relacionesfrias

Cuando creemos (erróneamente) que si no nos entregamos, no podemos sufrir.

Relaciones in vitro: dícese del arte de mantener una relación sin mantenerla. La solución milagrosa para la infertilidad emocional.

¿Qué es la infertilidad emocional? Como su nombre indica, es la incapacidad temporal o permanente para producir amor. Se trata de un estado muy común en personas que han sufrido, que han perdido la fe en las relaciones, que no desean invertir ya en un proyecto compartido, pero que no quieren renunciar a tener cubiertas ciertas parcelas emocionales o sexuales de una manera segura y controlada.

Las relaciones in vitro son, como me indicaba un conocido hace unos días, relaciones frías. Son ese tipo de relaciones donde a pesar de la intimidad física, que puede ser muy intensa, existe una especie de ausencia emocional. Como si los que se encontrasen no fuésemos nosotros, sino una proyección de algo de nosotros que pertenece a otra vida, a otro tiempo. Al separarnos, cae la distancia. Cada uno regresa a su existencia. Entre medias, no escribes, no llamas, no molestas, no existes.

¿Y te importa? A veces, quizás sí. O no te importa, pero llega un momento en que no te importaría que te importase.

Las relaciones frías son también relaciones donde la comunicación es como un campo de minas. Una palabra inadecuadamente íntima podría suscitar un indeseado ataque de agobio. Que nos pregunten por alguna cuestión personal puede estar bien, pero ¿qué significa?. ¿Tenemos derecho a mandar un icono de beso, o estamos fuera de lugar? Si me da los buenos días ¿quiere decir que le intereso para algo más?

La duda se desplaza constantemente. No sabemos qué más complicado o preocupante:  podríamos enamorarnos nosotros, o el otro podría enamorarse. Límites, límites. No escribas tanto. Va a pensar esto o lo otro. No te agobio, pero al final me agobio yo.

En el afán de buscar una relación sin complicaciones, nos encontramos con la más complicada de las relaciones: aquella basada en silencios, suposiciones y miedos. En la que además no podemos salir del armario y aclarar dudas porque se supone que no estamos para eso. En la que no sabemos si podríamos sentir algo por la otra persona en caso de que la otra persona sintiera algo, pero como no podemos decir nada, nos metemos en un bucle absurdo de dudas que no van a ninguna parte.

Y tampoco es que estemos enamorados, noooo. Hemos elegido a esta persona, tan lejana a lo que realmente nos gusta, precisamente porque no es el tipo de persona de la que solemos enamorarnos. Todo es inofensivo. ¿De verdad?

Las relaciones in vitro son relaciones en las que podemos soltar eso tan modernuqui de yo no necesito etiquetas.

Pero luego nos cuesta aceptar que una persona que más o menos nos conoce, hace el amor con nosotros, se entrega en su intimidad, nos abraza o nos besa, no sienta absolutamente nada, que pueda desengancharse de nosotros con tanta facilidad. No nos comemos el coco por amor, nos lo comemos por ego.

Si uno trabaja para construir una relación digamos, normal, en una relación fría, destrabajamos para descubrir que el esfuerzo que invertimos en intentar que una historia sea algo, es el mismo que el esfuerzo que invertimos en que la misma historia sea nada. 

Y así evitar compromisos, etiquetas, conversaciones, intimidades.

Cosas indeseadas.

Cosas que implican sufrimiento.

Pero…

Siempre que salgamos ahí fuera a interactuar con otros seres humanos más allá de hola, buenos días y qué tal está el tiempo, siempre que abramos la puerta a la intimidad aunque no la dotemos de palabras, nos exponemos. Menos mal. Si te comes la cabeza por una no relación, la buena noticia es que sigues vivo.

Nos exponemos porque no somos robots y el otro tampoco.

Si no quieres exponerte, los muñecos hinchables son una buena solución.

Las relaciones frías no son follamistades, no son relaciones de amantes. Las relaciones frías son relaciones donde donde simplemente, uno no contesta un mensaje porque no quiere que el otro piense que le importa . 

 

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