¿Por qué las amistades me decepcionan tanto?

Publicado: septiembre 5, 2019 de Cristina Lago en ¿Quieres cambiar? Entra aquí, Cómo encontrar el amor
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Dime qué amigos tienes y te diré cómo te quieres.

Hace poco, tuve la suerte de volver a reencontrarme con un buen amigo que hacía años que no veía. Hay amigos y amigos. Este amigo es de aquellos que aunque pase el tiempo y no os encontréis, de repente, un día os cruzáis y os echáis a hablar con tanta naturalidad como si quedaseis todos los días. No sé qué sucede con este tipo de amistades, pero lo curioso es que siempre aparecen en el mejor momento. O simplemente es que el hecho de que aparezcan, siempre hace que el momento sea el mejor.

Me comenta que durante todo este tiempo, me ha venido leyendo y que le encanta, porque leerme es un poco como hablar conmigo.

De alma a alma, vamos desgranando nuestras cosas: lo divino, de lo humano, de nuestras preocupaciones y miedos, de nuestras tristezas y extrañezas, que no son muy distintas que las que teníamos años atrás.

Lo más bello de la amistad, es que es, quizás, una de las formas de amor más perfectas que existen, porque te conmina inevitablemente a la sinceridad.

Entre las cosas que tratamos esa noche, una de ellas fue la amistad en general y la nuestra, en particular.

¿Qué es la amistad? Simple. Dos personas que se quieren en lo esencial, sin más florituras.

Con los amigos, destripas tus asuntos íntimos con la misma naturalidad con la que hablas del tiempo, o de lo nuevo de Netflix, o de política; no existe ese temor a quedar mal o a dar una imagen equívoca que pueda llevarte a ser juzgado. Simplemente, se distingue a un amigo porque cuando estás con él, no tienes necesidad de ser alguien que no seas tú mismo para lograr su aprobación o su cariño.

Muchas veces nos encontramos preguntándonos hasta qué punto nuestras relaciones son auténticas o son relaciones de conveniencia (la pregunta del millón).

 Nos aterra ser usados, como si nosotros mismos no lo hiciésemos. Existen relaciones mutuamente utilitarias, que pueden ser positivas o no, y existen amistades. Las buenas amistades, como los buenos vinos y los buenos amores, envejecen bien con el paso de los años. Otras relaciones se van desvaneciendo o deteriorando ante la imposibilidad de llegar a una conexión verdaderamente íntima. 

¿Cómo distinguimos una amistad de otro tipo de relaciones? Fácil. Cuando estamos con personas con las que no necesitamos otra carta de presentación que nuestra propia energía, nuestra alegría, nuestros aciertos, nuestras taras, nuestra solidaridad, nuestro amor por las causas perdidas, nuestra paz interior, nuestra guerra perpetua, nuestras neuras y particularidades, nuestra honestidad o nuestra lealtad, seguramente podemos hablar de amigos.

Si nuestra carta de presentación NO son estas cosas, sino que todo nuestro valor está únicamente definido por nuestro status, nuestro ego, nuestros bienes materiales o aquello que en realidad es totalmente externo a nuestra humanidad, lo que conseguiremos serán admiradores, socios, inversores, invitados, parásitos, relaciones de conveniencia, pero no amigos.

Al igual que pasa con las relaciones de pareja, con las relaciones de amistad, uno jamás debería tener que enmascararse para ser amado.

A menudo invertimos una impresionante energía en embellecer y lucir nuestro cuerpazo serrano, o en acumular propiedades, o en crear una vida de mentira, o en alimentar relaciones que en realidad no nos llenan, con un único fin, a veces inaccesible o inconfesable: huir de la soledad y ser aceptados. El mayor sueño secreto de la mayoría de la humanidad es formar parte de algo. 

La admiración o la necesidad de otros se convierte en un sucedáneo temporal del amor que no logramos alcanzar. Las caras cambian en relaciones virtualmente idénticas.

Caminamos ciegos generando vínculos ilusorios que terminan dejándonos vacíos, desconectados: o nos decepcionan. Una y otra vez, la vida nos devuelve a esa soledad que tanto temíamos. 

Es sencillo culpar a otros por no ser aquello que buscábamos. Por ser superficiales o mediocres, por no creer en el amor o la amistad. Nosotros lo dimos todo ¿por qué no responden, por qué no me aman como necesito? Pero llega el momento en el que uno debe responsabilizarse de aquello que le sucede y hacerse preguntas, muchas preguntas.

La otra opción es cronificarse en el victimismo y aislarse orgullosamente con el convencimiento de ser el único que va en la dirección correcta cuando todos los demás circulan en sentido contrario.

Si optas por lo primero, vuelve a lo anterior y revisa cuál es tu carta de presentación.

¿Cuán importante es tener en tu vida una amistad sincera? Aunque la autoestima depende en gran parte de nuestro propio trabajo interior, sin duda, tener a nuestro alrededor a personas que realmente nos quieran tal y como somos, ayuda mucho. Todas las relaciones que construimos y alimentamos no son más que un reflejo de la relación que tenemos con nosotros mismos. Si tus parejas o amistades nunca te llenan es muy posible que en tu búsqueda de ser aceptado y querido, te hayas olvidado de aceptar y de querer.

(Desde aquí aprovecho para dedicar este texto a mis amigos: os prometo como propósito para estos próximos años, seguir queriéndonos y cuidándonos todavía más y mejor.)

La envidia que abre puertas en los seres

no pudo abrir tu puerta ni la mía.

Es hermoso como cuando la cólera del viento

desencadena su vestido afuera

y están el pan, el vino y el fuego con nosotros

dejar que aúlle el vendedor de furia,

dejar que silbe el que pasó entre tus pies,

y levantar la copa llena de ámbar con todo el rito de la transparencia (Pablo Neruda)

comentarios
  1. Enrude dice:

    Hola Cristina,
    Pasados los años, tras decenas de experiencias y muchas personas conocidas, he aprendido una cosa: a soltar…
    Toleramos sin saber muy bien por qué mantenernos en contacto con amistades que lo fueron, o que nunca lo fueron, por no se sabe muy bien por qué….
    A mí siempre me ha ocurrido en grupos de amistades de chicas que suele haber una dominante, que maneja, que dirige y es cómo si el resto siguiese cual manada aborregada. Nunca he podido con eso. Nunca he podido con criticar dañinamente a espaldas. A nuestras edades se incluye hablar de los hijos “educados así”, “educados asá” “mira que consiente…”…. y al final rompo y me alejo de esos grupúsculos sacrificando a veces relaciones de años….
    En fin, que a veces hay que limpiar como quien limpia el armario y analizar cuáles son las verdaderas y cuales que que no los son para nada…. Al principio es soledad o quizá miedo a ella (cómo en las relaciones), pero luego florece la hierba fresca, más fuerte, más fresca y más verde…..
    Pero mi parecer es que hay pocas amistades, muy pocas sin mediar intereses, envidias, falsedades….. Resultado de taras miles que el ser humano carga a espaldas ….

    Estupenda entrada Cristina!!!! Como siempre!

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  2. Luciérnaga dice:

    Muchas gracias por hacernos reflexionar una vez más.

    Es curioso cómo con los años algunas amistades (que en muchos casos, no lo eran tanto) se van perdiendo pero las que perduran siguen tan fuertes como el primer día o incluso más.

    Supongo que, conforme nos hacemos mayores, vamos viendo cosas no nos gustan y que antes tolerábamos o ni siquiera habíamos visto. Hasta que decides poner límites y adiós muy buenas.

    Es infinitamente mejor tener pocos amigos y que nos llenen realmente, que tener muchas relaciones, pero vacías y seguir con ellas por inercia.

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  3. Óscar dice:

    En un Mundo artificial, encontraremos relaciones artificiales en las que nos vapuleamos continuamente en intentar parecer algo que en esencia no nos gusta, en esencia es falso y en esencia confundiremos al que tenemos enfrente. De estas amistades de las que hablas solo tengo una, y es eterna, nítida y natural. Y si!! Esto se produce porque con este amigo no tengo que parecer nada, que sentirme de ninguna manera, tener cuidado con que algo que diga o haga es “bueno” o “malo” o que si le puede sentar mal cualquier cosa. Qué curioso que con este amigo de alma parecida, todo es alegría y sale lo mejor de mi siempre, aunque no quiera, no puedo evitar sentirme yo y feliz. ¿Esto no se podría lograr con una pareja? Creo que si, pero no sin trabajar sobretodo la no necesidad del otro, el no tener que parecer nada, es decir, trabajar el encontrarse acompañado tan jodidamente a gusto como si estás solo, esa es la clave para mi. Si esto no se comprende y se busca, será un “aguantar” continuo o un no aguantar nada inmediato y constante hasta dar con esa persona que no existe ni en mil Tierras y tres mil constelaciones. Para mi Cristina, la cuestión es crear, sin ego. Con ego, defensas, justificaciones, con los “porque yo lo valgo” y toda esa falsa libertad perfectamente orquestada desde los que se creen saber lo que queremos aludiendo a nuestros deseos más emocionantes , consiguen esclavizar nuestro inconsciente para decirnos lo que tenemos que hacer, y lo hacemos. Sin embargo, cuando estás con alguien que juega a tu juego y tu juego es encontrarse sin deseos de demostrar, solo SIENDO…quien ha vivido eso, sabe cual es la forma más sana, noble, abundante e infinita de amor. Lo demás son carencias y necesidades, creadas siempre sin darnos cuenta. Precioso artículo Cris, cada día llenan más tus palabras y cada día, para mi, estás más cerca de la plenitud, del amor. Gracias y un abrazo enorme!!.

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  4. María dice:

    Hola Cristina, muy buen artículo, como siempre. Tengo una duda, resta este párrafo que escribes: “Es sencillo culpar a otros por no ser aquello que buscábamos. Por ser superficiales o mediocres, por no creer en el amor o la amistad. Nosotros lo dimos todo ¿por qué no responden, por qué no me aman como necesito? Pero llega el momento en el que uno debe responsabilizarse de aquello que le sucede y hacerse preguntas, muchas preguntas.” Las preguntas correctas ¿cuáles serían en tu opinión?. Gracias!

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    • María,

      Difícil pregunta.

      Las preguntas correctas tienen mucho que ver con la propia historia, circunstancias y expectativas y por eso no son las mismas para todos.

      Las mías son.

      ¿Me quitan energía estas personas o me la dan? ¿Me llenan o me vacían?

      Abrazos

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  5. Miguel dice:

    ¡Qué rabia que mi comentario no se haya publicado!

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  6. Azul dice:

    Si tuviera que evaluar en función de mis amigos cómo me quiero diría que mucho… Pocos y buenos. Sobre todo hay dos o tres amigas a las que le debo la vida. Sin ellas y sin haber dado contigo no sé… No tenía fuerzas y he estado muy mal.

    Amigas a las que puedes escribir a cualquier hora. Amigas que son familia. Que me han ofrecido incluso ayuda económica en rachas malas.

    También sé lo que es que cuando estás en una época muy mala tu mejor amiga se agobie y desaparezca. Duele mucho. Pero claro, la ansiedad y la depresión no gustan a la gente, estar al pie del cañón es duro. No hay rencor. Esa persona estuvo unos años, se marchó y ya está. Lo curioso es que ha reaparecido como si nada hace poco, pero con esto pasa un poco como con las amistades con los ex. Ya hemos tomado caminos distintos y no hay nada que nos una. Yo he cambiado mucho, además. He crecido mucho.

    Mantengo una amistad descafeinada con una chica del colegio. No me da energía. No confío en ella, porque es bastante indiscreta. Pero la veo una vez al año, ha pasado una mala racha y no me atrevo a ‘romper’. Es una amistad de baja intensidad que cuesta poco mantener. Como curiosidad lo que más le preocupa saber de mí es si tengo pareja o no. Es curioso y obsesivo. Eso es tema para otro post, Cristina, pero menuda presión con eso, ¿no?

    Aunque cree que sí, no sabe cómo soy, desconoce algunas vivencias amorosas y vitales que he tenido, todo lo que he tenido que luchar -y lucho- como antigua dependiente emocional. Pero ahí está, porque tampoco hay un motivo de peso como para romper.

    Fíjate hasta que punto la amistad es importante para mí que desde mi última ruptura de pareja cuando he conocido a alguien hablo de mi otra familia como un eje de mi vida.

    Les debo mucho, soy consciente de ello. Son un regalo. Tú otro. Esa gente con la que aunque no se llegue a amistad hay buen rollo. Del trabajo o de otros entornos. Lo sé bien.

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