Retirarse antes de jugar: la inseguridad ante el amor

Publicado: septiembre 22, 2014 de cristinalago en Cómo encontrar el amor
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miedo amor

Ante los demás eres alguien sociable, abierto y extrovertido. Tienes una vida que te satisface, eres independiente y además, gustas a otras personas. Pero, a la hora de establecer vínculos íntimos, te bloqueas, te llenas de miedos y te alejas. ¿Cómo trabajar tu inseguridad para mejorar tus relaciones?

Todos tenemos inseguridades. En la adolescencia, periodo de eclosión en el que nos debatimos entre el territorio infantil y la terrorífica zona X de la vida adulta, empezamos a vivenciar nuestras primeras experiencias en la intimidad con personas ajenas al entorno de la familia. Con tan poco rodaje y un autoconocimiento aún en pañales, estamos en el periodo de aprendizaje más intenso de nuestras vidas. Todo se vive por primera vez, todo resulta extraño, a veces terrible, a veces increíble.

¿El objetivo? Probar, aprender, ir superando los retos de las primeras veces y llegar a la etapa adulta con mayor seguridad a la hora de vincularse.

¿El problema? En ocasiones, nos quedamos estancandos en una adolescencia emocional durante muchos años después de que la edad para vivirlo haya terminado.

Si evitas la intimidad, o abrirte de verdad a otra persona provoca en ti ganas de salir corriendo hasta el punto más equidistante del planeta, cuando el relacionarte de forma más profunda evoca inseguridades terribles y conductas evasivas, hazte una sola pregunta: ¿haciendo lo que estás haciendo ha habido algún cambio positivo en tu vida?

Si la respuesta es no, ha llegado el momento de probar algo distinto.

Identifica el punto justo en el que, conociendo a alguien, empiezas a sentir inseguridad, dudas, deseos de huir o simplemente a sentirte mal.

En esos instantes, tu cerebro está poniendo a funcionar un patrón habitual con el que se siente a salvo y lo hace mediante los pensamientos de autoboicot: no soy atractivo/a, si me conocen más les daré asco, no soy suficiemente inteligente o divertido, no valgo la pena, etcétera…

Te propongo un utilísimo ejercicio: no te identifiques con estos pensamientos. Obsérvalos como si proviniesen desde un ente externo. Ponle un cuerpo e incluso una voz. Imagina que es otra persona quien te está diciendo todo esto y dale una respuesta. ¿Qué le dirías? ¿Estarías de acuedo con esta persona que te dice que no eres válido, que no eres interesante, o que nadie puede quererte tal y como eres?

En este punto en el que quisieras retirarte del vínculo que estás haciendo, prueba a vencer esa pequeña barrera e ir un poco más adelante de lo habitual. No hace falta que salgas de golpe y porrazo de tu zona de confort: limítate a asomar la mano. ¿Cómo puedes hacerlo? Por ejemplo, explicando a esta personas que te cuesta abrirte a los demás y que estás trabajando en ello, pero que de momento, no puedes ir más allá.

Muchas personas agradecerán tu sinceridad y tú estarás aportándole a tu autoestima un buen chute de autoaceptación. La cuestión no es que no tengas tus miedos y neurosis, sino que aprendas a reconciliarte con ellos, en lugar de reprimirlos o intentar adaptarte a un modo de ser que no se corresponde contigo. Y que además no tiene porqué ser mejor que tú.

Como beneficio extra, estás abriéndote a los demás desde una posición menos arriesgada, pero que te permite un margen de flexibilidad en el que es posible avanzar.

Cuando las inseguridades nos paralizan e impiden desarrollarnos de forma plena y satisfactoria en el ámbito afectivo, es conveniente hacer una introspección profunda. Muchas personas que se relacionan desde el miedo, han vivido una infancia en la que han tenido que aprender a no necesitar el afecto de unos progenitores distantes, ausentes, indiferentes o bien no disponibles emocionalmente. Pero la desconexión emocional, la negación de las necesidades afectivas, no acaba con el natural deseo humano de querer y ser querido. Y en esa guerra constante entre el impulso de amar y el impulso de escapar del amor, sólo hay una víctima real: tú.

Sé consciente de aquello que temes y de tus límites. No te avergüences. No establezcas comparaciones: todos tenemos miedos, heridas y estamos, como tú, aprendiendo, avanzando e intentando cruzar pequeños límites cada día.

Concéntrate en lo que tú eres hoy y asume que en este momento de tu vida tienes a tu alcance unas posibilidades y estás evolucionando para ir abriéndote a muchas más. Yo soy yo y por ahora, llego hasta aquí. Mañana, llegaré un poco más lejos.

Twittéame en https://twitter.com/CrisMalago

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comentarios
  1. Ana dice:

    Hola cristina. Acabo de leer lo que has escrito y se me han saltado hasta las lágrimas. Esto es exactamente lo que me pasa a mi. No has sabido describirlo mejor.

    Después de tres relaciones fallidas por mis miedos e inseguridades, he decidido ponerme a trabajar con una terapeuta.

    Me parece muy acertado compartir lo que te pasa con tu pareja, yo con mis dos primeras no lo hice porque no sabía que me pasaba, pero si con la tercera, así entiende un poco más tus actitudes.

    Cuando me entran los miedos y las inseguridades, que cuanto más se vaya alargando la relación en el tiempo más se me acentúa, empiezo a tratar a la otra persona con mal humor, todo me molesta, me irrita, la cabeza se me descontrola, un sin vivir para ambos. Es más me descontrolo tanto que ya apenas me relajo ni para tener acercamiento con esa persona. Soy un bloque.

    Un saludo y gracias por leerme. Ahí estoy en un trabajo intensivo conmigo misma.

    • cristinalago dice:

      ¡Hola Ana!

      El paso de hablarlo con la pareja -o con otras personas en general- es muy importante, pues precisamente al tener este tipo de miedos, nos alejamos y dejamos las relaciones en terrenos superficiales en los que nos podemos manejar.

      Expresarse significa abrir una pequeña puerta a la intimidad, a hacer los vínculos uno poco más profundos, que genera feedbacks más enriquecedores tanto con los demás como con nosotros.

      Una opción muy bonita y asequible, es “practicar” con seres queridos y amigos de confianza, probando a expresarse tal cual uno siente.

      Te deseo lo mejor con ese trabajo personal 🙂

      Un abrazo fuerte

      • Ana dice:

        Me he sentido muy identificada con la lectura del TOC, hace años que siento que lo tengo, es más lo he hablado continuamente con amigos. Estoy continuamente buscando defectos y boicoteando ls relación para que me dejen porque pienso que tarde o temprano lo van a hacer ya que no voy a poder mantener el listón siempre alto.

        Continuamente estoy exigiéndome. Pienso que mi mayor enemiga soy yo misma. Si tienes lecturas o consejos prácticos que me pudieses recomendar te lo agradecería. No se puede vivir en pareja analizando continuamente cada detalle de la relación y pensando en salir de ella continuamente.

        He dado con esta página esta mañana y estoy encantada con el descubrimiento.

        Muchas gracias Cristina y nuevamente enhorabuena por la página

      • cristinalago dice:

        En primer lugar te recomiendo un libro que es una auténtica joya, “El arte de amar” de Erich Fromm. Trata sobre toda manera de amar sana y neurótica que existe, sus causas y sus consecuencias. Esta es la teoría. La segunda parte del libro, trata sobre cómo aprender a amar en la práctica.

        Hablaré más extendido sobre ello en un artículo, pero en mi opinión, lo que más ayuda es establecer pequeños compromisos con uno mismo en el día a día. La ansiedad tiene mucho que ver con proyectar al futuro y el futuro no existe. Por tanto, centrarse en el presente es esencial en todos los ámbitos: por ejemplo, proponte que mañana, cuando te levantes y sólo durante ese día, vas a comprometerte con determinado trabajo, determinada relación o determinada pasión personal. Al día siguiente, comprométete dos días. A los dos días, comprométete una semana. Y así, poco a poco, sin forzar.

        El hacer algo porque lo disfrutas realmente en el momento y no porque sea tal cosa o tal otra en el futuro, es totalmente terapéutico. Porque al disfrutarlo, sea o no sea perfecto, ya le hallas todo su sentido.

        Abrazos!

  2. Eldhy Diaz Suarez dice:

    Que buen post! A veces siempre pensé en lo escribo y creo que tengo mucha ansiedad y debo sanar muchas heridas.. Si te sientes así como dice es importante intentar la que dice, nada se pierde.

  3. José dice:

    Muy buen post, Cristina. Mi ex tiene todas las características descritas. Está trabajando fuerte con su terapeuta. Yo siento que estoy haciendo mejor las cosas ahora que antes, cuando me sentaba cómodamente en una posición intransigente.

    Cuando rompimos sentí mucho dolor, pero también aprendí a mirar las cosas con más flexibilidad y otras perspectivas.

    Hoy quiero volver a intentarlo con ella. Siento que hay amor de ambas partes, pero ella está renuente al compromiso y a la intimidad, aunque de a poco parece ir cediendo.

    En algún momento quise que nos soltáramos del todo. Se lo propuse y se puso muy mal. Me quedé. Con amor y con paciencia. Trato de comprender, pero a su vez hay momentos en que se me agota la paciencia y me alejo.

    Siento que me ama. Su entorno así me lo confirma. Aunque no se si deba presionarla de alguna manera (¿tal vez alejándome más?) para que se defina. Le dije que lo suyo podía ser simple apego o comodidad. Me responde que no, que no tiene apego.

    Finalmente no se como terminarán las cosas.

    Quiero ayudarla, pero es su lucha. Y son sus tiempos. Y no se si aguantaré.

    Gracias por leerme, Cristina. Agradecería algunas palabras tuyas referidas al tema.

    • cristinalago dice:

      ¡Hola José!

      En realidad, el artículo está referido más bien a personas que no inician una relación precisamente por estos miedos y cortapisas, pero por lo que entendí en tu comentario, si ha llegado a existir relación de pareja, aun con los problemas citados. Lo que significa que hubo un tiempo en que lo que sentía era suficientemente fuerte como para salir de las barreras y mojarse. De modo que por los hechos que están a la vista, a día de hoy lo que sienta no es lo que sintió entonces.

      Tengo en las sesiones varias personas que trabajan su miedo a establecer vínculos afectivos para poder estar bien con su pareja y no tener que llegar al punto de romper la relación. La terapia no es incompatible con mantener la pareja, sobre todo si supuestamente está enfocada a este objetivo.

      La situación comprendo que es compleja y delicada, pero sinceramente cuando se ve que hechos y palabras no concuerdan, hay información que te estás perdiendo porque no está existiendo una honestidad, por tanto yo cogería con pinzas lo que te cuente ella o el entorno y abriría los ojos a lo que indican los actos. Y sobre todo, no insitir nunca en que alguien esté contigo. Si hay que insitir, algo muy grande está fallando, que es lo esencial: las ganas de estar, compartir, de crecer a dúo y de resolver los problemas que haya, juntos. Sin nada de esto, existe una pareja. Lo que hay en su lugar es una interacción utilitaria en la que uno da y el otro se limita a recibir.

      Abrazos y ánimo

  4. nolowe dice:

    Hola Cristina,

    Gracias por toda tu pagina, ayuda y mucho.

    A mi me pas algo así, y realmente esta siendo muy duro para mi.
    Soy una chica de 42 años, con vida social, muy guapa, extrovertida, deportista, con mi propia empresa…aparentemente una persona normal y que todo el mundo me elogia, solo que me cuesta mucho encontrar pareja y eso me hunde.

    He salido con muchos hombres, relaciones de cortas a medio largas. Mi relación mas larga ha sido de tres años.

    Soy una persona exigente en el amor, lo que me ocurre es que me enamoro rápido porque necesito el cariño, y cuando el tipo de hombre que me gusta ( inteligente, con buen estatus, seguro de si mismo…)empiezo a salir con el, me entra el miedo que no soy lo suficiente para el. Empiezo a depender de el, en cuanto a que espero que el me busque y sea importante para el, y lo habitual es que esto no pase, me empiece a hundir y a frustrar porque siempre me pasa lo mismo y todo se rompe.

    Solo al principio, en los dos primeros meses que me mantengo como soy es cuando ellos están detrás. Luego como que da la vuelta a la tortilla, y aunque no les agobio porque mi forma de ser es mantener distancia para que no parezca que estoy pendiente. Es horrible.
    La ultima persona, un hombre que desde lejos sabia que no me convenía ( recién divorciado, elan mujeriego etc), empiezo con el, parece que el se pilla mucho, y cuanto me voy de viaje de trabajo por unas semanas, si no le busco yo, el no lo hace…me sigue mandando mensajes bonitos pero todo se enfría, ya no se como actuar, y finalmente el se ha ido. Y estoy mal porque otra vez vuelve lo mismo.

    Tengo ya 42 y aunque mis últimos 10 años han sido de viajar mucho y una vida muy activa, siempre vuelvo a lo mismo.

    De verdad que me siento la peor persona y es doloroso ver como la mayoría de personas ya han tenido relaciones muy estables, hayan funcionado o no, y la mía mas larga no hay superado los tres años, después de tener muchas.

    Gracias por darme tu punto de vista. Se que cada persona es un mundo, pero creo que hay patrones así, sobre todo en mujeres no?

    • cristinalago dice:

      Hola nolowe,

      Lo que te sucede es un tema que afecta a muchas personas, hasta el punto en que acabé escribiendo un artículo al respecto: Conquistar no significa convencer.

      El origen de lo que te sucede es una mezcla entre baja autoestima y un criterio sentimental pobre que coindice con el mismo tipo de personas con las que te encuentras. Estos hombres con los que conectas tienen algo en común contigo: que sólo se fijan en la fachada.

      Te recomiendo un pequeño truco que funciona bien, simplemente para probar un camino diferente: descarta a los conquistadores, a los que dan mucho sin conocerte nada, a los que se pillan de ti antes de saber siquiera quién eres por dentro, en definitiva, a los que se enamoran de una chica atractiva, exitosa, inteligente y aparentemente segura de sí misma, y no de una mujer que debajo de todo eso necesita cariño y tiene miedo a mostrarse tal y como es. Porque como he dicho alguna vez, el amor sólo surge cuando caen las máscaras, las distancias, las estrategias y las conquistas y surgen las verdaderas personas.

      No te garantizo éxitos desde el día uno, pero te aseguro que desde este punto de vista, te va a ayudar mucho a ver todo desde un enfoque mucho más rico y a poder acceder a un nivel de relaciones más auténtico e interesante.

      Mi madre, que es una estupenda coach sin saberlo, tenía una frase que siempre me repetía: “Elige a un hombre bueno”. Tardé muchos años de mi vida en entender cabalmente el significado de ese consejo. Ahora sé que no se refería a un hombre bobo, blando o sumiso, sino a un hombre profundo, verdadero e íntegro. Ahí queda eso 😉

      Un apunte: si conoces parejas que tienen relaciones que admires o como las que te gustaría tener, simplemente pregúntales cómo empezó todo y cómo se conocieron, porqué están juntos y qué admiran el uno del otro. Cuando aún no se conoce cómo se puede conseguir algo, lo mejor es empezar por aprender la teoría.

      Abrazotes!

      • nolowe dice:

        Gracias Cristina,

        Si tienes razón, aunque muchas veces me sorprenda que tenga tantas luces para unas cosas y tan tan pocas cuando implica sentimientos…es así, últimamente de hecho y ya ves con la edad que tengo, es cuando me empiezo a dar cuenta que el problema es el tipo de hombre con el que me intento mezclar. Me gusta tu punto de vista, no era capaz de verlo así.
        Por la vida tan independiente, siempre he optado por parejas difíciles de conseguir o estar, por la distancia, por su situación etc y es de los pocos momentos ahora que tengo de lucidez sobre ello.
        Trabajaré en esto.
        La gente tiene miedo a estar solo, y realmente cuando estas solo y estas bien es de los mejores momentos. Aunque se eche de menos alguien al lado, es lo menos, aprender a disfrutar de todas las cosas, a centrarte en tu trabajo y en tus proyectos.

        Un beso y gracias.

  5. Confusio dice:

    Cristina, aún no he acabado de leer tu página, pero he leído buena parte de las entradas.

    Tengo normalmente la autoestima baja y el ánimo depresivo, y yo me considero un evitativo con tendencia a la dependencia emocional. Soy una persona infantil, y durante mi etapa universitaria encadené varios amores imaginarios – https://locosdeamor.org/2014/07/24/crear-espejismos-los-amores-imaginarios/ – Me autodespreciaba por no ser capaz de pretender activamente a esas chicas a las que idealicé en silencio, y me pasaba las noches llorando. Después he pretendido activamente a cinco chicas que conocía, pero viéndome desesperado y ansioso, optaron por rechazarme, aunque en dos casos habían accedido inicialmente – https://locosdeamor.org/2014/08/14/conquistar-no-significa-convencer/.
    A día de hoy estoy deprimido y no consigo llorar, no sé si estoy pasando por eso que llaman desconexión emocional.

    Hace cuatro años conocí una chica que padecía Trastorno Límite de Personalidad, estuvimos quedando tres meses, y lo único que sentí por ella fue algo de afecto, pero debido a sus reiterados desprecios y cambios de humor, hice el Houdini con ella. Ella tampoco intentó contactar conmigo tras mi deserción.

    Desde primeros de este año he estado quedando con una chica que padecía una depresión psicótica [luego supe que era esquizoafectiva]. Desde marzo he vivido esta relación, que objetivamente ha sido de amistad – https://locosdeamor.org/2015/12/05/yo-no-quiero-ser-tu-amigo/ – como si fuéramos una pareja, un periodo en el que quedábamos hasta seis días por semana, y nos pasábamos el tiempo que no estábamos juntos hablando por WhattsApp y haciendo planes para los días y semanas siguientes. Ha sido lo más estimulante emocionalmente que he vivido en mi vida. No tengo experiencia afectiva real en el ámbito de la pareja, y globalmente estoy cerca del vacío existencial y eso ha pesado mucho a la hora de engancharme a esta pseudorelación. Ella pasaba buena parte del tiempo que estábamos juntos hablando de su vida, en general con tono quejumbroso, y despotricando de los hombres – sus exparejas – que se habían portado pésimamente con ella. Ella se desahogaba emocionalmente conmigo, y hallaba apoyo casi incondicional en mí y decía que yo era su psicólogo – digo casi, porque en ocasiones acababa saturado con tanta amargura, tristeza y rencor, y me iba a mi casa apesadumbrado, sin ganas de volver a una nueva sesión de lamentos y quejas y quedaba con ella desanimado, lo que se reflejaba en mi actitud -.

    La primera vez que lo propuse que fuéramos más que amigos, a finales de febrero, me respondió – creo que su actitud fue de satisfacción – que si ella se sentía atraída por alguien se le tiraba al cuello. Pensé que era mejor que nos distanciáramos, pero ella siguió contactando conmigo, y no fui capaz de decirle que puesto que no íbamos a ser más que amigos, era mejor que no nos viéramos, pues me generaba mucha confusión y malestar. Al mismo tiempo pensé que no debía preocuparme por continuar quedando con ella, que yo sabría mantener la relación de amistad bien limitada. Evidentemente, me autoengañaba.

    Desde entonces continuamos quedando y hablando como hasta la fecha. Ella, aunque el tema preferido de conversación era sí misma y sus problemas, me preguntaba ocasionalmente por mi vida anterior, y yo, avergonzado de no haber tenido pareja, ni relaciones sexuales, respondía con evasivas. Ella – después lo acabé comprobando – comenzó a desconfiar de mí, y un día me acusó de que estaba muy cerrado y que no le explicaba nada de su vida, y que por tanto, consideraba que no debía ella explicarme nada más de la suya. Comencé a abrirme a ella – como se explica en este post – pero, a pesar de que le dije que estaba visitando un terapeuta desde primero de mayo para trabajar en mis problemas de comunicación emocional, a ella no le satisfizo. Parecía que yo llegaba demasiado tarde, y ella hubiera perdido el poco interés que pudiera haber tenido en mí, pero al mismo tiempo nos continuábamos viendo.

    Ella continuabamente hablaba de sus inseguridades, de cuantas veces la habían maltratado, engañado, sido infiel, de problemas de autoimagen. Que los hombres sólo querían “dominarla o follársela”, que los hombres no sabían hacerla sentirse especial.

    Yo recogía toda esa información, y llegaba a la conclusión de que el problema no era que yo no le gustase, sino que – como ella misma aseguraba – ella “tenía un trauma”, y ese motivo, problemas internos suyos, y no tanto defectos míos – que es evidente que pesan, y mucho – era la raíz de su rechazo contra mí.

    Yo le hice saber que fantaseaba tener una relación con ella, que yo caía continuamente en el amor platónico y ella me dijo que abandonase esas pretensiones. En otra ocasión le dije que me gustaba. Ella me respondió que era un pesado, pero como en febrero, pareció divertida y satisfecha – imagino que yo estaba alimentando su ego – y al día siguiente me volvió a proponer que podríamos montar una empresa juntos. Yo no entendía nada – si no confiaba en mí, si no le gustaba ¿cómo iniciar un proyecto empresarial juntos, algo que nos ligaba con tanta fuerza?

    Continué quedando con ella, cada vez, puesto que así lo prefirió ella, más espaciadamente, y en este paso de quedar cuatro o cinco días a la semana, a vernos solo los fines de semana, yo sentí que la perdía definitivamente; me comporté patéticamente y le confesé que jamás había tenido relaciones sexuales. Ella interpretó que le mentía, luego me respondió que no pensaba “solucionarme el problema”, y que estaba poniéndola nerviosa. Aún así continuamos viéndonos, pero la última vez me acusó de ser un psicópata y ya no quiere quedar conmigo. Ese mismo fin de semana en que me acusó de psicopatía, dijo que ella, que se sentía una mierda que quería morir, lo que deseaba era encontrar a alguien que la hiciera elevarse – emocionalmente – aunque luego la dejase caer, porque sentir ese subidón emocional la hacía sentirse viva, como lo había sabido hacer un exnovio suyo – al que continuamente se refería – que parece que padecía un trastorno bipolar y que acabó dejándola por otra.

    A día de hoy no mantenemos contacto directo, aunque tenemos varios amigos en común, y hemos coincidido un par de veces en el último mes.

    Yo me he sentido desfallecer, y creo que estoy pasando por el síndrome de abstinencia. Es cierto que no hemos tenido una relación, pero yo la he vivido como si lo fuera, una pseudorelación, o como se denomine. Los meses pasados los he vivido con una enorme ansiedad, con una mezcla de anhelo por estar con la persona deseada y miedo por el reiterado rechazo. Yo me atreví a calificar la relación como de amor/miedo, pensando que ella podía sentir lo mismo que yo, que estuviera – más aún que yo – dominada por el miedo. A día de hoy no sé que pensar.

    He leído mucho su blog, y sé que he de llenar mi vida y recuperar mi autoestima. No sé si es preciso pasar por un duelo, pero yo creo estar viviendo esta situación como si una persona con autoestima normal pasara por un divorcio tras una relación de veinte años.

    No creo que deba seguir evitando relacionarme por miedo, pero al mismo tiempo, considero que si tengo alguna relación, acabará siendo patológica, por lo que he de hacer mucho trabajo previo, y al tiempo, me hallo más cómodo en una postura de evitador, aunque ello me procure la infelicidad perpetua.

    Solo sé que tengo mucho miedo, miedo a ser yo y a que me rechacen, miedo a la dependencia, miedo a amar a medias, o amar patológicamente, miedo a volverla a ver y a sentir que se me remueve el tiempo pasado, lo que pudo ser y no fue, miedo a mi capacidad de fantasear y a mi tendencia a la evitación. En definitiva, miedo a vivir y a sufrir, aunque el sufrimiento sea parte de la experiencia humana. Lo que yo quería era ser amado para ser salvado de mis miedos, pero sé – racionalmente lo sé, pero emocionalmente no lo siento – que desde el miedo no se puede pretender amar ni ser amado.

    A veces creo que solo puedo aspirar a un amor patológico no demasiado tóxico.

    PD: repaso el post y hay demasiados detalles personales de la vida de otra persona, pero no creo que nadie pueda reconocerla. Mi psicólogo dice que hablo demasiado de ella y poco de mí; es cierto, pero también creo que ella ha sido mi espejo durante estos meses.

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