Los amores famélicos

Publicado: octubre 31, 2014 de cristinalago en Los amores patológicos
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Consigues parejas con facilidad: en ocasiones incluso las solapas. Eres experto en jugar al príncipe o a la princesa y llevar al otro a tu terreno:  pero en cuanto consigues el objetivo, de repente te aburres, te frustras y buscas un nuevo reto. ¿Qué sucede si te encuentras con alguien que juega a lo mismo que tú?

Con tantas personas en este planeta tierra dispuestas a cuidarte, mimarte, hacer sentir bien y cubrir tus necesidades afectivas…¿para qué voy a estar solo/a?. Como un niño muerto de hambre que llega a la tierra de la abundancia, así funcionamos cuando dependemos afectivamente de otros y nos es sencillo darles lo que necesitan, para que nos den lo que necesitamos.

Esta mentalidad, te sonará: ya sea por ti mismo/a, ya sea por la cantidad de personas que te rodean y que empalman una relación tras otra con una pasmosa celeridad y para las cuales, estar consigo mismos les suena a superchería de autoayuda inventada por alguien que nunca follaba.

Emparejarse constantemente, para el dependiente, es la medida de su valor como personas: si tanta gente me desea como pareja, entonces debo ser alguien excepcionalmente seductor, interesante o atractivo. Sin embargo, éste es el punto de partida a muchas relaciones mediocres con personas a las que hemos elegido sin mucho más criterio que unos cuantos rasgos superficiales (su físico, su cultura, su patrimonio, su estatus, o simplemente, su disposición a querernos).

A medida que pasa el tiempo y la persona emerge desnuda del traje de idealización que nuestras expectativas le han calzado, nos encontramos con un perfecto extraño con el que jamás conectamos del todo, porque estábamos demasiado ocupados construyendo una fantasía narcisista para compensar quién sabe qué lejano abandono afectivo de nuestro pasado.  Y no en conocer realmente a la persona que tenemos al lado y a quien llamamos pareja.

Así pues, no conseguimos parejas por ser extraordinarios, sino porque nos unimos a cualquiera. Mientras seamos los que dependamos en menor medida, podremos seguir cambiando de vínculo superficial a vínculo superficial, sin aparentes daños, hasta pudiéndonos dar una palmadita imaginaria en la espalda con esta aleccionadora frase: es que aún no he encontrado a la persona adecuada.

Ten cuidado con lo que deseas, porque podría hacerse realidad.

Es cuestión de tiempo que en esta espiral progresiva de dependencia, encuentres a alguien que se convierta en el reto inalcanzable. Te encontrará ya desgastado/a, con un vacío cada vez más urgente y más dependiente que nunca: y será alguien a quien tú necesites más de lo que te necesite a ti.

Por supuesto, esta persona se convertirá automáticamente todo lo que siempre has buscado y nunca has conocido: alguien que te quiera tan poco como tú te quieres a ti mismo.

No lo sabrás en ese momento. Sentirás una imparable ansia de conquista. Necesitarás estar constantemente a su lado. Harás lo que sea y cuanto sea, para que este príncipe o esta princesa no pierdan su corona y no pasen a formar parte del montón desechable de personas que al final, no eran las adecuadas.  Será el amor de tu vida, la persona que te completa, aquel o aquella que por fin te ha curado, te ha salvado y te ha llenado.

Pronto, te darás cuenta de tu error de cálculo.

Si te correspondiese en la misma medida en la que tú lo deseas, comprenderías que el proceso hubiera seguido su curso como siempre: una vez cazada la presa, te hubieras aburrido y habrías saltado tarde o temprano, a una nueva conquista.

Pero no se deja. La diferencia no es en que esta nueva persona sea especial, ni la bomba, ni el hombre o mujer de tus sueños. La diferencia reside en que no te acaba de dar el dulce: te lo pone entre los dientes y lo retira antes de saborearlo del todo, en ese juego de egos que, desde el otro lado, tú has desempeñado tantas veces.

Este te doy y te quito, te mantienen en un estado de idealización permanente, de enamoramiento que no trasciende al amor: un estado de carencia perpetua que te hace sentir condenadamente bien y condenadamente mal al mismo tiempo.

La otra persona no parece atenerse a esa especie de ley cósmica que dice que todo amor inefable ha de ser irremediablemente correspondido. ¿Cómo no puede sentir lo mismo que tú? Se aburre, se distancia, se agobia, pide tiempos, va y viene, aparece y desparece y todo este proceso opera en ti como la mejor de las drogas duras, alternando éxtasis y desesperación en adictivas dosis mientras te devanas para hacer lo posible e imposible que mantenga el interés fugitivo del otro. Te conviertes en tu mejor versión, o mejor dicho, en tu versión irreal: eres su terapeuta, su Sandokán, su geisha, su animador sociocultural, su galán de película, su princesa desvalida, su cocinera, su showman..

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 Y lo peor no es esto. Lo peor es que pese a todos tus esfuerzos, el vacío sigue ahí, congelándote la nuca.

Juegas a la frialdad, reprimes cuanto sientes para no perder el poder: pero ya lo has perdido. La seducción, los juegos, el tira y afloja…no sirven. Este es un juego nuevo, con reglas que ya no conoces.

En realidad, sí sabes cómo se juega. Pero siempre has jugado en la posición de dominio: nunca de dominado. Has rechazado la necesidad de otras personas y ahora, como una maldición kármica, empiezas a ver como alguien rechaza la necesidad que hay en ti.

¿Pudieron hacer algo tus otras parejas para que no las dejases; para que las quisieses?

Es hora de afrontar que tú tampoco puedes hacer nada para que otra persona te quiera.

Es hora de afrontar los duelos pendientes, el dolor sobre el que has ido apilando viejas y nuevas relaciones, las pérdidas, las despedidas que no hiciste, los perdones que no pediste o concediste. Es hora de hacer las paces con lo que has sido, con lo que eres y prepararte para lo que hayas de ser.

Quizás esta persona no sea el amor de tu vida: pero puede que sea la lección de tu vida.

Seguir o no seguir con en este juego corre de tu cuenta: cada persona tiene su propio límite de sufrimiento. Quizás, lo que tú eres en este momento, sólo puede contemplar un único camino. A veces hay que quemarse hasta las cenizas para convertirse en alguien distinto, capaz de encontrar caminos diferentes.

¿Porqué necesitamos encadenar relaciones compulsivamente? Al igual que cuando respiramos, inspiramos y exhalamos, necesitamos pasar tiempos fuera y dentro de nosotros para conservar nuestro bienestar emocional. Cuando esto último se torna insoportable por la angustia que produce, existe algo -que proviene de nuestras relaciones más tempranas- que falló o faltó en nuestro sistema afectivo y que es el sustrato para una buena autoestima.

Los amores famélicos son relaciones parasitarias en las que te refugias en las faldas o en los pantalones de tus parejas para no afrontar la responsabilidad emocional de tu propia vida. Siempre que exista esta necesidad de fondo, todo vínculo que generes, acabará enfermando.

Antes de buscar otra pareja para encubrir estas carencias, date un tiempo para descubrirte, reflexionar sobre tus antiguas relaciones y comprender tu papel en ellas y averigua lo que realmente deseas de esta vida y qué buscas. Construye tu propia tierra de la abundancia.

Sólo al elaborar este proceso, podrás estar en paz contigo mismo y empezar a vivir relaciones en plenitud, en lugar de amores famélicos.

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comentarios
  1. CorazónRoto dice:

    Oh es el dulce que por ahora le sabe bien

  2. reina dice:

    Tan demoledor como real. Me ha encantado la frase “un estado de carencia perpetua que te hace sentir condenadamente bien y condenadamente mal al mismo tiempo”. Refleja la esencia adictiva de muchas relaciones.

  3. Jorge dice:

    una vez más me siento desnudo frente al monitor…y me doy cuenta que a veces decir que somos únicos casi parece una mentira, dado que los errores que cometo son los mismos (exactamente iguales) que cometen otros seres humanos…sólo alguien que vivió esto podría escribir un artículo tan claro. Me saco el sombrero una vez más, y doy las gracias por ayudarme a comprender un poco más, con cada artículo que leo.

    • cristinalago dice:

      Hola Jorge,

      Esta historia, como bien has sentido, se origina en una experiencia mía, importante en mi vida no tanto por la relación en sí, sino por todo el proceso posterior. Los amores famélicos vienen a romperte los esquemas y si los esquemas no eran buenos – como era mi caso y el de tantas personas – pueden ser de las experiencias más enriquecedoras y constructivas que te haya tocado vivir.

      Eso sí, duelen y mucho.

      Un abrazo fuerte 🙂

  4. tere dice:

    Hay un par de escritores conocidos que conozco que después de saltar de cama en cama y vanagloriarse de ello, terminaron casados con mujeres que detrás de una apariencia sumisa (curiosamente, se casaron con orientales), los tienen pillados por la entrepierna. Y bien pillados.

  5. de CorazónRoto á Corazón en Rehab dice:

    Relaciones toxicas casi viciosas! muy buen articulo

  6. jaime dice:

    no sabia que supieras de mi vida..!!!!. me has dejado atónito, me he llevado 32 años siendo un conquistador, sin saber lo que era la fidelidad..hasta que choque con la que me quitó todas ls tonterías y a la única mujer a la que he sido fiel y la única a la que he amado. hasta que hace dos meses me dejó y entonces he pensado en volver a ser lo que era antes… pero no, ahora soy incapaz de ser el conquistador que fui, quizás porque aún estoy enamorado de ella

    • cristinalago dice:

      Jajajajajaja…si es que soy el Gran Hermano 😉

      En realidad el “síndrome” del cazador cazado es un clásico, yo sólo lo he condimentado con mi propia experiencia y mis sentimientos.

      No sé si tarde o temprano volverás a ser un conquistador, pero la diferencia entre conquistar y amar es tan abismal…que yo no me conformaría con lo de antes.

      Abrazos compañero y mucho ánimo.

  7. Eli GH dice:

    Wooow increíble saber que hay tantas personas que vivieron lo que yo; saber que es tan real, como yo sólo conquistaba y una vez logrado el objetivo los abandonaba, hasta que llegó él, que me hizo sentirme en el infierno y en el cielo al mismo tiempo, jugando conmigo como yo jugué con todos alguna vez. Creo que después de esta experiencia, no volveré a ser la misma persona.

  8. Helen dice:

    Este post es de los que más me gusta, lo leo ….y lo releo….

  9. jesus dice:

    Hola Cristina!
    Te escribí hace un mes, y no había leído este post y la verdad que me siento reflejado, llevo dos meses de mi ruptura y aún me muero por sus huesos, no sé si volverá, creo que no. Pero hay en mi un antes y un después de está relación.
    Un abrazo muy fuerte y que sepas que me encanta todo lo que publicas.

  10. Matilda dice:

    Hola Cristina!

    Hace ya dos años que descubrí este blog y la verdad es que no hay una sola entrada que me resulte totalmente ajena, con la que no me sienta en parte o totalmente identificada. Me parece que tienes una habilidad increíble para poner en palabras lo que todos de un modo u otro sentimos en algún momento de nuestras vidas, y que a menudo se nos antoja como una madeja imposible de desenredar.

    Y precisamente por ello me gustaría pedir tu consejo.

    Te cuento: tengo casi 30 años y siempre he sido una persona bastante sensata y responsable, estudiosa, trabajadora, con muchas aficiones e intereses, extrovertida, buenas amistades conservadas desde la infancia, buena relación con la mayor parte de mi familia… en definitiva, una persona bastante estable y con mucho apoyo social… estable excepto para las relaciones de pareja claro, pues desde mi adolescencia he pasado ya por un sinfín de relaciones fallidas.

    A estas alturas claro, ya no se me escapa dónde está la raíz de todo esto, pero es curioso como aún sabiendo de dónde vienen los problemas seamos a veces incapaces de solucionarlos, y terminemos haciendo siempre lo mismo, como si viviéramos en bucle.

    Como cantaba Chavela Vargas: “Nada me han enseñado los años, siempre caigo en los mismos errores… otra vez a brindar con extraños y a llorar por los mismos dolores…”.

    Mis padres eran muy jóvenes cuando yo nací por accidente, y su matrimonio (al que se vieron obligados por el embarazo) no tardó en romperse, tras lo cual yo me fui a vivir con mi madre a otra ciudad y él empezó una nueva relación con otra mujer de la que nacieron varios hijos; pero el divorcio no supuso ningún alivio para nadie, las cosas no mejoraron entre ellos ya que mis padres nunca se han llevado bien y mi infancia estuvo marcada por los conflictos, las disputas entre ellos, los malos tratos psicológicos por parte de mi madrastra, el afecto variable por parte de mi padre, las dificultades económicas que vivi con mi madre ya que él nunca cumplió con la pensión, los cambios de colegio, de casa, de parejas por parte de mi madre, una mujer luchadora que siempre lo ha dado todo por mí pero con un carácter también bastante complicado … es decir, que no tuve una infancia ni una adolecencia precisamente fácil en ese sentido…

    Quizás por eso me lancé tan pronto a los brazos de un chico un poco mayor que yo, del que yo me enamoré perdidamente siendo todavía una niña, buscando la estabilidad en las relaciones que nunca había tenido, ese amor romántico que siempre nos han vendido como la panacea, la cura para todos nuestros males… y ahí cometí mi primer gran error. De los 14 a los 17 años vivi una relación tóxica no, lo siguiente, con un chico que me engañó, me utilizó, me maltrató de todas las formas posibles, y me dejó hecha un trapo literalmente después de intentar matarme estrangulandome después de una discusión…

    Después conseguí acabar con eso, rehacerme, superarlo y volver a llevar una vida más o menos normal, pero supongo que de alguna quedé tocada para siempre. Desde entonces he conocido a muchos chicos,chicos normales, con sus defectos y sus virtudes, pero no he sido capaz de mantener ninguna relación más allá de los dos años.

    Después de esa primera relación tan traumática, tuve 4 relaciones más, de entre uno y dos años, todas cortadas por el mismo patrón: un comienzo trepidante podríamos decir, no exento de complicaciones (relaciones a distancia, terceras personas implicadas, etc), un enamoramiento increíble, una gran pasión, un compromiso casi inmediato… (amor fatuo que diría Stenberg vamos). Y después… cuando ya había conseguido lo que quería, tener a la otra persona totalmente entregada a mí, sentirme con el control de la relación (pues evidenemente no iba a dejar que nadie me volviera a pasar por encima…)… empezaba el aburrimiento, las infidelidades (por mi parte), el empezar a idealizar la relación anterior (cualquiera que fuese), nuevo contacto con mis ex… las dudas, y finalmente la ruptura, también bastante traumatica claro, pues nunca he pretendido hacer daño a nadie al menos conscientemente y siempre he sufrido viendo a otros sufrir, más siendo por mi culpa… pero claro, en mi infinita capacidad de autoengaño siempre me decía a mí misma bueno, la relación no funcionó por esto y por esto, no fuiste tú sola, o no era el momento adecuado, las circunstancias… y a por otra relación, a poder ser con alguien también con un pasado complicado y muchos traumas por resolver, como si a fuerza de encarrilar a almas perdidas me ayudara a mi misma a superar mis propios conflictos internos…

    Y entonces di con mi alma gemela, la que tú decribes en una entrada, la que llevaba toda su vida haciendo lo mismo que yo y me colocó en el lugar en el que yo había colocado a mis anteriores parejas, en el papel de dominado. Me volvió loca durante un año en el que me engañó y me hizo creer que eran imaginaciones mías, luego lo reconocía y me pedía perdón, me decía que estaba muy arrepentido, pasábamos una época increíble, después le entraban dudas, me decía que estaba deprimido, etc etc. Droga de la buena para mí vamos. Hasta que me dejó por otra claro, igual que había dejado a la anterior por mí. Y yo creyendo que esa vez sí había encontrado al amor de mi vida y todo iba a ser diferente después de todo lo que habíamos pasado juntos (su historia familiar que en parte descubrió estando conmigo bien daría para una película)… bueno, me destrozó, me dejó en la miseria más absoluta. Y todavía volvió unas cuantas veces más hasta que acabó con todo mi amor propio y toqué fondo.

    Y sí, fue lo mejor que me pudo pasar. Empecé a leer tu blog, empecé a tomar conciencia de muchas cosas, digamos que esa relación fue para mí como abrir la caja de Pandora, pero ya sabemos que al final se escapó también la esperanza. Y empecé a cambiar, inicié un proyecto profesional bastante ambicioso, retomé algunas actividades… y pasé sola un año y medio (sin empezar ninguna relación de pareja quiero decir, aunque sí que tuve rollos esporádicos) , todo un récord para mí, que me vino genial, y en el que por fin empecé a encontrarme agusto sola…

    Peeeeero…

    El año pasado recaí. No sé muy bien por qué, tal vez porque a nivel profesional las cosas se estaban complicando y me sentía bastante estancada con mi vida, no lo sé… pero di con un chico con las mismas carencias que yo, una historia familiar parecida y la misma facilidad para lanzarse de cabeza a la piscina sin saber si tiene agua y sin saber cómo en pocos meses me vi metida hasta el cuello en una relación que en realidad no quería tener. Al principio claro, encajamos genial, veníamos de lo mismo y deseábamos lo mismo, nos llevábamos increiblemente bien… pero no. Esta vez ni siquiera llegué a sentirme del todo enamorada. Esque no era lo que yo quería, ya no. Y empecé a sentirme como si fuera su madre. Y rompí la relación. Y le destrocé. Y yo me desgasté otro poquito más.

    Pero bueno, una recaída la puede tener cualquiera, ¿no?

    Pero un mes más tarde, tan sólo un mes más tarde, conocí a otro chico, y aquí ya sí volví a sentirme enamoradisima, esta vez no hubo comienzo complicado, simplemente nos gustamos y empezamos una relación… pero demasiado rápido… otro con la misma tendencia a correr que yo, más incluso… si todo es tan fácil esta vez, surge tan natural… por qué no correr él (que es más jóven y apenas ha tenido ninguna relación) se preguntó, y yo… en fin, han pasado unos cuantos meses y vuelvo a sentirme vacía. Es un chico estupendo claro, con sus defectos también, pero una buena persona que me trata como una reina, y yo… vuelvo a echar de menos a mi ex. Sí, ese del que no llegué a estar enamorada. Y siento un cansancio infinito. Vuelvo a no dormir por las noches y a no soportarme a mí misma. Reconozco el sitio en el que estoy porque por aquí ya he pasado antes. Y no sé lo que hacer porque me veo sin fuerzas.

    Sé que las relaciones que empiezo enferman cada vez más rápido porque cada vez estoy más desgastada, cada vez la mochila de fracasos y autorreproches es más pesada. No quiero hacer daño a nadie pero lo acabo haciendo. Quiero tener una relación estable y madura y formar una familia pero lo deseo tanto que lo fuerzo siempre y se acaba rompiendo. Quiero una relación normal pero luego me aburro. Quiero estar sola pero luego no lo soporto. Igual que quiero madrugar para aprovechar bien el día pero luego siento tal cansancio que me quedo en la cama toda la mañana aunque no descanse.

    A veces me siento mala persona, a veces me siento egoísta, cobarde, me pregunto si nunca seré capaz de querer de verdad a una pareja, siento que me hago mayor, me siento perdida… y sigo en pareja. Y sigo sin querer hacer daño a nadie.

    A estas dos últimas parejas no les he sido infiel como antes pero en lugar de eso me voy consumiento en la relación como si fuera una vela…

    Y siento también vergüenza, vergüenza de decirle esto tal cual a mi pareja o a mis amigos, a mi familia… que ven que soy muy enamoradiza y que he tenido muchas relaciones pero que supongo que piensan que simplemente he tenido mala suerte o no he encontrado a la persona indicada, soy jóven todavía…

    No quiero romper la relación que tengo ahora mismo porque pienso que merece la pena realmente y que esto me va a pasar con esa y con cualquier otra que tenga y no puedo seguir dejando pasar oportunidades… y no quiero sumar otra ruptura más a la lista, y volver a dar explicaciones, y volver a ver a otra persona que no se lo merece pasándolo mal… pero no sé si eso es posible.

    Igual que no sé, si lo dejara ahora si no estaría a los dos dias repitiendo otra vez la misma historia.

    Supongo que esto es como el efecto de violación de la abstinencia del alcohol: cuanto más tiempo hayas pasado abstinente, más empeño y esfuerzo hayas puesto por lograrlo, más importante sea para ti… Más dura es la recaída y más posibilidades de que no sea algo puntual, que acabes por rendirte a la evidencia de que eres un alcohólico y no lo puedes
    cambiar.

    Haber recaído el año pasado después de esa relación que me hizo tocar fondo y empezar a ver las cosas de otra manera, de ese tiempo que estuve sola y feliz una vez superado el dolor la rabia y la pena… no sé, siento que he recaído con más fuerza incluso que antes.

    Me veo ahora intentando ser paciente y no tomar decisiones precipitadas y a la vez dirigiendome hacia el abismo.

    Y claro, soy tan intensa que en lugar de servirme el trabajo etc. como válvula de escape a todo esto, al final es esto lo que hace que se resientan otros ámbitos de mi vida…

    En fin, espero no haberte aburrido demasiado, ni a ti ni a tus lectores, que me puedas ayudar y si a alguien le sirve mi experiencia me alegraré.

    Muchas gracias

    🙂

    • cristinalago dice:

      Hola Matilda,

      El ex alcohólico y el ex “amorólico” siempre tienen riesgo de recaída. Porque aunque desaparezca el objeto de adicción, en el cerebro aún se conserva ese pequeño interruptor que salta con cierta facilidad ante determinados estímulos.

      A veces, la evolución que vivimos no es más que el recuento de logros entre recaída y recaída.

      Por tanto, la pregunta que has de plantearte es ¿qué he conseguido en esta última etapa? ¿Cuáles han sido mis avances? ¿Qué cosas que hecho por primera vez?

      Y de eso se trata, del enfoque. Oye has estado un tiempo sola y feliz a pesar de las carencias que lleves contigo de base. No sé tú, pero a mi me parece una buenísima señal. La próxima vez, más y mejor. De eso se trata, no de llegar a un ideal, simplemente de hacerse un bien en el camino de conseguirlo.

      Un besote!

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