice:

    Me encanta esta página y los temas que trata…acabo de leer el libro “el caballero de la armadura oxidada” de Robert Fisher, y si bien me pareció algo infantil al principio, poco a poco me fui dando cuenta de lo mucho que me estaba ayudando a abrir los ojos…entonces comprendí algo…muchas veces nuestros miedos e incertidumbres son cosas que nos persiguen desde edades muy tempranas de nuestro ser, y con el paso del tiempo le vamos agregando adornos y guirnaldas hasta cubrirlos casi en su totalidad…desaparecer no desaparecen, siguen ahí, sólo que el bosque no nos deja ver el árbol, y a medida que pasa el tiempo y nos volvemos “adultos”, nos encontramos con complicaciones lógicas y otras no tanto, eso sí, muy actuales y que merecen toda nuestra atención. Le queremos explicar a nuestro adulto real cómo son las cosas, y de pronto, luego de una gran búsqueda interior, forzada quizás por una soledad necesaria para tal propósito, -y acá comienzo a hablar en primera persona- descubrí algo interesante…quien motivaba mis miedos más persistentes no era un adulto, sino un pequeño niño interior que aún buscaba las respuestas que siempre le negué por no prestarle atención…mis miedos actuales eran sus miedos, los mismos, a pesar de los años transcurridos. Quise ilustrarlo con mis saberes de adulto…y le hice un compendio de libros, experiencias y todo lo que me fuera posible para volverlo tan inteligente y eficaz como fuera posible…pero no me entendía…-claro-, pensé …-se trata de un nene, y debo hablarle como tal…!- satisfecho de mi lucidez comencé a modular exageradamente mis labios ayudándome de no menos exagerados movimientos corporales, recordando e imitando a mi maestra de jardín. Me miró como a un bicho raro, y admito que me sentí un poco ridículo… quedé un largo rato en silencio si saber que hacer, hasta que, para mi sorpresa, con una voz muy dulce y una sonrisa que casi había olvidado que la tenía, me dijo…:¿ qué tengo que hacer para que te des cuenta que sólo necesito un abrazo…?

  5. Paco dice:

    Gracias Cristina como siempre.

    Dices verdades como puños y siempre haces fácil lo que es para uno un mundo.

    Yo la teoría más o menos la tengo clara, que no debo de buscar nada en nadie, que toda mi felicidad depende de mi, pero me cuesta horrores aprenderlo a hacerlo. No soy capaz. Busco la droga fácil de otra persona que me aporte esa chispa, aún a sabiendas de aguantar relaciones difíciles y complicadas.

    Ahora mismo he terminado una relación y no lo llevo muy bien.

    Debería de alegrarme por haberla terminado y aún estoy pensando si me llamara y tontadas así.

    No se como pasar el mono de saber estar sólo.

    Lo llevo fatal.

    Dame ideas que me hagan ser más feliz en este momento

    Gracias de nuevo

    • cristinalago dice:

      ¡Hola Paco!

      Yo ese mono lo pasé en su momento a duras penas y con alguna trampa, así que lo mejor que te puedo decir es que aguantes el tirón gordo, que es el del inicio, y trates de solventarlo como puedas a base de deporte (aunque sea salir a caminar en plan fast & furious), intentar comer algo -que si no comes la serotonina se va por el caño y te sientes aún peor- y permanecer lo más lejos posible de móviles e internets…que generan todavía más ansiedad en el desenganche.

      Las malas noticias es que hay que pasarlo. Las buenas noticias, es que no dura mucho.

      A mí me ayudaron mucho dos cosas: 1) pensar que tenía que pasar por todo aquello para que algún día pudiera conocer el amor de verdad; 2) pensar que cada día era toda una vida, que nacía por la mañana y moría por la noche, y que lo único de lo que tenía que preocuparme era de hacer lo mejor posible ese día para mí. Cada vez que me acostaba, pensaba ¿qué he descubierto hoy, qué he aprendido, de qué he disfrutado?

      Ah, e intenta hacer algo que no hayas hecho nunca. Para nuestro coco, la sacudida de verse afrontando experiencias nuevas, es una ayuda inestimable para ayudarnos a cambiar patrones repetitivos.

      Abrazos y ánimos

  6. Marina dice:

    Me encanta el post.
    Después de 9 años de relación, de idas y venidas, decidí que era el momento de finalizar una relación que sólo se basaba en darnos compañía mutuamente…me sentía acorralada y ahogada con esta persona…pero ahora sólo pienso en los buenos momento, en nuestras bromas y risas y me dan bajones cada media hora …y de lo único que tengo ganas es de estar sola , encerrada y ermitañeando en casa…
    Por q las relaciones tienden al desamor? Por que a pesar de una bonita amistad con esta persona llevabámos más de un año sin deseo sexual , sin ganas de tocarlo?
    Poco a poco imagino iré saliendo de todo este bucle…él y yo espero.

  7. lobo estepario dice:

    Me encanta esta pagina y los temas acertados y puntuales que te llegan e identifican como puños a la cabeza , se siente que es a ti a quien se dirigen con total realismo,observo que todos los humanos somos una constante de temores sueños y frustraciones que se repiten….admiro profundamente a Cristina Lago por su nivel de observación y psicología aplicada a las relaciones de pareja y su total sentido común.

  8. Miguel dice:

    Solo puedo decir, gracias, Cristina.
    Este blog es el salvavidas al que me agarro cada vez que siento el pánico al pensar que me hundo en mi soledad.
    Mi última relación, no sé por qué razón, me ha hecho ser consciente de mis miedos, de mis carencias. He dicho que no sé por qué razón, pero puede que ésta sea haber visto en mi ex pareja una persona plena, una persona que tras sufrir un divorcio supo seguir adelante. Una persona valiente que volvió a abrirse al amor. Una persona que se forjó una vida llena de amigos y de aventuras, de conocer gente y sitios nuevos, de luchar por su hijo, una vida llena de optimismo y de alegría, de sonrisas y de siempre querer ver el sol en los días nublados. Todo lo que yo no soy capaz de hacer. Y siento envidia.
    Creo que la he querido. No sé si era más miedo a la soledad que amor, pero en cualquier caso no la he querido bien. He puesto mucho empeño, pero no ha sido suficiente porque no era libre de mis miedos.
    Estoy sufriendo mucho porque el tiempo (8 meses ya desde la ruptura), la distancia, y el trabajo de introspección que estoy tratando de hacer, me están haciendo valorarla ahora como no supe hacerlo cuando estábamos juntos. Y digo esto con las debidas cautelas y tratando de ser consciente de estar idealizándola.
    A pesar de tanto dolor, tengo que agradecerle que haya sido su determinación la que me haya arrojado por fin al mundo de la consciencia. De darme cuenta de lo mal que he venido queriendo hasta ahora a lo largo de mi vida. De haber puesto al descubierto mis miedos e inseguridades, tantas que me da pánico pensar el arduo y casi inabordable trabajo personal que tengo por delante.
    Afectívamente hablando soy un niño a mis 39 años. Espero que esta vez, todo este dolor, todos estos miedos que he estado tapando con relaciones sin fundamento, me hagan madurar, crecer, ser mejor persona y, por fin, aprender a quererme, dejar de sentir miedo a la soledad, tener una vida plena en mis gustos, y aprender a amar de verdad a otra persona.

  9. Dario dice:

    Hola Cristina, gracias por todos tus artículos, si hay angeles que den luz en este mundo, obviamente te han asignado a ti esa misión, eres una de las elegidas..jejeje.

    Llevo la mayor parte de mi vida sintiéndome en soledad, lo malo, que no es por que disfrute de ella, sino porque me veo abocado a ella casi siempre, no logro que las personas permanezcan en mi vida.(eso a pesar de que prácticamente todos los que pasan por mi vida me dicen que soy una buena persona e inteligente)

    Ahora, ya, ha sido total, pues he perdido trabajo, pareja (me deja diciendo que no siente lo que tiene que sentir, curiosamente quizá haya sido la pareja que he tenido que mas me he volcado con ella) y no tengo amigos prácticamente.
    He hecho introspección interior y sigo haciéndola, creo que he cambiado de pensar en muchos aspectos, pues con esta situación actual en otros momentos de mi vida me habría hundido totalmente y por lo menos no tengo esa sensación, como conclusión, creo que todo lo que me va pasando, (el quedarme solo casi siempre. varias rupturas sentimentales seguidas, etc) es un mensaje claro de la vida que me esta diciendo que no me quiero lo suficiente e intento cambiar cosas en ese sentido y la verdad es que a ratos tengo buenas sensaciones hacia mi mismo, pero ¿como consigues avanzar aunque aprendas a quererte mas, a sentir mas fe en ti mismo y a aceptarte , cuando los recursos que reconoces en ti no van en consonancia con lo que realmente te gustaría materializar? Poder entablar nuevas amistades, parejas con base en el amor y no en dependencias o necesidad,etc, si por mi forma de ser , no consigo integrarme con facilidad, salvo que haya gente conmigo que me integre, como amigos o parejas o circustancias del trabajo, ahora ya no queda nada de eso, solo estoy yo y aunque mejoro en actitudes, no consigo por mi mismo que fluyan las cosas y tampoco soy ningún crio, pues tengo ya 44,no quisiera hacer lo de siempre, pero es que no se como hacerlo de otra forma, espero tu comentario y gracias por adelantado.

    Saludos y Besos desde el corazón.

    • cristinalago dice:

      Hola Darío,

      Yo soy una persona introvertida y durante mucho tiempo en mi vida luché por cambiar y por ser capaz de acercarme a las personas, de conectar de alguna manera con ellas, pues me sentía realmente muy sola. Por soledad admitía como compañía a cualquier persona y por soledad empleaba mucho tiempo y esfuerzos en agradar a gente que en realidad ni siquiera me importaba demasiado. Se hacen muchos “amigos” cuando uno no tiene listón, y tan pronto como vienen, se van, dejando a su paso una pesada sensación de vacío.

      Yo he aprendido la amistad como he aprendido el amor, a base de pérdidas, fracasos y muchos errores de apreciación. Pero dado que no tengo una vida social hiperactiva, ni muchísimos amigos, mi consejo será muy humilde. Que dejes de intentar gustar a la gente. Que te gustes tú y lo que haces. Ahí es cuando tendrás amigos y parejas buenos y duraderos.

      ¿Cómo se hace esto? Pues en mi experiencia, fue preocupándome por hacer cosas que a mí me apeteciesen de verdad, sin preocuparme demasiado en si esto le gustaba o no a otras personas.

      También te diría que no te pongas metas muy grandes, a largo plazo al respecto. Dices que quieres entablar nuevas relaciones con base en el amor y la amistad y no en la dependencia y yo empezaría por algo mucho más sencillo: en que las que ya tienes, sean mejores de lo que son ahora.

      Abrazos!

  10. Aura dice:

    Yo he sido siempre una persona muy solitaria por elección. Apenas he tenido parejas a pesar de mi edad, aunque también es verdad que he sido más bien de enamorame y no ser correspondida o de huir cuando veía que alguien se interesaba por mí y no darle una oportunidad. Como soy muy insegura, supongo que eso ha sido una gran baza para haber puesto pies en polvorosa al ver acercarse a algún Romeo, y el paso de los años, la verdad, no ha ayudado mucho a hacer lo contrario.

    Sí es cierto que dada esta tendencia solitaria en mi vida, me acostumbré a no necesitar a nadie junto a mí. Mi independencia y mi libertad al estar sola durante años es algo que he valorado muchísimo y no lo sacrificaba por nada, ni nadie. No sé si he llegado a conocerme totalmente pero sí sé que estaba a gusto con mi estado. Pero de pronto llega alguien que me cambia los esquemas, que me trastoca la vida y me hace replantearme si no habré vivido autoengañada por mis inseguridades y en realidad lo que me gustaría es tener una pareja, alguien con quien compartir cosas y experiencias. Porque ha sido a raíz de esta última relación en la que sí decidí lanzarme (aunque no fuera precisamente la más indicada al estar él casado, pero reconozco que su estado civil era mi salvoconducto para mantenerme alejada de un compromiso) es cuando me he dado cuenta realmente de lo sola que estoy. De lo sola que he estado siempre. Lo sabía cuando tengo que lidiar con temas familiares o incluso personales pero en los que piensas que alguien te tenderá una mano y al final te tienes que sacar tú las castañas del fuego, pero sentimentalmente no había sido consciente, o quizá nunca quise ser consciente ya que eso sería ir más profundo y remover esas inseguridades, esos temores…

    La verdad que ahora estoy en un punto en el que no sé si me da miedo la soledad, si es mejor volver a abrazarme a ella y seguir autoengañándome o qué hacer. Tantos años con una “creencia” personal y de un plumazo, el corazón te recuerda que está ahí y que sería bonito compartirlo con alguien.

  11. Maria dice:

    Hola Cristina!,

    La última frase es magistral…

    Un abrazo muy fuerte

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