
Has logrado dejar atrás lo que no te suma, has aprendido a estar solo/a, has trabajado tanto en tu estilo de apego que podrías dar un master y ya no buscas a nadie para que te complete. Entonces ¿por qué no encuentras a nadie que merezca la pena?
Desde que empecé a escribir por aquí, he sido testigo de distintas etapas. También las he vivido. Al principio de todo, hice diversos artículos sobre dependencia emocional, relaciones tóxicas y rupturas de pareja. En aquellos años, yo tenía unos treinta y pocos y había acumulado suficiente experiencia sentimental como para empezar a entender cosas importantes sobre mí misma. Lo que contaba resonó con muchas otras personas que también habían recorrido un camino similar. Y con gente que sufría en asuntos de amor y no entendía qué le pasaba.
Con el tiempo, se dejó de escuchar tanto sobre dependencia y toxicidad y empecé a ver cada vez más experiencias de gente que no sólo se recuperaba, sino que se animaba a hacer esa pequeña odisea humana de lograr a quererse a sí mismos sin echar mano de muletas afectivas de mala calidad. Esta travesía, atravesada de abstinencia, vacío y vértigo, también se recogió por aquí.
Tras tener un nene y publicar un libro entre medias, se sucedió una tercera etapa. El concepto de soltería voluntaria ya no sonaba a marcianada (o a tara sospechosa). Empezó a normalizarse – y a casi ser tendencia- lo de aprender a estar bien solos, cultivar un apego seguro, ejercer el autocuidado, identificar red flags, etcétera.
Se dibujaba una nueva fase: una fase donde había más gente trabajada que nunca, con más herramientas que nunca, más conocimientos que nunca…y, al parecer, con muy poco margen para llevarlos a la práctica.
Pues sí, señores. Después de haberse atravesado el desierto entero, haber hecho los deberes y salir al mercado con toda la actitud, sucede un fenómeno muy frecuente (y algo frustrante). Lejos de entrar en un universo paralelo lleno de personas sanas y emocionalmente disponibles que faciliten el asunto, resulta que lo que hay al otro lado es la misma gente de siempre y los mismos problemas de siempre.
Es más, puede que incluso suceda algo aún más frustrante: que sigas emparejándote con el mismo tipo de persona que se supone que ya habías dejado atrás en tu transformador despertar espiritual.
Pero la cosa puede ser todavía más compleja: que conozcas a personas que sí merecen la pena, pero te encuentres, con el tiempo, con las mismas sensaciones o perturbaciones que ya tenías de atrás. Esto vamos a verlo con un ejemplo:
Un cliente que consideraba haber superado un apego ansioso, me contó que empezó a salir con una chica. Esta chica, a su vez, también consideraba haber superado los traumas infantiles que habían marcado una preferencia por hombres emocionalmente ausentes.
Al principio, todo iba muy bien y como los dos habían hecho sus deberes tal y como manda el canon, pudieron hablar largo y tendido de la fantástica relación evolucionada, madura y consciente que ya estaban preparados para construir. Al cabo de un tiempo, apareció un primer conflicto y la chica reaccionó de forma desproporcionada. Él, respondió a la reacción desconectando emocionalmente de ella. Ella se sintió abandonada, como en sus relaciones anteriores. Él se ofendió al sentirse comparado con ex parejas y se desconectó aún más. Ella se inhibió. Él se sintió abandonado, como en sus relaciones anteriores y fue a buscarla para hablar. Finalmente, arreglaron lo suyo y la cosa se solucionó por un tiempo. Por lo menos hasta los siguientes tres o cuatro conflictos, que discurrieron más o menos por el mismo cauce. Finalmente, la relación se acabó rompiendo.
¿Cómo era posible que dos personas autoconscientes y con las mejores intenciones hubieran llegado a este punto? No es tan extraño. Hay algo que no suele decirse sobre el trabajo personal: que sirve para muchas cosas buenas y bonitas, pero no asegura en absoluto encontrar a alguien que merezca la pena. Tampoco asegura saber hacer las cosas bien en caso de encontrarlo. O que ni siquiera haciendo las cosas bien, funcione.
El amor y la vida no vienen con manual de instrucciones y aunque supiéramos cual es el paso correcto en todo momento, seguiría existiendo un factor X que se nos escapa. No ser capaces de asumir ese factor es lo que hace que cada tropiezo sentimental nos lleve al mismo punto, a la misma pregunta:
¿En qué estoy fallando?
Y justo aquí, muchas personas se regresan al proceso que ya dieron por concluido, a seguir trabajando no se sabe cuántas posibles cosas más pendientes de sanar.
Trabajarse es muy positivo. Una buena parte de este blog precisamente ofrece información y herramientas sobre ello. Además del blog, hay muchas otras posibilidades: tenemos terapias, eneagramas, constelaciones, teorías del apego, teorías del trauma, patrones y santos patrones. Y mil cosas más que nos ofrece esta amplia era de la sobreinformación. Trabajarse se está convirtiendo en el nuevo Netflix.
¿Cuál es el peligro de todo esto? Que acabemos convirtiendo lo de hacer procesos o trabajos introspectivos profundos en una fantasía de control donde alberguemos la falsa creencia que resolviendo todo lo que falla, evitaremos la vida y su implacable imperfección.
Algo así como una especie de síndrome del eterno estudiante en versión existencial.
Ante la lógica frustración que acaece cuando uno siente que ha hecho los deberes y no encuentra lo que busca, o se ve involucrado en situaciones que creía haber dejado atrás, podemos seguir insistiendo en buscarnos error sobre error, o podemos en cambio tomar una postura más filosófica y asumir que habrá errores (o variables fuera de control) y que si nos hemos trabajado tanto es precisamente para saber qué hacer con ello cuando se presenten. No para evitar que ocurran.
No merece la pena centralizarse eternamente en el fallo. No, tampoco hace falta buscar un mensaje trascendental en cada cosa que no sale como esperabas.
Que haya cosas que no cuajen o que no encuentres lo que buscas, no es señal de que el proceso no esté hecho: en todo caso es una buena oportunidad para preguntarse si ese proceso ha servido para hacer o pensar algo un poco distinto que antes. Aquí es donde podemos apreciar la progresión.
La gracia no es poner el videojuego a nivel fácil, sino ganar competencias para descomplicarnos cualquier nivel que nos encontremos.
El trabajo de los apegos, traumas y afectividades nos da un regalo invaluable: desarrollar nuestra capacidad de amar. Y como amar es una de las actividades más fantásticas que existen en la experiencia humana, puede que descubramos, en el ínterin que aunque no haya pareja, sí hay amigos, familiares y mascotas con las que poner en práctica todas esas cosas que estamos aprendiendo. ¿Para qué esperar a una persona concreta? En la vida cotidiana hay múltiples oportunidades para ir haciendo todo lo que hayas aprendido en tu periplo por el autodescubrimiento. Aprovecha los vínculos que ya existen en tu vida para ejercitar el músculo asertivo, tu capacidad de afrontar conflictos o mirar cara a cara los miedos que aún te resten.
A veces encontrar a alguien que merezca la pena es más casualidad que causalidad; y lo más sensato que podemos hacer, es relajarnos al respecto y consentir que en el nudo apretado de nuestras fantasías de control, se cuelen los hilos del azar.
Nos encontramos en pleno julio, una época ideal para disfrutar de esa plenitud que ya estamos construyendo. Aprovechad para descansar de los deberes y disfrutar de las sensaciones, los encuentros y las experiencias que os deparen los próximos tiempos.
Recordemos que además, la vida tiene la traviesa costumbre de acercarte lo que buscas cuando ya no te preocupas demasiado de ello. ¡Salud y feliz verano!
No pidas más, vive más. (Facundo Cabral)
Doy fe!! Es como eso de encontrar las llaves que habías perdido justo cuando ya habías desistido de buscarlas.
Me encantó leerte, de nuevo, en esta entrada. «La vida es lo que pasa mientras hacemos planes»… alguien dijo.
Un saludo!
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Yo las llaves las encuentro cuando estoy buscando algo totalmente distinto, lo que introduce una nueva y deliciosa variable a la teoría…
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Yo me he llegado a conocer tanto, y me ha costado tanto dar con gente afín a mí siempre, que he abandonado hacerme cualquier expectativa. Lo que no significa que si se cruza alguien con quien, tras tratarla, se viera esa afinidad mínima (principalmente en valores, aunque no solo) esté cerrado a tener algo más íntimo desde el punto de vista afectivo con alguien.
Hay mucha inmadurez vestida se diferentes formas por ahí…
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Coincidir en valores sin duda es importante, quizás lo más importante.
La pareja en general está viviendo una época muy compleja y diría que bastante confusa y contradictoria, que concuerda con un caos similar en otros ámbitos. A ver qué os cuento dentro de 20 años, sin duda será interesante de ver.
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A ver si seguimos por aquí para verlo y oirlo.
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Yo me veo para entonces escribiendo artículos sobre los problemas que te da tu pareja robot, no te digo más…
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Como lectora tuya desde 2014, me ha encantado repasar las etapas del blog, que son las de mi propia vida. Yo también tenía treinta y pocos cuando empecé el periplo del trabajo personal, y a la conclusión que he llegado es que es un aprendizaje que no termina nunca. Creo también que hay gente a la que no le funciona (o creen que no les funciona) porque lo viven desde el consumismo, es decir: ahora un curso, después una terapia, luego una constelación… Sin parar y sin darse tiempo de interiorizar. Es como hacer dos carreras y tres masters, pero no atreverse nunca a ejercer la profesión.
Curiosamente, a mi actual pareja la encontré cuando ya no tenía puesto el foco en el tema, y tras un trabajo personal donde descubrí que el verdadero objetivo no era encontrar al novio de turno sino aprender a tener relaciones equilibradas, así en general. Sigo teniendo tropiezos, desbordamientos, y errores varios, pero echando la vista atrás creo que el trabajo personal es muy útil y tiene un beneficio más allá del parejil.
Gracias por tu trabajo!
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Un colega me dijo hace poco que desde que era consciente, todo era agotador, porque donde antes pasaba de largo sin mirar, ahora tenía que pensar. Me pareció una descripción muy buena…
Es verdad que llega un momento en que uno atisba vagamente que la cosa no va de aprender a saber estar en tu vida, con todo lo que eso implica, tanto grandes éxitos como canciones de la cara B.
Tan simple, tan complicado al mismo tiempo.
Abrazos!
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Hacia tiempo que no pasaba por aquí, y como siempre, tu reflexión me ha llegado.
Estoy en un momento de paz, de serenidad personal, de no pedir o no esperar nada de la vida. Si me he hecho más consciente de mí y me siento bien.
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Pues estás en una época muy buena, de las mejores que puede tener el ser humano a nivel interno. Enhorabuena por ello!
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Hola Cristina. Esta vez me pillas fuera de juego, ya que, por suerte, mi vida emocional empezo en el instituto con 16 años, tenia una compañera de pupitre con la que me llevaba genial, empezamos a salir, pasaron los años y nos emancipamos, siguieron pasando los años y tuvimos dos niños preciosos, y ahora, a los 60 tacos, tenemos 2 nietas preciosas. Altibajos??? Siiiii pero con un denominador comun: queriamos estar juntos. Y aqui estamos, sin sindrome de nido vacio, ni nada de eso. Nos conocemos perfectamente y no surgen conflictos de ningun tipo, ni siquiera el de si vamos al mar o a la montaña. Nos subimos en la Harley y a donde nos lleve. Pero realmente me ha interesado mucho este articulo, ya que has tocado temas que nunca he experimenado y muchas veces me he preguntado. ¿porque resulta tan dificil compartir la vida con otra persona? No lo se….Tambien te digo, a mis años, si por lo que fuera no estuviera con mi pareja, tengo claro que no querria compartir vida con nadie. Y me quedo con la frase « amar es una de las actividades más fantásticas que existen en la experiencia humana«, que si no fuera porque duele mucho, me la tatuaria. Un placer leerte, como siempre. Un abrazo Cristina. Edu.
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Hola Edu,
Muchas gracias por compartir tu historia. Imaginaos en la Harley viendo pasar el paisaje, juntos con esa complicidad largamente construida, me ha sacado una sonrisa. En mi generación las relaciones «para toda la vida» ya son casi una rareza; somos adultos que nos emparejamos sin inocencia y con mochila, con proyectos rotos a nuestras espaldas y a veces, con tanto miedo que preferimos quedarmos en el puerto antes de que llegue el barco. Amar (en tiempos revueltos) requiere mucha valentía y quizás recuperar un poco de esa naturalidad y limpieza de espíritu que podía respirarse en un amor entre pupitres. Creo que la clave es eso que comentas: «queríamos estar juntos». Es un santo y seña que funciona igual a los 16 que a los 60 (o a los 46, que son los míos!).
Un abrazo grande!
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¡Qué gran post! Suscribo todo lo que dices Cristina. Sólo me ha quedado una dudilla. En todo el texto parece que esté sobrevolando la idea que no se puede controlar todo, que hay que aceptar que a pesar que hayamos aprendido cosas en el camino, siempre habrá cosas fuera de nuestro control y para lo que aún no tenemos herramientas o sencillamente, pasan sin saber por qué. Y qué tampoco hay que martirizarse por ello, a veces está bien disfrutar las relaciones tal cual vengan. Entonces la frase de: A veces encontrar a alguien que merezca la pena es más causalidad que casualidad. Precisamente yo diría al revés, no? Por mucho que te trabajes y busques bien, no siempre atraes esas cosas en tu vida, al revés; el azar y la casualidad muchas veces imperan. Gracias de nuevo por el post y feliz verano!
Anna
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Hola Anna, pues tienes toda la razón, está puesto al revés. Pero es un errata mía, que cambio ahora, el sentido del artículo efectivamente es lo que comentas. Feliz verano para ti también!
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