Lo paso peor cuando dejo, que cuando me dejan

Publicado: febrero 24, 2020 de Cristina Lago en Los amores patológicos, Problemas de pareja
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niño

¿Qué ocurre cuando no tienes miedo a que te dejen, sino a ser tú quién lo haga?

Pongamos que no eres una hermanita de la Caridad, ni un ser de luz, ni un adalid del amor incondicional. Pongamos que eres una persona normal, que un día te enamoraste de alguien, pensaste que sería la persona indicada, y que con el tiempo, te has ido consumiendo en una relación que por h o por b, no te encajaba del todo.

Pongamos que intentaste autoconvencerte de todas las maneras posibles de que el amor tiene sus baches, que si la rutina, que si hay que luchar y toda estas creencias impuestas que ya conocemos de sobra. 

Pongamos que en algún punto de ese proceso, empezaste a ver claro que tenías que dejarlo.

Pongamos que a partir de ese punto, has entrado en MODO ATASCO MONUMENTAL.

Si pudiera abrir una ventanita ahora mismo para observar tu mente, lo que vería es una intensísima y contradictoria conversación entre dos voces opuestas. Una voz corresponde a tu ser real y a su deseo, que es claro y diáfano como un cielo de primavera; y otra voz responde a todas las ideas, conceptos y prejuicios que has mamado a lo largo de tu vida.

No estás haciendo ningún favor a tu pareja. Sabes que realmente estaría bien sin ti, que se recuperaría, que pasaría el desamor y que merece estar con alguien que le pueda amar de la manera que tú no puedes.

No es eso lo que te frena. Eres tú.

Y aquí viene la cuestión más peliaguda.

Si yo sé que mi pareja, como todo ser humano, está capacitado para salir adelante, que yo no soy responsable de su vida, que tengo derecho a ser feliz, que no dependo emocionalmente de él o ella, que incluso estoy sintiendo algo por otra persona…¿por qué siento esta tremenda y paralizante incapacidad de dejarlo?

La respuesta está atrás, muy atrás.

En alguna etapa de tu vida, durante mucho tiempo, recibiste un mensaje que se entretejió en tus patrones neuronales y se quedó a vivir ahí para siempre.

Ese mensaje proviene normalmente de la infancia. De absorber los roles de tus padres. La mayoría de las parejas de antaño responden a un tipo de relación jerarquizada en la que existe un cabeza de familia, una pareja infantilizada y unos hijos envueltos en unos referentes afectivos totalmente ambivalentes y desiguales. A ver si creéis que las relaciones tóxicas aparecen de la nada en pleno siglo XXI.

Tú llevas interiorizada una codependencia. Una codependencia que seguramente hayas trabajado en cierto sentido: has aprendido a cuidar de ti mismo, a no depender de otra persona, te has empoderado. Ahora ya no necesitas a alguien que no te quiere, pero de repente, has pasado al otro lado del espejo.

Te has liberado de tu dependencia.

Pero no te has librado de la dependencia del otro.

La primera parte de esta gran lección sentimental es fácil de resolver: la persona dependiente teme al abandono y cuando el abandono ocurre (siempre ocurre), entra en un túnel de sufrimiento y vacío que atraviesa a ciegas hasta que empieza a encontrarse a sí misma. Y entonces, esa persona dependiente que lloró, suplicó, que creía no saber vivir sin la figura protectora de una pareja, descubre que en la habitación cerrada de sus miedos, se han abierto de pronto mil puertas.

La persona dependiente, cuando pasa por este proceso, vive una transformación muy dura, pero absolutamente fascinante. Como la consabida mariposa que emerge de un capullo y se descubre unas alas que desconocía, así es un ser humano que por primera vez en su vida, es consciente de sus propias capacidades y se asombra de tantos años viviendo a oscuras en mundo plagado de luces.

Ahora bien (cuidaíto, como decimos en Cádiz).

¿Qué hacemos cuando ya hemos pasado por ahí y de repente nos encontramos ante esa carambola perversa de nuestros patrones emocionales?

Ocurre que nos desgarramos entre la necesidad inconsciente de permanecer donde no queremos estar y el deseo de irnos a vivir la vida que de verdad deseamos.

Estar atrapados nos conduce a sentir rechazo por la relación, un rechazo que se muestra de forma cada vez más evidente, hasta que acabamos cargando la historia de conflictos y discusiones absurdas de modo que inconscientemente nos lleven a la ruptura.

Estar atrapados también nos lleva a desarrollar una especie de vida aparte de nuestra pareja donde podamos ser libres a ratos.

En casos más extremos, se puede llegar a tener dos relaciones paralelas, durante años, con absoluta incapacidad de abandonar ninguna de las dos.

Si nos ocurre este problema, debemos ser conscientes de que nuestro yo dependiente no ha sido enteramente sanado. En la resistencia terrible a abandonar a una pareja que ya no amamos, lo que subyace es la herida abierta de nuestro propio abandono. Nos aterra confrontar a una persona que pueda sentirse de alguna manera como nosotros nos hemos sentido.

En lo positivo, esto muestra una gran capacidad de empatía, hasta el punto de identificarnos, casi demasiado, con el dolor del otro.

Si lo sintetizamos: el problema reside en una creencia encallada en el subconsciente. La misma de siempre,

La mejor manera de empezar es iniciar conscientemente un proceso de duelo por esta relación que deseamos dejar y aceptarnos a nosotros mismos como personas co-dependientes. Seguimos anclados en el problema de hacer de los sentimientos de la pareja algo más importante que nosotros mismos. Si antes intentábamos cerrar nuestras heridas infantiles con el amor de la otra persona, ahora estamos intentando cerrarlas evitando su dolor.

Pensamos en el dejador como en alguien que está en muchas mejores condiciones que el dejado, porque tiene a otra persona, porque está iniciando una vida nueva que ha escogido o porque ya no estaba enamorado y por eso, no tiene porqué sufrir tanto. Error. Cada duelo es profunda y absolutamente personal. Lo que vemos desde fuera no es más que la punta de un iceberg.

A los que estéis pasando por este proceso, recordaros lo que ya sabéis. Aprendisteis que la pareja no es responsable de vuestra felicidad; pero no olvidéis que la felicidad de vuestras parejas, tampoco es responsabilidad vuestra. Seguid aprendiendo. La lección no ha terminado.

comentarios
  1. Helena dice:

    ¡que bien expuesto!

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  2. Laura Claisen dice:

    Brutal!!!

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  3. Sandra dice:

    Hola Cristina,
    ¿En qué momento se da el verlo claro?
    Me siento con demasiadas dudas siempre. Le amo, pero a menudo siento que no funciona, a menudo siento que es más el malestar que el bienestar, no porque él no me demuestre su amor, sino porque a veces no me gusta su forma de ser fría.
    No sé si mi relación está o no sentenciada, no sé si lo he visto claro, como tú dices, o merece la pena esperar. O si esperar es realmente un error.
    Gracias mil

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    • Hola Sandra,

      En tu caso, nos encontramos en el estado anterior al que se alude en el artículo: tú todavía estás presa del amor hacia alguien que no te ama, o no te ama como tú querrías. En cuanto a lo de esperar, aplica siempre el dicho “quien espera, desespera”. No hay nada que esperar. La persona que es fría, es fría, ya sea porque le falta el sentimiento, o porque le falta el temperamento y en ninguna de estas dos cosas hay remedio alguno.

      Abrazos

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  4. Enrude dice:

    Hola Cristina,
    En una palabra “brutal”..!!!
    Estoy pasando o he pasado por ello recientemente. Le dejé hace un mes y lo intenté en otras ocasiones. Siempre disuadida por el sufrimiento que le podria causar y sus súplicas.
    Cogí el toro por los cuernos y lo hice, sin más. No podía más. Me estaba perdiendo por no hacerle daño…. Y sabía que eso no era lo aprendido tras mil tropezones.
    Estoy sola, conmigo, por fin…. No necesito más que esta tranquilidad y plenitud que siento. Mejor que nunca, diría yo….
    Si algo tiene que venir, sólo podrá si mejora este estado.
    Si me acuerdo de él…? Sólo en que se recupere cuanto antes y que espero que encuentre a la persona indicada.
    Cuando tengo un atisbo de sentirme culpable por haberle dejado, me recuerdo. Nadie se muere por nadie… (Salvo por un hijo…mueres en vida).
    Un artículo estupendo..!!! donde se habla claro de cuando crees que debes hacer algo….

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    • Hola Enrude!

      Difícil es dejar a alguien cuando uno carga con ese sentimiento de responsabilidad, pero aún más difícil si la otra persona nos inspira lástima y sin embargo, si nos inspira lástima, es hora de partir sin mirar atrás, porque ni tú debes apenarte, ni él debe aceptar a nadie que sólo está a su lado por pena y culpa.

      Disfruta de tus alas y que nadie detenga tu vuelo.

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  5. Carmen dice:

    Cristina ¿Eres de CadiCadi? “Ahora bien (cuidaíto, como decimos en Cádiz).” :-))) ¡Qué arte killa! Da alegría saber que eres de aquí al lado. Y si no lo eres da alegría de de leerte y “despertar” a esa honestidad que nos reconcilia con nosotros mismos. Gracias bella

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    • Soy gallega de cuna, pero cañaílla de adopción: de ahí proviene esta gracia que Dios me ha dao! Abrazos desde el exilio, cómo echo de menos la Isla!

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      • María dice:

        Pongamos que soy una de esas personas que describes ahí arriba, Cristina, punto por punto. Empiezas por fantasear con la terrible idea de “¿en serio me está pasando esto a mí? “. Luego que no, que cómo voy a hacer eso. Y un día dices, tú ganas destino, a sufrir todos una temporada, a pasar el trago, a hacerle la putada, a aguantar la incomprensión de todos, “con lo buena pareja que hacíais” porque además sabes que es verdad, así que, señores y señoras no tengo respuestas hoy a sus preguntas, no puedo seguir con él. Y de repente, cuando ya has pasado el dramón, empiezas a percibir en la gente actitudes de cierta admiración, y algunos te dicen: “tía, le has echado dos pares, qué valiente “ y entonces te das cuenta de que ahora mismo hay muchas personas que quisieran hacer lo mismo que tú, pero que no les ha llegado su momento.
        En cuanto al ex, en mi caso, aún me ronda el sentimiento no solo de culpabilidad, sino también de responsabilidad y me digo a mí misma que estoy mejor así porque ya siento coherencia entre lo que pienso, lo que siento y cómo actúo, pero aún me pregunto cómo no fui capaz de sentir lo mismo que él. A veces intentamos explicar nuestros comportamientos y sentimientos con sofisticadas justificaciones y nos olvidamos de la razón más simple. A mí me dio la respuesta lo que dice en cierto momento la protagonista de Jane Eyre: “No puedo amarle. Mi corazón calla” Y punto. Poca broma, el corazón manda en estos asuntos y, además, siempre gana.

        Gracias, Cristina.

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      • Hola María,

        Cuando un entorno te aconseja en bloque tomar la opción más conservadora, no es porque realmente sea la mejor opción, sino porque es un reflejo de su propio miedo, que proyectan en tu historia.

        La culpa es la resaca de todo lo que comentamos en este post…tú necesitas aprender a darte permiso para ser feliz. Tienes todo el derecho del mundo a escoger y no escoger a un compañero de vida.

        Me encanta Jane Eyre, es uno de mis libros preferidos. Y de ella son estas palabras también: “Yo no soy ningún pájaro, ni estoy atrapada en red alguna. Soy un ser humano libre, con voluntad propia, que ahora quiere apartarse de usted.”

        Abrazos!

        Abrazos

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  6. Carmen dice:

    ¡Pordio Cristina que yo soy de Camposoto y vivo en la Isla! Jajajaja ¡Qué alegría bella! Venta pa´ca en carnaval Jajaja

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  7. Luciérnaga dice:

    Un post interesantísimo y en el que he sentido muy identificada. En mi relación anterior llegué a desconectar tanto de él que… ¿empecé el duelo antes de hora? Vengo de una familia desestructurada y con muchas carencias en mi infancia, por lo que siempre he sido bastante dependiente y procuro trabajar en ello, creo que he avanzado bastante. Esta desconexión fue muy curiosa precisamente porque me pasó lo que describes. Ya no es sólo el dejar de estar enamorada, sino el hacer vida fuera de esa relación (claro, que a él también le daba igual y tampoco aceptaba acompañarme nunca) y cuando al final decides cortar, después de años aguantando, cómo no -nunca es fácil dar el paso- como que no duele. No te duele por ti mismo, sino por ese sentimiento de responsabilidad. Pero con el tiempo se pasa, por suerte.

    Buenísima ese fragmento de Jane Eyre, tendré que leerlo!

    Muchas gracias una vez más por tu sabiduría 😉

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  8. Fran dice:

    Por muchas cosas que fallen en una relación, al romper, siempre perdemos algo, (los dos), de no haber sido así la relación no hubiera existido ni perdurardo su tiempo de vigencia. También creo que el hecho de decidir romper, nos convierte en el malo, el egoista, el inmaduro, y quizás muchas veces así sea. Siempre vamos a ser el malo en la historia de alguien, pero si nos vamos, es POR NOSOTROS, y el sufrimiento del otro, quizás vaya aparejado a no querer irse con culpa o remordimientos. Incluso los hay con la famosa pelicula de “quedar como amigos” cuando en realidad, lo que no se quiere es perder las ventajas que ese vínculo nos ofrecía. Pero la única certeza es que nos vamos de una relación para buscar una felicidad, paz, armonía o lo que sea, por nuestra cuenta, que esa relación no nos daba. Y es, en estas disyuntivas, me quedo infeliz pero cómodo, me voy pero me la juego que me salga mal, mejor mal acompañado que sólo, etc., dónde salen a relucir nuestros miedos, la resaca de nuestra historia afectiva, los egos inflados o heridos, que más da. Sale a escena nuestra capacidad para ser fieles a nosotros mismos, desnudos en el escenario de la vida, y salga como salga, no sólo vamos a aprender sino que todo el mundo sobrevive a semejante tsunami, nadie se muere por nadie…
    Encontremos o no, lo que busquemos, lo único que es evidente es que nadie quiere ser infeliz, ni con pareja ni sin ella.
    Bss Cristi

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  9. David dice:

    Buenos días Cristina,

    La verdad que este post me viene al pelo….justo hace unos días me acaba de dejar un chico con el que llevaba 6 meses, todo parecía que andaba a las mil maravillas, nos entendíamos muy bien y no teníamos problemas (aparentemente) porque siempre llegábamos a acuerdos sobre las cosas. La cuestión es que hace unos días lo noté bastante distante (era una relación a distancia y nos veíamos cada 15 días aprox) pero me dijo que era cuestión del trabajo en ese momento que estábamos en persona, después me reconoció dos días después por teléfono que una de sus inquietudes era lo nuestro y que prefería poner punto y final a la historia porque no lograba enamorarse de mí a pesar de decirme que para él rozaba la perfección.

    Si bien respeto totalmente la decisión, como no puede ser de otro modo, también me causa cierta angustia el ver que mis dos relaciones anteriores estaban llenas de gente tóxica, incluido un tipo maltratador físico y ahora que creía haber encontrado alguien normal y real, me he dado cuenta que la historia quizás era una invención mía de ser un cuento de hadas.

    Un saludo,
    David

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    • Hola David,

      En el mundo de las relaciones normales, las personas también sufren rechazos, desamores o no se enamoran de quién querrían.

      En cualquier caso, alguien que está 6 meses arrastrando una relación donde no se ha enamorado, también tendrá lo suyo, en primer lugar, alguna que otra carencia afectiva.

      Abrazos

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  10. Fred dice:

    Hola Cristina:

    Leo todo lo que publicas desde hace varios años en que encontré tu blog que me dio elementos valiosos para superar el duelo de haber sido dejado luego de siete años de matrimonio. Hoy en dias de cuarentena por el COVID finalmente me he dado tiempo para leer tus artículos pendientes,

    Como te dije, yo estoy en la contraparte de quien deja así que mi perspectiva es distinta, ahora luego de transcurrido bastante tiempo siento que me quedó en el aire la pregunta de que pensaba mi expareja, qué sentía, cuál fue su proceso, la parte en que mencionas “…Estar atrapados también nos lleva a desarrollar una especie de vida aparte de nuestra pareja donde podamos ser libres a ratos…” describe fielmente el período final de nuestra relación ya que aunque seguiamos juntos, probablemente yo no lo admitía pero cada uno buscaba por su lado estar libre a ratos, siento que ella a su manera también tuvo su duelo, sus dudas, sus conflictos. Solo quería añadir que la mención de ser una mariposa liberada de su capullo me parece que en mi caso se aplica para ambos, pienso que el duelo es una etapa difícil, un agujero oscuro pero siempre hay una luz al final del tunel y ahora a la distancia veo que todo ese proceso me permitió crecer como persona, aprender a vivir conmigo mismo, a conocerme a mi mismo …. y ahora que estamos aislados por las circunstancias del COVID no me siento encerrado y veo con satisfacción que he aprendido a vivir conmigo mismo … que he aprendido a disfrutar de mi compañía.

    Gracias por tus artículos siempre muy acertados

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