La pareja alcohólica: los que prometen, pero no cumplen

Publicado: mayo 3, 2016 de cristinalago en Cómo encontrar el amor, Los amores patológicos
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pareja adicta

Enfermedad destructora y corrosiva, que marca al enfermo y todo su entorno más cercano: ¿qué supone vivir (o sobrevivir) al lado de una persona alcohólica? ¿cómo ayudarnos y ayudarles? 

Mis sentimientos hacia mi marido, son ambivalentes. Por un lado, deseo ayudarle, luchar juntos, sacarle de esta mierda. Por otra parte, cuando le veo beber, siento tanta rabia y tanto odio que lo único que quiero decirle es que haga lo que le dé la gana, a ver si revienta

Convivir con un pareja alcohólica es como tener una relación con dos personas diferentes: o con una persona dividida en dos mitades opuestas. Por un lado, está la persona a la que se ama, la persona con la que estamos comprometidos emocionalmente, a quien no queremos abandonar; por otro lado, está un ente desconocido hacia el cual experimentamos un cóctel Molotov de ira, rabia, decepción o repugnancia. En esta contradicción se desenvuelve un vínculo bipolar marcado por los vaivenes alcohólicos y más tarde o más temprano, por el tortuoso proceso de adaptación que realiza la pareja no alcohólica para poder sobrevivir emocionalmente a la realidad distorsionada en la que está viviendo.

Cuando este proceso de adaptación tiene éxito, la pareja no alcohólica ha desarrollado una enfermedad denominada codependencia. Aprenderá a vivir en un nuevo estado natural: la vigilancia permanente. Se sentirá ansiosa, irascible, se centrará obsesivamente en su pareja alcohólica, descuidando su propia salud o sus prioridades y metas personales y apuntando mentalmente horarios, salidas, turnos, tiempos y actitudes sospechosas del otro, con la esperanza y el temor de sorprenderle, una vez más, en el enésimo renuncio.

Uno promete y no cumple: el otro espera que a fuerza de repetición, ocurra el milagro. Ambos se ven atrapados en un sempiterno círculo vicioso de reproches, dolor y decepciones. La cosa se complica si hay hijos de por medio. La problemática mayor se produce en caso de que el alcoholismo vaya acompañado de agresiones físicas y/o psicológicas. En otros casos, crecer en un hogar estructurado en torno a una enfermedad adictiva, condena a los niños a ser los personajes secundarios de su propia familia, en la que toda la atención (positiva o negativa) irá a parar al enfermo alcohólico. 

A pesar de ello, hay no pocas parejas de personas alcohólicas que creen sinceramente que la paternidad/maternidad les ayudará a motivarse para reconocer su problema y buscar ayuda. Pueden existir algunos casos milagrosos en los que el mero nacimiento de un retoño logre el prodigio, pero es una idea arriesgada porque implica el posible sufrimiento de más personas. Mejor plantearse que mientras la pareja siga bebiendo, es recomendable aplazar los planes reproductivos.

La pareja de la persona alcohólica tiene que ser consciente en primer lugar de que sólo quien causa la enfermedad, está capacitado para curarla. Es decir, la decisión de dejar el alcohol y sanarse es exclusivamente de quien bebe. Por más que se le suplique, amenace, intente convencer, grite, llore, seduzca…si el bebedor no está dispuesto a dejar el alcohol, no lo hará. Sólo depende de él. 

Somos libres, en cambio, de escoger no ser codependientes. Si abandonar la relación de momento no es una opción, es en cambio imprescindible para recobrar parte de nuestro equilibrio el volver a centrarnos en nosotros mismos. Comprender que la persona que tenemos al lado está dominada padece una enfermedad y no bebe para dañarnos o traicionarnos, a la par que nosotros no somos responsables de su curación. El punto medio ideal es poder apoyar a la pareja, sin estar controlando cada paso que da. Para ello, es preciso recuperar todo aquello que hemos dejado atrás por absorbernos en la enfermedad de la otra persona. El alcoholismo sigue siendo un estigma social en muchos ámbitos, lo que puede llevar a la pareja del alcohólico a aislarse en una situación en la que precisamente es lo peor que puede hacerse. Buscar grupos de apoyo, como los de Al-Anon (Alcohólicos Anónimos), retomar actividades abandonadas, volver a quedar con familia y amistades, son acciones que ayudan positivamente y nos fuerzan a salir del circuito cerrado en el que se han convertido nuestros pensamientos.

Recordemos: la otra persona no es nuestro enemigo. No ganamos ninguna batalla pillándole in fraganti, no somos sus papás o sus mamás, el otro no está conspirando las 24 horas para amargarnos la existencia. La pareja adicta vive en el mundo del deseo, la ansiedad, el vacío y la necesidad extrema, un mundo cuyos parámetros son totalmente distintos a los de una persona no adicta. Si alguien sano se preocupa por cuidar de los suyos, intentar realizar bien sus tareas, cultivar unos valores o mejorar su calidad de vida, los pensamientos de un alcohólico, en su mayor parte, se resumen en cómo, cuándo y dónde se obtendrá la siguiente dosis. Y lo demás, cuando aparece todo esto, deja de ser importante, incluido tú. 

¿Cómo podemos ayudar a un compañero alcohólico?

Nuestro sufrimiento, padecimiento o sacrificios innumerables, aunque nos parezca lo contrario, no son una inversión cuyos frutos recogeremos el día en que, gracias a ellos, nuestra pareja se cure. De hecho, desarrollamos la codependencia como una conducta complementaria de la enfermedad de la otra persona, por lo que nuestro comportamiento paranoico y obsesivo no sirve para nada más que para reforzar la conducta del otro.

La persona que padece de alcoholismo, suele necesitar tocar fondo para hacerse cargo de la dura lucha que supone dejar atrás una adicción que de alguna manera oculta un fuerte vacío existencial que acarrea en su vida y que le resulta casi insoportable. Con todas las consecuencias nefastas  de esta enfermedad, lo cierto es que el alcohol satisface unas  necesidades íntimas y poderosas a un nivel que pocas otras cosas pueden hacer, incluida la pareja o la familia. Esa persona no sólo ha de renunciar a esta satisfacción profunda, sino aprender a sanar su carencia o su vacío, en un largo trabajo del día a día, en lugar de recurrir a la fácil anestesia de la adicción.

El alcohólico puede perder muchas cosas en este camino: trabajo, casa, relaciones, salud. Pero estas pérdidas son su oportunidad para tocar fondo. Por esta razón, debemos tener en cuenta de que nuestro apoyo quizás puede ser contraproducente, pues le mantiene en ese punto intermedio entre nosotros y el abismo donde acaba desarrollando una cierta zona de confort de la que apenas quiere moverse.

¿Puede amar una persona alcohólica?

Os dejo con las palabras de un amigo, catalán, cinéfilo, lector y maravilloso fotógrafo.

Y orgullosísimo ex-bebedor.

Los adictos tienen las emociones secuestradas. No pueden amar. Un alcohólico sólo puede sufrir, engañar, dramatizar, disimular, hacerse buenos propósitos y fracasar de nuevo. Un alcohólico te promete el oro y el moro, pone toda la carne en el asador un día, dos, tres, un mes… y luego viene el cataclismo.  Es algo así como pedir enfáticamente todos los platos de la carta y después no probar bocado, como matricularse de 15 asignaturas y luego no presentarse a ninguna. Como prometer amor… y no darlo

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comentarios
  1. Asador dice:

    Yo conozco de cerca las adicciones a la heroína y al trabajo, y recomiendo absolutamente no tocar a los adictos ni con un palo. Te van a decepcionar, robar y engañar por mucho que les des.
    Si tienes una pareja adicta, ganarás más vida cuanto antes la dejes. Quizá suene desalmado, pero ellos son los primeros en aprovecharse de los demás.

    Avisados estáis.

  2. carmen dice:

    Conozco tan de cerca esta enfermedad, que ni me parece un estigma, ni una vergüenza, y si soy una orgullosa HIJA DE UN ALCOHOLICO.
    Durante toda una vida creí que no se superan las adicciones, que las personas no cambian, que esa sería una cruz de por vida… pero se puede, se superan, se consigue.
    Animo a todo aquel que viva en esta situación dolorosa, tormentosa y a veces incluso inhumana a saber que lo pueden superar, pero no depende de hijos, de trabajo, de pareja. LO DECIDE EL ADICTO Y PONE FRENO.

    A día de hoy sigo siendo hija de un alcohólico que lleva años sin tomar alcohol, pero seguimos llamando a la enfermedad por su nombre, para no olvidarnos LO QUE DESTRUYE Y COMO DESTROZA.

    Vivirla desde la realidad aleja la vergüenza y ayuda a la SUPERACIÓN.

    • cristinalago dice:

      Carmen, muchas gracias por comentar, sé que en tu caso conocías el problema de primerísima mano y lo que digas es sumamente valioso. Se dice que el alcoholismo es una enfermedad que no se cura, que simplemente se aprende a controlar, lo que apenas alcanza a dar una idea del esfuerzo del día a día y del enorme aprendizaje que debe hacer una persona que abandona este hábito. Que tu padre siga así de bien, que tiene muchos motivos para sentirse orgullosa, entre ellos una hija que lo valora, lo respeta y lo quiere.

      Abrazos Carmen!

  3. Amagoia dice:

    Me ha encantado el artículo.
    Yo tuve una relación con un ludopata y lo deje. No me podia arriesgar.
    Era un hombre encantador y buena persona, pero tenia ese problema, y aunque le ayude a ir a un centro de ayuda para vencer esa adicción, no volvi a recobrar la suficiente confianza para volver con el.
    Y con el resto de adicciones, se puede aplicar tambien lo que escribes aqui?

    • cristinalago dice:

      ¡Hola de nuevo Amagoia!

      Sí, perfectamente puede extrapolarse a otras adicciones. Escogí el alcoholismo porque es el tema que más conozco y el que me resulta más cercano a nivel personal, pero en lo que se respecta a la decisión de abandonar la adicción, el proceso que sigue y el rol codependiente, se mantiene igual con un adicto a las drogas, o un adicto al juego y si me apuras, con cualquier otro tipo de adicto. La ludopatía es, por otra parte, otro vicio enormemente destructivo (yo tengo un amigo que lleva años pagando las deudas de su madre, que les dejó totalmente arruinados) que nada tiene que envidiarle al alcoholismo, aunque de entrada parezca más inocuo.

      Muchas gracias por compartir tu experiencia, este es un artículo que incluso más que otros, son super importantes todos los testimonios que queráis comentar.

      Abrazotes!

  4. carmen dice:

    De mi parte no hay nada que agradecer de tu parte, soy yo la que agradezco tu dedicación, tu tiempo y tu desgaste emocional en ayudar a personas como yo, que al convivir situaciones complicadas, hace que tengamos dependencias emocionales.

    AGRADECIDA COMO NO DE MOSTRARME EN MÁS DE UNA OCASIÓN QUE AMAR ES UNA SITUACIÓN LIBERADORA, QUE ALEJA DE CODEPENDENCIAS Y ESCLAVITUTES, y lo más importante de este proceso de aprendizaje es que TODO CAMBIA Y EVOLUCIONA, no hay eterno NADA.

    GRACIAS A TI SIEMPRE

  5. Nuria dice:

    Hola Cristina and company¡

    Yo soy hija de alcohólica que a su vez es hija y hermana y madre de alcohólicos. En mi caso mi madre, que ahora tiene casi 80 años, ha convivido con el alcoholismo (todos hemos convivido) de manera constante, pero sin llegar a hundirse nunca. Cómo explicarlo…es como esos paisanos que todos los días van al bar y llegan bebidos a casa, pero sin llegar a casos extremos.Ella lo hacía a escondidas, todas las noches. Mi padre nos decía cuando le preguntábamos porque hablaba raro, porque daba tumbos, que era porque le bajaba la tensión…

    Ahora lo explico con naturalidad, pero recuerdo la vergüenza,el no poder llevar a mi madre a ningun sitio, el sentimiento de culpabilidad, el no tener una madre de verdad, sobre todo la culpabilidad que yo mí misma sentía y la falta de apoyo y de referencia maternal y femenina.

    En fin, solo siento compasión por ella como mujer y ser humano porque tenía esa enfermedad y no era capaz de vencerla ni tampoco quería, nunca quiso. Y siento pena por mi padre porque no supo o quiso ayudarla ni ayudarnos.

    Mis 3 hermanos y yo tuvimos una familia bonita, sobre todo de muy niños, pero al crecer se convirtió en disfuncional, de repente nos dimos de bruces con la realidad.

    Al final hemos sobrevivido, pero hemos perdido muchas cosas por el camino

    Como siempre, Cristina, mil gracias por tu sabiduría. Espero hablar pronto contigo

  6. yedra dice:

    Estoy metida de lleno en ese problema. Llevo 5 años casada, he tenido dos hijos y, en todo este tiempo, los problemas con el alcohol de mi marido me han hecho muy infeliz. Finalmente, he decidido separarme porque como bien dices, es imposible ayudarle y hacerle cambiar.
    llegados a este punto, él dice q ya ha visto el problema, q no va a beber más e incluso ha ido a un psicólogo.
    me pide una oportunidad, pero mi confianza esta rota.
    estoy confundida

    • cristinalago dice:

      Hola Yedra,

      Aunque él te haya dicho que no va a beber más y que está yendo a un psicólogo, lo cierto es que el proceso de dejar atrás el alcoholismo lleva mucho tiempo y asimismo tratar las causas que hay detrás de esta enfermedad. Igualmente la persona adicta insistirá y ofrecerá todo tipo de cambios cuando vea que pierde lo que tiene o aquello de lo que depende, pero por esta razón has de esperar hechos, no palabras.

      Yo te aconsejaría darte tu tiempo para que tú y tus hijos os recuperéis anímica y emocionalmente, pues toda la familia sufre en estos casos. Y que si eso cuando tu marido pueda poner sobre la mesa ya una recuperación real, y no meramente buenas intenciones o promesas, entonces ya te plantees qué hacer al respecto.

      Abrazos!

      • Anónimo dice:

        Gracias por la rapidez y claridad de tu respuesta. Comparto contigo que esa es la mejor opción. El problema radica en la presión al que él me somete para que le dé de inmediato una oportunidad. Lo cierto es que eso perturba la tranquilidad con la que finalmente yo tomé la decisión.
        Saludos

      • cristinalago dice:

        Hola Yedra,

        Tu marido, como todo adicto, es intolerante a la frustración, carece de empatía (¿tu crees que al pedirte volver está pensando realmente en vuestro bienestar?) y sólo piensa en él mismo y en su urgente necesidad que debe ser satisfecha.

        Esto no es una petición de regreso para arreglar las cosas, sólo es un subterfugio desesperado para evitar dos cosas: 1) Tener que tocar fondo y replantearse un verdadero cambio; 2) Pasar la más mínima incomodidad.

        Por supuesto la decisión es tuya, pero si la opción es mantenerte separada de él, es recomendable reducir el contacto en la medida de lo posible y no dar pie a conversaciones eternas llenas de insistencias, súplicas y promesas. Un “tengo que dejarte, que me llaman por la otra línea”, y similares, son recursos muy efectivos para no prolongar charlas improductivas de este tipo. De hecho en casos parecidos he visto que muchas veces la comunicación se mantiene a través de un mediador para evitar precisamente estas situaciones. No estás obligada a escuchar todo lo que se le pase por la cabeza y como imagino que llevarás mucho tiempo centrada en él y su problema, tienes todo el derecho del mundo a empezar a preocuparte por ti, por tus niños y poco más. ´Tu marido es adulto, ya sabe lo que hay y él tiene que decidir si obrar o no en consecuencia, pero nadie más que él va a poder solucionar su problema.

        Un abrazo y ya nos cuentas.

  7. Yedra dice:

    Muchísimas gracias por tus consejos. No sabes lo que ayuda leerte en estos momentos. Y es que estos cinco años me he “tragado” todo yo solita.

  8. jose dice:

    Hola

    Este post me ha resultado muy interesante porque yo solía beber mucho alcohol y fue motivo de que mi ex se enfadara mucho un día. Dejar de beber alcohol fue muy sencillo para mí, tras su enfado, la prometí que no iba a volver a beber y no volví a beber (alguna vez rara que ella bebía algo y me decía que yo también podía, sí que he bebido, pero muy poquito). Tras la ruptura, he vuelto a beber pero solo los fines de semana

  9. mari dice:

    Hola !!
    Me encanta tu blog, quería exponerte mi historia y pedirte ayuda, soy una mujer de 52 años,casada 32 años e intentare resumirlo al máximo, me siento totalmente identificada con el articulo,mucho dolor y pasando por todas las etapas que explicas,me planteo muchas veces dejarle pero nunca encuentro el momento,siempre hay una excusa y es que la sensación que tengo es que le abandono por estar enfermo, pero es que yo empece a enfermar hace años,tengo un sistema inmunologico deprimido con todo lo que conlleva eso, pero me pregunto si merece la pena vivir así, siempre detrás de el para que funcione,y para que no se pula todo lo que tiene y si algún día sus hijos o yo necesitamos cuidarlo tengamos algo para poder hacerlo, o no se si salir corriendo y nunca mas!!
    había pensado en divorciarme pero sin partir los bienes , ya que son pocos y lo perdería seguro rápidamente o tu recomiendas el que sea total y aya el , y aplicar el contacto cero seria conveniente para ambos, tengo dos hijos y antes por que eran pequeños y ahora por que son grandes siguen sufriendo mucho, es como si necesitara que alguien me diga déjale!!, eso no es de ser egoístas!! pero aveces añoro la tranquilidad, mientras le quería luche como nadie,pero ya no tengo fuerzas, solo siento pena, ya hace dos años que no compartimos nada solo compañeros de piso y aveces pienso si no merezco ser un poco feliz, ya no recuerdo siquiera si algún día lo fui con el, que seguro que si, pero ya no recuerdo..gracias por tu ayuda..

    • Lia dice:

      Acude a al_anom lo hay en todas las ciudades. Como exbebedora te diré que es muy frustrante verte sola y sin apoyo. En esta asociación gratuita es para familiares y amigos os ayudarán a entender y apoyar al enfermo y como conseguir que acuda a alcohólicos anónimos si logra ir en poco más de un mes verás cambios y cuando esté recuperado y fuerte ya planteas dejarlo pero mi consejo es no dejar á una persona así sin haber quemado el último cartucho. Tu te sentirás en paz contigo misma

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