¿Quién es la pareja del psicópata?

Publicado: septiembre 7, 2016 de Cristina Lago en Los amores patológicos
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¿Son su pareja, su víctima, su complementario? Ni la propia persona involucrada en una relación con un psicópata, sabe a ciencia cierta cuál es su rol.

LA PAREJA DEL PSICÓPATA

Era la persona más vital, alegre y extrovertida que he conocido nunca. Tenía una sensibilidad extrema. Supongo que esto le ayudaba, porque de cualquier cosa, ya fuera un paisaje o una casa en ruinas, se inventaba historias que acababan siendo aventuras fantásticas, llenas de magia, en las que siempre ganaban los buenos; qué paradoja. Era tan elegante que la miraba durante horas mientras se arreglaba y se maquillaba.

Nunca me cansaba de repetirme que de mayor quería ser como ella. Supongo que todo lo que estoy escribiendo son recuerdos que muchas mujeres deben de tener de sus madres, y a esto me refiero: era una persona como cualquier otra de las que nos encontramos cuando vamos a trabajar.

Carta de Xantal Rodríguez hablando de su madre, Rosario Endrinal. Indigente golpeada y quemada en un cajero automático por tres chavales de familia acomodada. 

Puede ser una persona luchadora y positiva; puede ser apocada y tímida; puede estar satisfecha o puede no estarlo; puede ser dependiente, puede no serlo; puede tener un físico llamativo o ser discreta como un ratoncillo; puede ser intelectual o vital; puede ser racional o emocional. La pareja del psicópata puede ser de muchas y variadas maneras, pero siempre, siempre, es una persona con un alto grado de empatía.

La empatía es el ingrediente secreto sin el cual tendríamos una alianza de conveniencia y no la particular interacción de poder y sumisión que se produce entre el psicópata y una persona aparentemente funcional.

¿Tiene el psicópata una especie de místico radar depredador con el que mágicamente puede ver las carencias y debilidades de otras personas para poder seducirlas y dominarlas?

S.L, afirma ser, supuestamente, un psicópata integrado. Está casado, tiene dos hijos mayores y desempeña un puesto de responsabilidad en un organismo público; a la vista de todos, es un hombre sociable, carismático, cumplidor. Comenta que ha tenido varias amantes desde antes de su matrimonio, y presume de haber podido mantener incluso tres relaciones clandestinas al mismo tiempo perfectamente organizadas y compartimentadas para que su pareja oficial no supiese de su existencia. Todas las relaciones extramatrimoniales que ha sostenido, han sido tóxicas. Por ejemplo, dice que obligó a una de sus amantes a abortar un hijo suyo, algo a lo que ella habría accedido por miedo a perderle. 

Al preguntarle cómo selecciona a las mujeres y si ve en ellas algo en particular que le haga saber si son vulnerables o dependientes, responde que no siempre. Que él simplemente va probando, probando…y si la mujer responde, es adecuada. Puro ensayo y error, sonríe. 

La pareja del psicópata cree profesar un amor inmenso, un amor de cualidades casi divinas: todo lo perdona, todo lo acepta, todo lo consiente. En realidad, lo que experimenta es una adicción, reforzada por el sistema de premios y castigos que inflige el otro para mantener su provisión de estímulos. A veces la víctima es consciente y trata de desengancharse de la relación, enfrentándose con el temido y temible síndrome de abstinencia.

¿Cuáles son las mayores dificultades a la hora de desengancharse?

  • El síndrome de abstinencia: un conjunto de síntomas ansioso-depresivos habituales en cualquier ruptura. En una relación adictiva, los síntomas se multiplican y las sensaciones pueden llegar a alcanzas cotas de angustia muy altas, con constantes impulsos para retomar la relación.
  • El ego: una de la trampas más sutiles que la pareja del psicópata se pone a sí misma en su proceso de recuperación. Ve al psicópata como un enemigo al que hay que vencer. Aplican el contacto cero con la mera intención de cambiar el equilibrio de poder o aplicar una revancha. Es esencial recordar en estos momentos que el único enemigo real es la propia adicción a la relación y es con ello contra lo que hay que luchar. ¿Reta el alcohólico a la botella o el drogadicto a la droga? Nunca. Se reta a sí mismo.
  • El miedo: miedo a no poder amar, a no ser feliz en una relación, a tener profundas taras mentales que impidan la estabilidad, miedo al vacío…Todos estos miedos están fundamentados en un sentir temporal, no en un futuro real.

¿Qué factores pueden ayudar a la hora de desengancharse?

  • Al pan, pan y al vino, vino: si sufres, te desgastas, te enfermas, te obsesionas y te anulas y destruyes, no es amor. Es una enfermedad o una adicción y estás experimentado el mismo tipo de proceso que vive cualquier otro adicto.
  • No confundir el proceso de conquista con sentimientos verdaderos: es habitual obsesionarse con recuperar la primera etapa de la relación. Se cree que la fase de seducción fue lo REAL, mientras que los comportamientos posteriores son consecuencia de las acciones erróneas de la pareja del psicópata, acciones que deberá arreglar para que vuelva el príncipe o la princesa de los inicios. Que en realidad no existen. La fase de seducción es IRREAL. Lo REAL es lo que acontece a posteriori.
  • Mirar alrededor: amigos, amigas, familiares…ver que otras personas van evolucionando vitalmente, se emparejan, forman familias, pasan malos y buenos momentos, se recuperan…puede reforzar la consciencia de que esto no es un juego, que se pierden años y experiencias de vida en algo que por su propia naturaleza, no puede progresar nunca.
  • Escoger un terapeuta adecuado: si se decide buscar ayuda profesional, no hay que caer en el desánimo y no hay que temer descartar opciones. No todos los terapeutas conocen este tipo de dinámicas de pareja, ni saben cómo abordarlas; es preferible tomarse el tiempo preciso para encontrar a un profesional adecuado y con el que haya una comprensión del caso, antes que perder dinero y sesiones en una terapia que no convenza.
¿QUÉ PASA CON EL CONTACTO CERO?
Si bien el contacto cero es recomendable en general al inicio de una ruptura, en el caso de una relación adictiva, es vital. Aunque sea inevitable que surjan pensamientos relativos a que el psicópata reflexione o cambie al perder a la otra persona, el principal propósito del contacto cero es el desenganche y la recuperación y siempre es aconsejeble trabajar intensamente en este sentido.
Es habitual que existan tanteos durante el contacto cero, más aún en el caso de una persona con perfil de personalidad psicópata, que buscan principalmente el control. Puede que ellos no contacten de forma directa, pero de alguna manera harán saber que la puerta está abierta si lo consideran necesario. Los medios de contacto actuales permiten una mayor variedad estratégica al respecto. El psicópata puede contactar con terceras personas relacionadas con su ex pareja, o bien algo tan sencillo como bloquear y desbloquear de whatsapp para alardear de control.
Ojo: no todo el mundo que hace esto, es psicópata.
EL AISLAMIENTO
Fuera cual fuera el punto de partida en la vida de la pareja del psicópata, en algún punto de la relación se habrá quedado sola, lo que acentúa su dependencia hacia la otra persona.
Esta soledad puede ser fruto de una serie de estrategias de control, o bien de la propia iniciativa de la víctima, que tiende a acabar aislándose en la obsesiva interacción con el psicópata, en torno al cual construye un mundo persistente y tortuoso de falsas expectativas.
Al tomar la decisión de desengancharse resulta conveniente pedir ayuda, ya sea de familiares, amigos o profesionales, pues ellos constituirán un refuerzo muy importante durante los mayores picos del síndrome de abstinencia.
 
LA VIDA QUE TE ESPERA

Un encuentro breve, puede dejar un mal sabor de boca y el breve escalofrío de un niño que despierta de un mal sueño. Una vínculo largo y sostenido en el tiempo, puede generar unos mayores estragos, principalmente por el increíble trabajo de adaptación a lo anormal que ejecuta la pareja del psicópata para poder tolerar los aspectos negativos de la relación sin volverse loca en el intento.

Las secuelas a corto y medio plazo pueden ser tanto físicas como psicológicas: dolores, migrañas, sensación de insatisfacción crónica y de vacío, sentimientos persistentes de depresión, miedos y algunas fobias (por ejemplo, agorafobia o claustrofobia), ansiedad, ataques de pánico, insomnio, fobia social, estrés postraumático…

El trabajo de recuperación pasa por diversas fases, siendo las iniciales las más intensas y aliviándose parte de los síntomas físicos de forma natural al alejarse de la situación conflictiva. Posteriormente, el reconectar con uno mismo, con el propio mundo interior, reconstruir la autoestima y reaprender una manera de vivir estimulante sin necesidad de constantes descargas de intensidad, es una labor que puede conllevar más tiempo y esfuerzo, no obstante los frutos con la debida constancia, son muy positivos.

El proceso de sanación y reconstrucción es muy similar al de cualquier otra persona adicta. El escollo más persistente en el desenganche es aprender a convivir con la vida misma, sin necesidad de infligirse estímulos extremos. La relación adictiva, al igual que cualquier otra droga, produce, en sus picos más altos, una impresionante sensación de plenitud, conexión y vivencia plena del presente. Muchas personas que han vivido este tipo de experiencias se enfrentan a la frustración de no encontrar algo similarmente estimulante en otras fuentes más inocuas, como la meditación, los ejercicios espirituales, el deporte, incluso en otras relaciones sentimentales, véase Las relaciones normales me aburren.

Las mejores herramientas con las que se ha de contar en esta etapa son principalmente, las mismas que precisa el viaje del autoconocimento. Ver, dejar estar, reconocer y verbalizar los propios momentos de vacío y de frustración, ser plenamente conscientes de que estos son estados y sensaciones temporales y que poco a poco encontraremos la manera de ir lidiando con ellos sin que nos precipiten a la angustia.

Liberarse de la culpa. 

Des-responsabilizarse de la otra persona y dejar de justificar sus comportamientos. Da igual lo que sea: sus traumas de infancia (nota: usan a menudo esta excusa, aunque no sea cierta y provengan de un entorno familar totalmente normal) su relación con sus padres, su malvado jefe…sea lo que sea, NADA justifica el maltrato.

Trabajar en la aceptación. No regodearse en pensamientos de revancha o redención. No puedes salvar a nadie de sí mismo. No todo el mundo debe ser salvado, cambiado o redimido. A su vez, encuentra tu propia oscuridad. Tus momentos de ira, egocentrismo, impulsividad, necesidad de estímulos. Imagina a una persona que no puede aprender valores, que no puede aprender autocontrol, que está destinado a vivir permanentemente en estas emociones y sensaciones sin capacidad para crecer por encima de ellas. Perdona y perdónate por  todo.

Un día estarás en algún sitio, quizás en tu casa, de viaje, con tus padres, con tu hijo, solo o acompañado. Y no estará pasando nada de particular, salvo una sola cosa alucinante. Que por primera vez en mucho tiempo, sientes paz.

(Esta pequeña monografía sobre psicópatas, vínculos y sus parejas, no se basa principalmente en estudios profesionales de expertos, si bien han servido de inspiración los libros El maltrato psicológico, de José Luis González de Ribera, el clásico Sin conciencia, de Robert Hare y ¿Es usted un psicópata? de Jon Ronson.

He preferido no obstante emplear los cientos de testimonios que he ido compilando durante años sobre experiencias de este tipo, contados desde el punto de vista de las víctimas, más entrevistaas que he podido realizar y documentación que he ido pudiendo reunir de otras fuentes.

Tengo que agradecer especialmente la aportación de una persona en concreto, que fue quien me señalo la importancia de no caer en las luchas de poder y varias ayudas para el apartado del contacto 0. Actualmente está persona se encuentra todavía en estado de recuperación. Mucho ánimo y millones de gracias por querer compartir y ayudar a otras personas con tu experiencia. Ya sabes quién eres :))

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comentarios
  1. María dice:

    Hola Cristina,

    Empecé una relación con una persona y al principio todo parecía ir bastante bien. Ahora, con el tiempo y con perspectiva entiendo que determinadas cosas no eran normales. Pero bueno, así lo sentía.
    Todo empezó a volverse una locura cuando él decidió alejarse completamente y “volver a ser amigos”. Ahí empezaron las cosas raras aunque yo, por aquel entonces, tampoco sabía mucho a qué atenerme y las empecé a ver como normales: aparecer en mi lugar de trabajo o incluso en mi casa y un largo etc. Finalmente volvió, supuestamente arrepentido de haberse alejado. Yo llevaba esperando esa vuelta mucho tiempo así que me alegré mucho e inmediatamente volvimos a retomar la relación.
    Pero nunca volvió a ser lo mismo del todo, ya a las pocas semanas me decía que “poco a poco” y que en ese momento no le salía nada conmigo pero que quería seguir manteniendo el contacto. Cuando yo decidía alejarme empezaban las locuras: muchísimas llamadas al móvil, contacto a través de las redes sociales que yo ni siquiera utilizaba ya, hablar todos los días, cuentas en redes sociales falsas, e-mails incluso escribir a mis seres queridos.
    Por unas cosas o por otras, yo siempre acababa volviendo. Acabé viendo esas cosas como gestos “de amor” sin embargo, él seguía manteniendo que no le salía nada más conmigo.
    Finalmente, hace casi 3 semanas decidí alejarme del todo. Contacto cero.
    En un momento, él continuó hablando como si nada. Ahora hace una semana que él tampoco me dice absolutamente nada. Algo en mi, me dice que sigue “jugando” y esperando a que yo reaccione, que sigue esperando agazapado.
    Evidentemente están siendo días duros. Aunque la razón me dice que estoy haciéndolo bien, a veces no puedo evitar tener ansiedad, nervios y ganas de que vuelva a contactar conmigo. Entiendo que parece un sinsentido. Ni yo misma a veces me entiendo.
    ¿Qué opinas Cristina?
    Muchas gracias y un abrazo

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    • Hola María,

      Hay una parte de tu cerebro, la que está funcionando en unos parámetros de normalidad, que es la que te reafirma que has hecho bien. Hay otra parte de tu cerebro que ahora mismo está secuestrada por un enganche emocional, que te manda mensajes de autoengaño para que vuelvas a buscar la “droga”. Es un proceso absolutamente normal y tú cabeza con el tiempo recuperará el equilibrio. Para ese síndrome de abstinencia, que es lo que describes, viene muy bien buscar desahogos y ocupaciones. Un simple paseo durante un bajón de ese tipo ya es un alivio. Sigue en ello, el tiempo te dará la razón.

      Abrazos

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