¡Toda la culpa es de los padres!

Publicado: marzo 23, 2015 de cristinalago en ¿Quieres cambiar? Entra aquí
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Infancias heridas, falta de cariño, patrones afectivos inadecuados, ausencias, excesivas presencias, sobreprotección, descuido…quién no tenga un trauma de la infancia, que levante la mano.

Hace un tiempo, un amigo mío publicó una carta a su padre fallecido en su muro de Facebook. No era uno de esos panegíricos laudatorios que acostumbramos a ver en el escaparate idealizado de esta red social. Eran palabras sinceras, en las que se traslucía una infancia emocionalmente huérfana con un padre duro y difícil pero en ningún momento había reproche en alguna de ellas.

Era una carta de agradecimiento.

Gracias, papá, porque no me hiciste depender de tu aprobación para aprender a estar orgulloso de mí mismo. Gracias, papá porque si no hubiera sido por ti, no habría comprendido lo importante que era no sólo querer a mis hijos, sino también demostrárselo. Gracias papá, porque intentaste hacerlo lo mejor que pudiste y supiste a pesar de todo. Gracias papá, porque sin ti, yo no sería la persona que soy.

No me es posible transmitir aquí la carta real por razones de privacidad, pero me pareció un ejercicio tan bello, que me lo guardé en algún anaquel de la memoria a la espera de que llegase alguna oportunidad para utilizarlo. Llevaba unos días meditando un artículo sobre padres, infancias y traumas y de repente, el recuerdo ha aparecido para darme el mejor de los puntos de partida.

Al tratar con otras personas y conocer diversos patrones afectivos, la conclusión llega con aplastante claridad: resulta muy complicado atravesar la infancia sin adquirir algún tipo de trauma. El mundo del niño se parece mucho a los cuentos de hadas. En él, todas las cosas buenas adquieren la cara de un hada o de un ángel; y las cosas que no comprenden, se convierten en monstruos de debajo de la cama o escurridizos hombres del saco.

Los niños aceptan el bien y el mal como partes integrantes del todo del universo con una mayor naturalidad de lo que hacemos los adultos, que cargados de juicios, críticas y rechazos, seguimos escondiéndonos de los monstruos y del hombre de saco. Porque nos dijeron que el mal no existía, en lugar de enseñarnos a afrontarlo.

Así pues, un niño siempre interpretará lo que ve sin comprenderlo y en ocasiones, los enigmas de los adultos se convertirán, a la larga, en el material del que están hechos los terrores nocturnos, padres de las neurosis.

En la España de mi generación, era común el modelo de familia tradicional: la madre, ama de casa y pendiente de la crianza de los hijos y el padre, que trabajaba fuera y al que no se podía molestar porque siempre estaba muy cansado. Los padres rara vez intimaban de alguna manera con los niños, salvo para indicarles que no gritasen, que no llorasen, que no comiesen y que a ser posible, no respirasen.

La carencia de cariño y cercanía de las figuras masculinas de anteriores épocas, es tradicional en nuestra cultura, al igual que el modelo inverso – la madre dominante y el padre débil y sobreprotector- y nuestros propios padres fueron hijos de otros padres que seguramente estarían demasiado ocupados en darnos de comer, como para ponerse a pensar en inteligencias emocionales y traumas existenciales.

Cuando empezamos la andadura en el mundo afectivo, el conjunto de nuestros traumas se convierte en una investidura exótica que nos hace sentirnos especiales. A falta de autoestima, el discurso de nadie me ha querido nunca, mis padres no me comprenden y soy la oveja negra de la familia, siembra de leiv motifs atractivamente atormentados la época de nuestra adolescencia.

El problema viene cuando nos encontramos con 30, 40 y 50 años todavía echando las culpas de nuestras elecciones, fracasos y conflictos a nuestros padres. Sí, hay infancias muy duras. Sí, hay traumas muy fuertes. Sí, hay padres que son para darles de comer aparte. Pero ¿no viene siendo hora de que seas tú quien comandes tu vida…y no tus padres?

No se trata de olvidar automáticamente lo que viviste en tu infancia y que a día de hoy, creas que aún te marca y te condiciona en tus actuales circunstancias. Se trata de afrontarlo, conocerlo, explorarlo bien y en última instancia, aceptarlo y hacer las paces con ello. Puedes ser independiente, tener tu propia familia, tu trabajo y tus hijos, pero mientras sigas encerrado en la casa mental de tu infancia y evadiendo la responsabilidad de tus actos porque toda la culpa es de tus padres, no habrás dejado de ser un niño.

Así pues, aprovecho desde aquí para homenajear esa hermosa iniciativa de mi amigo dándole las gracias a mis padres. Porque yo también tuve traumas, carencias y problemas de autoestima y sin embargo, cuando vacié mi mochila de todas estas pesadas piedras, lo que encontré al fondo es lo que realmente me han legado: integridad, inconformismo y cantidades industriales de sentido del humor que han terminado confluyendo, entre otras cosas, en la posibilidad de crear esta página. Un trato justo.

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comentarios
  1. Fran dice:

    Hola Cristina, estupenda entrada, como siempre. Al leerte, me viene a la memoria el entorno familiar donde nací, mis padres eran el típico matrimonio nacido en la postguerra, con todo lo que eso significaba a la hora de educar y sacar adelante una familia.
    En mi casa, nunca faltó de nada, y además, cada uno estudió lo que quiso, sin que el dinero fuera un problema para ello. En cambió, nos faltó, mucho cariño, dedicación, mis hermanos y yo, tuvimos serias carencias afectivas que marcaron nuestras vidas. Se sabe que mis padres lo hicieron lo mejor que supieron con lo que ellos habian recibido, pero eso no nos libra del lastre de crecer sin autoestima, afecto, inseguros, donde nuestra casa y nuestra familia más que seguridad era un lugar para el miedo. Durante muchos años, odié a mi padre, con toda mi alma. Una vez, me dijo un terapeuta, que yo era como era (homosexual) para castigar a mi padre, por no haberme sentido nunca querido por él.
    Con el paso de los años, aquel odio pasó a comprensión,pero nunca tuvimos un reencuentro afectivo, nos respetabamos, pero eso fue todo. De hecho, ninguno de mis hermanos, se sintió tampoco nunca querido por mi padre. Sólo podía mostrar violencia, brutalidad, insultos. Unas semanas antes de morir, le pregunté que si me quería, a lo que me contestó ¿Porque me preguntas eso? …..
    Si de algo soy consciente, es que mi vida, más allá de mi identidad sexual, hubiera sido otra, si me hubiera sentido querido, protegido, y seguro en mi seno famiiar, pues “yo me vivía” en una “jungla”, de donde era urgente escapar. Y así, he hecho mi vida, sin contar, sin confiar para nada con las personas más valiosas de mi vida. Por supuesto, que también aprendí valores, esquemas y principios valiosos del entorno en que nací: el trabajo, la honradez, la honestidad, etc. De poco sirven, cuando te vas conviertiendo en un neurótico al tiempo que despiertas a la vida adulta.
    Me gustaría ser agradecido como ese amigo que mencionas, pero no lo siento así.
    Aún hoy, siento la pena de no haber tenido cosas mejores que recordar de mi padre. La última vez que visité su tumba, recuerdo le dije: AYUDAME A OLVIDAR LOS RECUERDOS QUE ME HAN QUEDADO DE TI.
    Me doy cuenta al leer tu artículo, que en plena madurez, todavía no he acabado de superar una infancia y una adolescencia tan desolada, donde tenía todo, menos lo que más necesitaba: cariño. No recuerdo ningún trauma en concreto que trabajar o superar, quizas porque fueron muchos, y el olvido, es una forma de escaparse de la angustia y sobrevivir. Pero me cuestiono a dia de hoy, que puedo hacer para ACEPTAR MI PROPIA HISTORIA, con los personajes que la acompañaron?
    No quiero ni necesito castigar a nadie, no hablo desde el odio o el rencor, hablo desde un corazón que sigue dolido por algunas cosas con la vida, y que necesita hoy diá, con mas´de 50 años vivir en paz, con su pasado.
    Desde hace años, he hecho mucho trabajo personal , y más tarde o más temprano, me encuentro con la misma piedra en el camino: mi padre, mi familia y mi propia historia. Como se puede uno reconciliar con su vida, la familia donde le tocó nacer y crecer, y con los acontecimientos que un dia le destrozaron la existencia?
    Como siempre : Gracias por seguir estando ahí,
    Un fuerte abrazo

    • cristinalago dice:

      Hola Fran, me encantan tus reflexiones, tan meditadas y tan sinceras. Muchas personas leen, además del blog, los comentarios que escribís los lectores y sin duda los tuyos cuecen y enriquecen 🙂

      No es sencillo reconciliarse con las heridas de los orígenes, porque para encontrarlas hay que cavar muy profundo, hacia el inicio de todo, hacia el punto congelado de la infancia emocional en el que algo de nosotros se quedó atrapado para siempre. La carta que menciono es de una persona de más de 60 años, así que ese trabajo nunca llega ni pronto, ni tarde: llega cuando uno está preparado para ello. El secreto en realidad está en amarse a uno mismo integralmente, incluida la herida, que al final también forma parte de la única e imprescindible persona que eres en este mundo. Y una vez no haya autorechazo, tampoco habrá rechazo a lo de fuera. Si estás en paz contigo, estás en paz con el mundo.

      Te recomiendo al filo de este tema un libro que leí recientemente: El arte de la felicidad, del Dalai Lama. Una lectura que de por sí misma está cargada de cosas felices y que además trata sobre esos hábitos mentales que nos impiden estar en paz.

      Abrazos y ya me cuentas 🙂

  2. María guadalupe Almazán Martínez dice:

    Muy interesante, felicidades por abordar este tema tan difícil pero tan necesario ya que muchos y me incluyo parte de lo que soy es debido a la forma como fue llevada mi vida.

  3. carol dice:

    muy buena entada cris!
    gracias

  4. […] Origen: ¡Toda la culpa es de los padres! | Locos de Amor […]

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