pareja ruptura

Era una buena relación. O quizás no lo era tanto. Pero se fue sin explicaciones. Dijo que necesitaba estar solo/a, que tenía demasiados problemas, que se marchaba o no dijo nada; simplemente desapareció. Y todo sucedió de la noche a la mañana ¿Qué ha pasado?

Cuando alguien muere, se le entierra, se le despide y se hace un duelo. Cuando alguien desaparece, queda una incógnita abierta. ¿Está vivo, está muerto? Lo mismo sucede cuando una pareja se marcha sin dar una explicación. Lo que sucede es que nos atascamos en el enigma: ¿por qué? ¿qué pasó? ¿qué hice? ¿me engañó?

De la noche a la mañana tenías un lugar cómodo en el que refugiarte; ahora estás con el culo al aire y durmiendo al raso. De la noche a la mañana, algo que creías cómodo, seguro y eterno, se ha esfumado dejando en su lugar un dolor perplejo con forma de interrogante.

No sólo es que te rompan el corazón en mil inmisericordes pedacitos, que a veces también: no, es todavía algo mucho peor que eso. Te han destrozado el ego. No merecíamos esto (como si lo hubieran hecho pensando en lo que merecíamos o no).

A pesar de todo, no existe un de la noche a la mañana.

La otra persona ya llevaba tiempo alimentando la idea de dejarte, hasta que un día lo tiene todo tan mascado que toma la decisión y se marcha sin más.

Y tú te preguntas ¿no me lo podría haber dicho antes? ¿comentarme sus dudas, hablarlo, intentar solucionarlo juntos? ¿ir preparándome para esto, por lo menos?

No entiendes nada. Lo peor es que no sabes si sería mejor entenderlo o no.

Las malas noticias son que cuando alguien te deja y todavía le amas, nunca encontrarás ninguna justificación aunque se te den todas las explicaciones más razonadas y detalladas del mundo. La cuestión es que tú no quieres que te dejen y nada de lo que te digan será suficiente razón como para provocarte un dolor semejante. Aunque sea un no te quiero y punto.

Pero hay un dolor especial en el hecho de que alguien se marche sin decir adiós. Porque uno añade al agravio de ser dejado, el de ser ninguneado. ¿Es que ni siquiera merezco que me lo expliquen? El desamor de pronto se ha convertido en un concurso de méritos.

Lo cierto es que en la vida, tendrás que asimilar la evidencia de que las personas no actúan como tú lo harías, o como tú esperarías o como te haría sentir mejor. Si todos fuésemos robots programados para funcionar en base a un programa concreto, esto sería posible y plausible. Pero de momento, somos humanos. O a aprendemos a amar la defectuosa y a veces cobarde y egoísta humanidad que hay en nosotros, o mejor esperar a que inventen robots para tener relaciones asépticas, seguras, predecibles y perfectamente controladas.

A veces te darán respuestas y a veces no. Y con todo ello tendrás que aprender a vivir sin que te hunda. O hundirte para darte cuenta de que en el fondo, la única persona que puede darte una respuesta que te satisfaga, eres tú.

Si una persona se aparta de tu lado y desaparece, el mensaje es el mismo: no te quiero, no deseo estar a tu lado y no soy feliz contigo. Y esto no tiene que ver con que tú hayas hecho nada malo. Sólo que mi camino tiene que ir por otro lado.

Quizás podría haber tenido el detalle de contártelo con pelos y con señales. Pero si no lo ha hecho sólo obedece a una razón: porque no ha sido capaz y ni por lo divino o por lo humano, ha encontrado la manera de hacerlo.

¿Deberías intentar pedir explicaciones? Es tu elección. Si consideras que merece la pena arriesgarte a una respuesta que no te guste o a un nuevo -y devastador- silencio, no te quedes con las dudas. Pero siempre asume que la persona, por más injusto que parezca, no está obligada de ninguna manera ni a contestarte ni a decirte lo que crees que debiera decirte para sentirte mejor.

Es más, puede que ni siquiera sepa o pueda hacerlo.

¿Qué hacer cuando te dejan sin explicaciones? ¿Hasta qué punto son imprescindibles para poder salir adelante?

Lo cierto es que necesitas pocas cosas. Necesitas comer. Necesitas respirar. Pero no necesitas explicaciones.

¿Y cómo puedo pasar página si no entendí nada? Intenta ponerte en el lugar de la otra persona y recuerda aquellas veces en la vida en las que fuiste cobarde y dejaste cabos sueltos, o pudiste decir una palabra y no lo hiciste, o expresar un sentimiento a alguien que te importaba yte callaste. O todas las veces que causaste daño a alguien precisamente por intentar no hacerle daño. Comprende que el dolor esencial no es la falta de explicaciones, sino el hecho de que te hayan dejado. Y perdona, tal y como lo harías con un hermano; como lo harías con un amigo; como lo harías por ti mismo.

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